Archivo para la categoría "Laos"

Laos: siguiendo el Mekong a contracorriente (27/10/11-10/2/11)   8 comments

Dejamos atrás el surrealista y extenuante tubing para tratar de contaros qué se cuece por el relajado y tranquilo Laos.

Entramos en el país por el sur, a través de la poco transitada frontera con Camboya para hacer noche en la pequeña ciudad de Pakse, a orillas del río Mekong. A pesar de ser la mayor ciudad del sur de Laos, las opciones de ocio que ofrecía esta ciudad eran limitadas. Nuestra ocupación principal del día fue la de esperar en una terracita a orillas del Mekong, cerveza Lao en mano, a que saliese el próximo bus nocturno que nos llevase al norte.

Tras una rápida escala en la intrascendente capital, Vientián, llegamos a la montañosa Vang Vieng, la cuna del tubing. Como pudisteis comprobar en el post anterior, allí dedicamos unos cuantos días a investigar sobre esta lúdica actividad. Sin embargo, la voz de la conciencia finalmente se hizo un hueco entre el musicón predominante y consiguió convencernos de que hubiera sido un pecado mortal irnos de allí sin visitar las maravillas de la zona.

¿Qué hay en Vang Vieng que merezca la pena? Básicamente montañas, cuevas, ríos y gente agradable.

En Vang Vieng precisamente fue donde tuvimos nuestro primer contacto con laosianos genuinos. Íbamos andando tranquilamente por el campo cuando nos topamos con una familia que parecía estar celebrando algo, aunque nunca nos enteramos muy bien de qué. El caso es que nos invitaron a sentarnos con ellos y a compartir su picnic campestre.

Las normas del protocolo exigen al turista internacional aceptar la comida que te ofrezcan los extraños, por rara que sea y sin importar la pinta que tenga (la comida y el extraño que te la ofrece). Justo lo que tu madre te dice que no hagas a la salida del colegio cuando tienes 12 años. En este caso el menú consistía en una ensalada con unas extrañas hierbas rojas, “sticky rice” (cómo no) y sopa de cabezas de pescado.

Tras comer unos cuantos bocados, alguien se dio cuenta de que las “hierbas rojas” de la ensalada no eran tales. De hecho, ni siquiera eran especias. Tenían 6 patas y 2 antenas. Eran hormigas. Hormigas rojas y feas.

A unos les importó más que a otros comer hormigas. No sé si es porque tenía mucha hambre o porque realmente le gustaba el plato, pero Rafa siguió dándole con ganas después del descubrimiento.

De lo que sí estamos seguros es de que el pescado era fresco: sacaban los peces de río, luego directos a la barbacoa y de ahí a la mesa. Todos los peces siguieron el mismo ciclo salvo uno, que impactó repentinamente en la cabeza de Álvaro mientras hacía la foto de debajo. Nos lo tomamos como la señal para dejar de tocar las narices con la camarita y sentarnos a comer.

Al principio la comunicación no era demasiado fluida, aunque poco a poco eso se fue solucionando con una combinación de whisky de arroz y un mini-diccionario lao-inglés que no sabemos de dónde salió. Tampoco sabemos por qué estaba este hombre consultando la sección de aduanas.

En cualquier caso, la ensalada de hormigas no fue la comida más extraña que encontramos. En Laos es muy común, por ejemplo, comer pájaros fritos enteros, con cabeza y todo. Vale que no es súper raro, pero la foto impacta:

Y qué decir de las bebidas…

¿Licor de garra de oso?

¿Licor de bichos repulsivos?

Éstos no los probó ni Rafa, no decimos más…

Dejamos Vang Vieng atrás y pusimos rumbo a Luang Prabang en un minibús lleno hasta los topes por una sufrida carretera llena de curvas. Baste decir que a cada pasajero le repartieron una bolsa de plástico antes de empezar el trayecto…

El roce hace el cariño, así que, tras 7 horas de minibús infernal y varias paradas innecesarias (no fuera a ser que llegásemos a nuestro destino a la hora prevista), fue inevitable hacerse colega de nuestros compañeros de viaje. Con ellos descubrimos que si lo que quieres es comer bien y rápido, lo mejor es ir al mercado de comida local.

Si por el contrario decides ir a un restaurante, te arriesgas a que pidas comida para 8 personas, pase 1 hora y media, traigan los platos de 3 personas, pase media hora más, preguntes a ver qué pasa y te digan que ¡¿¡?¡se les ha olvidado traer el resto de platos y lo sienten mucho pero han cerrado la cocina¡!¡!?!

Pero bueno, luego nos fuimos todos a tomar algo por ahí y se nos pasó el cabreo (con parada técnica en otro restaurante para que, aparte del cabreo, también se nos pasase el hambre). Aquí, posando “Asian style”.

Al igual que en Pakse, el Mekong también pasa por Luang Prabang:

Y cerca de la ciudad también pueden encontrarse espectaculares cascadas, a las que llegamos tras alquilar un día entero el típico “taxi” del sudeste asiático, con conductor durmiente y todo:

Después de Luang Prabang nos separamos y cada uno se fue una semana y pico por su lado: Rafa hacia el norte y Álvaro hacia el sur.

En un reparto temporal de nuestras escasas posesiones, Álvaro se quedó con el portátil y Rafa con la cámara, así que vais a tener la suerte de ver alguna foto del norte de Laos. Básicamente ofrece lo mismo que Luang Prabang y Vang Vieng pero sin turistas y mucho más barato:

Próximamente, Vietnam y la Bahía de Halong (o + Tailandia si Rafa no se da prisa en escribir).

Anuncios

Publicado 8 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Laos

¡¡¡Vámonos de tubing!!! (30/1/2011 – 4/2/2011)   16 comments

¿Que qué es tubing? ¿Es acaso un deporte de riesgo? ¿Un garito de moda? ¿Una experiencia onírica semi-surrealista? El tubing es todo eso y mucho más…

¡Esto es tubing!

 

Érase una vez un pequeño pueblo rural en medio de Laos, bañado por un  tranquilo río de pescadores y rodeado de espectaculares montañas de formas imposibles. La paz y el savoir vivre impregnaban sus escasas callejuelas sin asfaltar y la gente se tomaba la vida con la calma y el sosiego típicos laosianos.

Hasta que un día Pandora pasó por allí y abrió su famosa caja para coger unos kleenex. De la noche a la mañana, nadie supo nunca decirnos cuándo ni cómo ocurrió exactamente, lo que en tiempos fuera un apacible poblado se convirtió en una rara mezcla entre Ibiza, Pachá Torremolinos, el FIB de Benicassim y el Sella en pleno descenso. 7 días a la semana, 365 días al año.

Al llegar al pueblo lo primero que observas es que está tomada por ingleses y australianos (alegres hooligans al más puro estilo Salou).

La casa de huéspedes tradicional de Vang Vieng cuenta con dos características básicas: i) precios muy, muy, muy bajos y ii) un restaurante – bar a pie de calle emitiendo reposiciones de Friends y Family Guy a todo volumen en pantallas de plasma gigantes. La gente se podía pasar horas embobada viendo la tele. Por otro lado, muchos restaurantes de la zona te ofrecen con toda la naturalidad del mundo menús “alternativos” por si no tienes hambre.  Muy exótico.

En el tubing la cosa funciona así:

Por la mañana, después de tomarte un English Breakfast “típico” laosiano, con sus scrambled eggs de gallina local y sus beans enlatados, te acercas a la tienda de alquiler de tubos. Una vez alquilados, los propios empleados de la tienda se encargan de  transportarte río arriba en tuk tuk hasta el inicio del recorrido. Los famosos tubos no son más que flotadores hinchables gigantes en los que en teoría deberías dejarte llevar flotando río abajo durante unos kilómetros.

Decimos en teoría porque en la práctica con los tubos apenas recorres unos escasos 30 metros: la distancia que existe entre el Bar Number 1 y el Bar Number 3, con parada técnica en el Bar Number 2. Existe el mito de que hay más bares si sigues el curso del río, pero nadie ha logrado nunca pasar del número 3. Son como un agujero negro, que te atrapa y no te deja salir por mucho río y mucho paisaje kárstico espectacular que haya a tu alrededor.

La oferta de los (3) bares es muy parecida. Todos ofrecen buckets (para entendernos, cubos de playa de toda la vida) rellenos de brebajes diversos. Dicen que en la variedad está el gusto, pero la bebida que más triunfaba era el whisky laosiano con coca cola y una especie de red-bull asiático terminantemente prohibido en occidente. Probablemente sea a causa de la inquietud culinaria que lleva a la gente a probar los diferentes productos de la zona. Aunque igual también influye que sea lo más barato que se puede beber si exceptuamos el agua del río. Además, tampoco es que se viera a demasiada gente probando piel de búfalo seca con berenjenas, otra de las especialidades locales…

Para atraer a los potenciales clientes, los bares utilizan una táctica doble: activa y pasiva. La primera consiste en “pescarte” mediante una botella atada a una cuerda que te lanzan mientras tú te dejas llevar río abajo subido en tu flotador-tubo. Si te interesa el bar, agarras la cuerda y ya se preocupan ellos de recoger carrete y tirar de ti hasta la orilla. La técnica pasiva se basa en ofrecer chupitos de whisky laosiano gratuitos, virtualmente ilimitados y potencialmente letales. Según avanza el día y el bar se va despoblando, las bebidas se van haciendo más y más baratas. Al final las regalan. Opinamos que es un modelo de negocio tan avanzado como el de Facebook: deben de ganar mucha pasta pero preferimos no saber cómo.

Además, cada bar cuenta con su propia atracción. Aprovechando el río adyacente y que los estándares regulatorios laosianos en materia de seguridad  son tirando a inexistentes, cada bar se construía con maderos su propia tirolina, polea, tobogán o la majadería que se les ocurriese. Todas estas atracciones acababan con un espectacular planchazo en el agua (salvo nosotros, que claramente dominábamos el arte de caer al agua con gracia y desparpajo). Teniendo en cuanta lo perjudicada que iba la gente, lo que no comprendemos es cómo los usuarios de las atracciones que acababan en el agua no se iban más a menudo de after al hospital más cercano.

En el tubing la gente también da rienda suelta a su creatividad pintándose el cuerpo los unos a los otros. Ellas eran más partidarias de las estrellitas y el arte conceptual. Ellos preferían dejar que sus colegas les pintasen frases sorpresa en la espalda. No podía ser de otra forma: las lindezas del tipo “Soy un pederasta reconocido y orgulloso, que no te engañe mi aspecto afable” o “Soy vegetariano pero me encantan las cabras, tú ya me entiendes”, estaban a la orden del día.

Cuenta la leyenda que existe un personaje mítico que llegó a Vang Vieng para pasar una semana y que ha empalmado más de 400 días seguidos haciendo tubing sin parar. No podemos evitar preguntarnos i) ¿Ese tipo realmente existirá? ii) ¿Cómo se ganará la vida? iii) ¿Habrá conseguido ya la nacionalidad laosiana? iv) ¿Le habrán hecho hijo adoptivo de Vang Vieng? v) ¿En qué piensa? ¿Piensa?

Aparte de las atracciones, el río y los buckets, pues poco más, temazo tras temazo a todo volumen, buen rollito generalizado, y a marear hasta que anochece. Después se podía seguir la fiesta por la noche en bares ya en el propio pueblo. Ahí es cuando te das cuenta de que la edad no perdona y que dormir mola. Triste pero cierto. Pero bueno, así madrugabas y podías aprovechar el día siguiente… para irte de tubing.

Próximamente, un poco de Laos del de verdad.

Publicado 2 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Laos

A %d blogueros les gusta esto: