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Territorio kurdo 29/10/2010 – 4/11/2010   15 comments

Tras abandonar Göreme, nos dirigimos hacia el este de Turquía, donde habita mayoritariamente el pueblo kurdo, fuertemente diferenciado del resto de turcos tanto en su cultura como en su lengua (aparte de otras “pequeñas” diferencias de carácter político en las que no vamos a entrar…). Justo cuando ya dominábamos el idioma, van y nos lo cambian. No hay derecho.

Nuestra primera parada fue Sanliurfa, ciudad en la que, al parecer, vivió Abraham hace unos 4 milenios, año arriba, año abajo. Cuenta la leyenda que fue condenado a ser quemado por hacer no sé qué cosa bíblica y que fue salvado in extremis por Dios al convertir el fuego en agua y las brasas en peces. Queda el parque conmemorativo con sus peces sagrados y todo:

En Sanliurfa nos alojamos en casa de una familia que se esforzó en demostrarnos la hospitalidad de la que los kurdos tanto presumen. Lo cierto es que cada noche nos sentábamos todos juntos a la mesa, huéspedes y familia, para devorar la comida casera que nos preparaba la señora. Aunque también un momento tenso cuando Rafa, bromeando, llamó mentiroso al pater familias por una chorrada. De repente el hombre se dejó de reír y empezó a mirar a Rafa con cara de cabreo. Luego se le pasó: ¡different culture, different culture! repetía el tipo…

Los habitantes de Sanliurfa son unos cachondos. Allá por el año 1973, la ciudad vecina se cambió el nombre de Antep por Gaziantep, que viene a significar “la gloriosa Antep”. Por esa época, Sanliurfa sólo se llamaba Urfa, así que se picaron y montaron un lobby de presión en toda regla hasta que, en 1984, la ciudad pasó a llamarse Sanliurfa o “la gloriosa Urfa”. Y así se han quedado.

En su día prometimos a mucha gente visitar Gaziantep y Karamanmaras (“la oscura Maras”, también con pique de por medio) para degustar sus famosos pistachos y helado chicloso, respectivamente. No ha podido ser, aunque la globalización todo lo puede y en Sanliurfa hemos  podido probar ambas cosas:

Típicos niños sanliurfenses:

Como toda ciudad turca que se precie, Sanliurfa tiene su bazar. Allí encontramos desde los típicos vendedores de especias a un extraño bar-palomar, donde la gente se tomaba su té mientras cerca de 50 palomas revoloteaban a su alrededor. Seguro que no pasa un control de sanidad (aunque con nuestra nueva y flamante ministra, nunca se sabe):

Por ser un país islámico, le dan poco a la cerveza y más a los zumos:

Turquía no es país para vegetarianos:

Cerca de Sanliurfa se encuentra el pueblo de Harran, con sus famosas casas colmena. A diferencia de la Lonely Planet, nosotros no recomendamos en absoluto su visita. Prometían ruinas milenarias (por lo visto Abraham hizo de las suyas por aquí) y nos encontramos con un poblado chabolista y cuatro piedras mal puestas.

Lo que sí recomendamos, y mucho, es la visita al pueblo de Mardin, en la ladera de una montaña cercana a la frontera con Siria. Allí nos encontramos con José y Raquel, unos profesores del Instituto Cervantes de Estambul que habían llegado la noche anterior y que habíamos conocido en Sanliurfa. Al final acabamos todos invitados a comer en la azotea de la casa de un lugareño, con unas impresionantes vistas a las llanuras de Mesopotamia:

Dos vistas del pueblo de Mardin, por el día y por la noche:

Por cierto, ¿recordáis lo que pusimos hace dos posts acerca del “maravilloso mundo de los hostales”? Pues no fue en Mardin. Ni en la ciudad siguiente, Van. ¡Vaya hoteles más infectos! Echamos de menos los sitios turísticos y los baños algo más elaborados que un simple agujero en el suelo…

Ya en Van, desde donde escribimos este post, decidimos pasar un par de noches para ver su famoso lago (con monstruo del lago incluido) y el cercano castillo de Hösap. El lago, aunque inmenso, no vale demasiado. El castillo, al lado de una parada de camiones, es una pasada:

No podemos despedirnos de Turquía sin mencionar al omnipresente Atatürk (padre y modernizador de la actual república turca), cuya retrato en tamaño XXXL nos persiguió allá donde fuéramos:

El recorrido hasta ahora:

Próximamente, el país de al lado (aunque probablemente sea en diferido hacia el 23 de noviembre, cuando salgamos). Esta noche, tren nocturno a Tabriz.

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Publicado 4 noviembre, 2010 por encualquierotraparte en Turquía

De gravas, pedruscos y cavernas 24-28/10/2010   13 comments

Después de once horas de bus nocturno del infierno, nos plantamos en Göreme, un pueblecillo de Capadocia (justo en medio de Turquía) famoso por las evocadoras formas de los múltiples pedruscos de sus alrededores.

Tras una larga y dura reflexión, hemos elegido las siguientes fotos como ejemplos ilustrativos de estas peculiares formaciones rocosas:

En esta zona, los arquitectos no se comían demasiado la cabeza y aprovechaban cualquier pedazo de roca para construirse dentro una casa, una iglesia o un castillo en lo alto de la montaña.

En el siguiente terreno, pendiente de alguna firmita para ser recalificado, vemos un claro potencial para levantar un resort con campo de golf, pistas de pádel y una promoción de chalets unifamiliares con piscina en cada pedrusco:

Aquí quedaría bien el hoyo 16:

Ahora en serio, algunos de los habitantes de Göreme continúan viviendo en construcciones de este tipo, aunque poco a poco las van abandonando y transformando en hoteles para turistas (nosotros no quisimos contribuir a que se abandonen las costumbres locales, así que decidimos alojarnos en un hostal con piscina. Todo sea por una buena causa).

Impresiona ver cómo consiguieron excavar, vaciar y transformar la roca en iglesias bizantinas como éstas:

La zona tiene mucho para ofrecer, así que decidimos alquilarnos una scooter para explorar los alrededores. Gracias a ello descubrimos que las motos no frenan bien con la grava de las carreteras. De hecho, tienden a caerse al suelo.

En los 3 primeros kms. ya sufrimos el primer accidente. Sin embargo, no nos amedrentamos y continuamos ruta hacia lo desconocido. Por supuesto, nos metimos una segunda piña. Debe de ser cierto eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma… grava (os dejamos que adivinéis quién de los dos conducía. No es una pregunta muy difícil).

Resultado del día: visita de la ciudad excavada de Kaymakli (¡8 pisos bajo tierra! como el que se puede ver en la foto de debajo), dos retrovisores rotos (uno por culpa de Rafa, que decidió que con uno no era suficiente), un pequeño agujero en el abrigo y otro pequeño agujero en un codo:

Pero bueno, la jornada no terminó mal: solucionamos el asunto de los retrovisores por un precio módico, Álvaro supo que finalmente no perdería el brazo y, lo mejor, Reece y Cecilia, una pareja de australianos que nos contó historias para no dormir acerca de tiburones, serpientes venenosas, koalas y otros temibles bichos aussies…

Próximamente, el Kurdistán turco. Un abrazo para todos!

Publicado 1 noviembre, 2010 por encualquierotraparte en Turquía

Asia a un lado, al otro Europa… (20-24/10/2010)   11 comments

… y allá a su frente, Estambul. O Bizancio. O Constantinopla… Una bulliciosa y fascinante ciudad, encrucijada entre dos continentes y testigo del auge y caída de numerosos imperios.

Esta vez no contábamos con anfitriones que nos cuidasen, así que pudimos introducirnos en el fantástico mundo de los hostales, esos lugares donde uno no para de conocer personajillos variados de lo más pintoresco. Por ejemplo, un australiano que, después de un mes en la ciudad, aún no había visitado la Mezquita Azul (ni pretendía hacerlo) por considerarla demasiado turística. Cuando no estaba de fiesta, se dedicaba a sestear resacoso en el sofá comunitario. Eso sí, era un tipo muy popular. Es un alivio no ser tan molón como él, o nos hubiéramos perdido cosas como ésta:

Por muy alternativo que se sea, uno tampoco puede perderse Santa Sofía:

El mejor modo de moverse por la ciudad es el ferry, ya que permite comer un kebab de caballa en cada parada. ¿Dónde se encuentra un kebab de caballa en Madrid? ¿En Mar de Cristal? ¿En Somosaguas?:

Esperemos que no lo haya pescado alguno de estos señores que día tras día se pueden encontrar lanzando sus cañas en cualquier punto del contaminadísimo Bósforo:

Qué mejor que reponer fuerzas tomando un café turco, de esos que si te descuidas te bebes el poso del fondo y te fastidia el último trago. Entre partida y partida de ¿dominó turco?, los parroquianos flipaban, ¿por qué le estarán haciendo una foto a una taza de café?

Los turcos también le pegan bastante al té, a la guindilla y a la Efes Pilsen. Como tiempo es lo único que nos sobra, no desaprovechamos ninguna ocasión para adoptar las costumbres locales:

Se recomienda no visitar Estambul en domingos y fiestas de guardar:

Por cierto, Rafa asegura no haber leído el cartel:

Por supuesto, 5 días en Estambul dieron para mucho más: finlandeses que pasan sus vacaciones en Irak, las risas que nos echamos en el hostal con gentes diversas, salir de fiesta por Istiklal Caddesi, encontrarse un garito en el que la gente baila a lo turco lo que canta un bigotudo con ukelele, coincidir en la habitación con estonios con mala hostia que duermen 14 horas diarias y se cabrean si te suena la alarma a las 10:00 am… Pero bueno, eso y más en tertulias a la vuelta. En los mejores bares.

Próximamente, los mares del sur, pero eso será en abril. De momento, Capadocia y las piedras gigantes que a Freud le encantarían.

Publicado 27 octubre, 2010 por encualquierotraparte en Turquía

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