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Las ciudades del desierto (15-20/11/2010)   10 comments

Bienvenidos al desierto.

Hemos dejado para el último post nuestra zona favorita del viaje a Irán.

Puede que haya sido porque, por fin, nos encontramos con hostales llenos de viajeros con los que compartir las magdalenas del desayuno y donde la comida era algo variada y rica, superando ampliamente la media iraní.

O puede ser porque el desierto mola.

Mola mucho.

Gracias a recomendaciones de personas diversas, desde Shiraz (Persépolis), pusimos rumbo a la ciudad de Yazd en otra de nuestras afamadas palizas nocturnas de autobús.

Como en tantos otros lugares, los habitantes de Yazd reclaman para su ciudad el título de población más antigua del mundo. Parece que a todos les entusiasma ser los más viejunos, así que no seremos quienes les quitemos la ilusión… Damos un empate técnico entre todas a falta de prueba del carbono 14.

Lo que sí tiene Yazd es una cuca ambientación de ciudad desértica, con todas sus casas, calles y monumentos construidas en barro:

Tuvimos la suerte de que nos recomendasen un hostal construido en una casa típica de Yazd, así que la inmersión en el rollito desierto fue total.

Muy recomendable el Silk Road Hotel: barato (menos de 7 € la noche, Internet y desayuno incluidos),  un comedor digno donde servían estofado de camello y otras delicatessen del desierto y, lo mejor, con una gran sala de estar/patio típico donde hablar con  otros viajantes (por cierto, vaya personajes te encuentras: británicos que preparan rallies desde Londres hasta Kabul, un tipo de Murcia que pretendía ir a Pakistán en bici…)

También hicimos amiguitos fuera del hotel. Aunque estos eran iraníes y, por lo tanto, extremadamente chungos y muy peligrosos:

A falta de aire acondicionado, en Yazd utilizan las llamadas torres de viento. No nos preguntéis cómo, pero conseguían captar el aire frío y meterlo en las casas para que estén fresquitas en verano. Aunque en la calle haga 40º a la sombra, os aseguramos que te pones debajo de estas cosas y te congelas:

Aparte de las torres de viento, en Yazd puedes encontrar las llamadas “Torres del Silencio”. El zoroastrianismo, una de las religiones de la región, considera impuro enterrar a la gente en la tierra. ¿Qué hacían entonces con sus muertos? Pues los colocaban en lo alto de estas “Torres del Silencio” y esperaban hasta que los buitres se los merendasen. Cuando los huesos estaban limpios ya sí se podían enterrar. Y los buitres tan contentos por el buffet libre.

Hoy en día se sigue profesando el zoroastrianismo en la región, aunque parece ser que ahora entierran  a los muertos en cemento para evitar que su carne impura toque la tierra sagrada. Una lástima por los buitres, que se quedan sin desayuno.

Un tapiz zoroastriano:

Desde Yazd nos alquilamos un taxi para hacer una excursión al oasis de Garmeh. 350 km de ida y otros tantos de vuelta en otro Paikan del infierno, aunque esta vez compartimos gastos con James, un médico neozelandés que trataba de terminar su residencia en los ratos que le quedaban libres entre viaje y viaje. Un personaje.

En el camino nos encontramos con este señor haciendo auto-stop:

¿Que qué había en Garmeh? Aparte de un oasis con palmeritas,  NADA de NADA. Y ése era su principal atractivo, subirse a una montaña al atardecer y contemplar el sol ponerse en el desierto en el más absoluto silencio:

Lo malo de que no hubiese nada de nada es que tuvimos que conformarnos con dormir en el suelo en casa de un tipo peculiar que parecía un aborigen australiano y que tocaba los bongos. Muy raro. Y mucho más caro que en el hostal de Yazd. Pero bueno, mereció la pena.

Éste es nuestro conductor y el comedor del sitio donde nos quedamos, que compartimos con un grupo del IMSERSO iraní:

Con esto, señoras y señores, damos por finalizado Irán. Y como con Turquía, os ponemos un recorido recopilatorio:

Próximamente, Turkmenistán rima con Disneyland y con Pyongyang. Besos y abrazos, desde Nueva Delhi.

 

 

 

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Publicado 16 diciembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

De mezquitas y bazares (todavía Irán)   7 comments

En este post el título lo explica casi todo. Poco más hay que decir.

Mezquitas en Irán hay para aburrir. Casi en todas la ciudades tienen su mezquita principal (que se llama siempre igual: Jameh Mosque) y luego te encuentras con otras, más grandes o más pequeñas, mejor o peor decoradas, en cada esquina.

En cuanto a los bazares, lo primero que hay que decir es que, sorprendentemente, ¡están limpios y ordenados!

Así como los bazares turcos suelen estar llenos de mierda y los vendedores te dan la murga insistentemente para colocarte cualquier chorrada, en Irán suelen estar impolutos. Los vendedores están más preocupados por barrer la entrada de sus tiendas que de darte el coñazo. Entras, preguntas, te atienden y, si no compras nada, te dan los buenos días y a otra cosa mariposa. Y regateas, claro.

Hemos hecho una selección de algunas fotos que esperamos que os gusten:

Aquí vemos a Rafa con diversas poses en la mezquita más impresionante en la que hemos estado en este viaje. Está en Isfahán, presidiendo la magnífica plaza central de la ciudad, desde donde está hecha la foto de arriba. Atentos a la decoración: las paredes, interiores y exteriores, están completamente cubiertas de mosaicos de colorines. Muy chulo:

En el interior de la mezquita estaba todo lleno de alfombras apiladas y gente rezando, echándose una siesta, tomando el aire…

También en Isfahán, otra magnífica mezquita en un lado de la plaza central:

O la Jameh Mosque, con la cara en tamaño XXL del Ayatolla Jomeini, líder espiritual de la Revolución Islámica de 1979 que echó a la monarquía reinante y convirtió a Irán en la “República Islámica de Irán”. Os recomendamos que veáis la peli “Persépolis”, que trata el tema de una forma curiosa:

Jomeini, aunque lleve muerto bastantes años, es un tipo popular en Irán. Mejor evitar hablar mal del Ayatollah mientras estés en Irán.

Otra mezquita de Isfahán:

También vistamos la ciudad santa de Mashad, en el norte de Irán. Un lugar de peregrinación para los musulmanes chiíes, tipo la Meca (Arabia Saudí) o Kerbala (Irak) pero menos importante. El chiísmo es la rama del Islam que predomina en Irán, Irak y Azerbaiyán (aunque son sólo el 15% de los musulmanes del mundo, siendo el resto casi todos sunníes).

No dejaban hacer fotos dentro del inmenso complejo y nos pusieron un guía personal – guardia de seguridad bastante inútil. No supo explicarnos apenas nada. Eso sí, sabemos cuánto gana, los años que lleva trabajando, vida y obra de sus familiares… Ésta es una de las entradas al recinto:

En Shiraz entramos a este mausoleo, totalmente decorado con cristales en el interior. Todo muy kitsch:

En cuanto a la sección bazares, os dejamos una pequeña muestra de que desordenados y cutres, precisamente no son:

En Tabriz, al principio del todo, con su enorme bazar  y sus sombreros típicos azeríes:

O en el Bazar de Shiraz, unos cuantos vendedores escogidos al azar:

Os preguntaréis si tenemos una fijación por las mezquitas y los bazares. Es una pregunta legítima. Pero… ¿se puede salir de fiesta? No. Pues nos vamos de cañas. Tampoco se puede. ¿Nos echamos un mus? Las cartas están prohibidas. Las opciones se reducen a a) morirnos de asco o b) ir otra vez al bazar. Elegimos la opción b).

Próximamente, de oasis en oasis y tiro porque me toca.

 

Publicado 12 diciembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

Persépolis 13-11-2010   8 comments

Al hablar de los persas, probablemente lo primero que se nos venga a la cabeza sean gatos de pelo largo, alfombras voladoras y, sobre todo, la humillación sufrida ante los 300 espartanos de Leónidas hace ya unos cuantos siglos. Aunque claro, si ponemos a un tipo con abdominales a lo CR9 contra 10 luchadores de Zurkhaneh (ver post “Iran is Different” in fine), yo apostaría todos mis ahorros por CR9:

Sin embargo, el persa fue uno de los mayores imperios de la antigüedad y hace 2.500 años dominaba un territorio que se extendía desde el mar Mediterráneo hasta el Indostán. El ejército de los inmortales de Xerxes atemorizaba al mundo y los sucesivos reyes persas veían crecer su leyenda, generación tras generación.

Ya que andábamos por la zona (la ciudad iraní de Shiraz), nos acercamos a visitar la ciudad-palacio de Persépolis, obra cumbre de la arquitectura persa, equiparable en cuanto a valor arqueológico a las Pirámides de Egipto o a la Acrópolis de Atenas (esta última, por cierto, fue arrasada en cierto momento por los persas. Los antiguos eran así, se destruían los unos a los otros cada cierto tiempo sin mayores miramientos):

Es una pena que Alejandro Magno, que también pasó por la zona, decidiese pillarse una buena melopea justo después de conquistar la ciudad.

Parece que en una noche loca que se le fue un poco de las manos, hetaira arriba, hetaira abajo, garrafa de vino viene, garrafa de vino va, consiguió de alguna manera reducir a cenizas una ciudad construida totalmente en piedra. Mira que era difícil, pero uno no recibe el apodo de “el Grande” así porque sí (Georgia and Manos, remind us never to mess up with Macedonian people!!!).

Algunos eruditos opinan que no fue sino una venganza por haber quemado los persas la Acrópolis previamente . Nosotros, que somos unos románticos, nos inclinamos por la versión fiesta-destrucción masiva. No obstante, es algo imposible de corroborar: según Ptolomeo, Alejandro únicamente declaró que no se acordaba de nada de la noche anterior y que le trajeran un ibuprofeno de Mileto.

Parece evidente que la expresión “vamos a quemar la noche” viene de aquí. Aún no hemos conseguido encontrar apoyo bibliográfico para nuestras conjeturas aunque, como se ve en la foto, investigamos arduamente el asunto durante más de 27 segundos seguidos:

Lo que sí está claro es que a esta gente le gustaba esculpir a señores barbudos en fila de a uno, cuyo propósito probablemente fuese el de simbolizar la adoración de los pueblos sometidos al rey megalómano de turno (leáse Ciro, Jerjes, Artajerjes o Darío).

La ciudad se encuentra plagada de motivos de leones alados con cabeza de hombre. Cuenta la guía (de la que nos tendremos que fiar por no haber sido capaces de inventarnos nada mejor) que, antes de los mencionados leones alados, se solían esculpir como decoración siniestros pájaros gigantes.

Sin embargo, la moda de los pájaros pasó y las esculturas ya terminadas se confinaron en rincones apartados, con el objetivo de atemorizar a los turistas que pasasen cerca de ellas. Aún hoy siguen cumpliendo con su cometido.

Pronto nos cansamos de nuestros sesudos estudios y dedicamos nuestros energías a otras actividades que requerían un menor esfuerzo intelectual:

Antes hemos hablado de reyes megalómanos. Pues bien, aquí tenemos fotos de lo que vendrían a ser sus mausoleos:

Impresionan. Como también impresiona el hecho de que prácticamente tuviésemos las ruinas para nosotros solos. Y no porque la entrada fuera cara, apenas 40 céntimos de euro por un día en el Disneyland del arte persa…

Para terminar este post, mandar un saludo a Juan y a Daniela, una pareja de argentinos que nos pasaron una ingente cantidad de guías digitalizadas de diversos países. Sin ellas, probablemente aún seguiríamos perdidos en Turkmenistán o Uzbekistán (algo que, como comentaremos a su debido tiempo, hubiera acabado con nuestros estómagos y con nuestra alegría por vivir).

Por no hablar de las películas que también nos prestaron (por azares del destino, el disco duro con todas las pelis duramente recopiladas en los meses previos al viaje se perdió en un sórdido internet café de Turquía). Eva Perón, vaya peliculón:

Próximamente, Rafa y Álvaro se van al desierto a pasar el día y sed, todo a la vez.

Publicado 9 diciembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

Alamut y la secta de los asesinos (Irán) 6-8/11/2010   6 comments


Imagina que cuentas con un ejército de fanáticos suicidas dispuestos a matar y a morir con una sola orden tuya.

Imagina que nadie puede atacarte porque vives en una fortaleza inexpugnable, construida en la cima de una abrupta montaña.

Imagina que eres, además, un hábil estratega que no duda en asesinar a cualquier rival político o religioso que se ponga en tu camino.

Te estás imaginando a Hasan Sabbah, un tipo que, hace alrededor de mil años, aterrorizó al Oriente Medio con su secta de iluminados. Y todo ello, desde la seguridad de su castillo-refugio en el recóndito valle de Alamut, del que no salió desde que se hizo con él hasta que murió, muchos años después.

Pues bien, como pillaba cerca de Tabriz (a donde llegamos tras un ruidoso tren nocturno desde Turquía, poblado por una curiosa banda de contrabandistas de detergente otomano*), allí nos dirigimos en un viaje de 3 horas montaña arriba y abajo en un renqueante “Paikan” made in Iran:


Del pasado glorioso de la zona queda más bien poco. Apenas un pueblo de 70 habitantes y 6 mulas, donde conseguimos encontrar unos duros pero dignos camastros y un poco de comida (subrayamos la palabra “poco”).


Aunque las vistas al salir de la habitación no estaban nada mal:
Nada más salir del Paikan, ya estábamos subiendo a la fortaleza. En estas escaleras montamos los campamentos base 2, 3 y 4, aunque finalmente pudimos llegar a la cumbre sin la ayuda de sherpas:

Cuenta la leyenda que la palabra “asesino” viene de aquí. Según dicen, el amigo Hasan Sabbah dopaba a sus sectarios a base de cantidades ingentes de hachís. De ahí que se les atribuyera el sobrenombre de “hashashin” o “assassins”.
Una vez cocidos, les enseñaba un jardín lleno de exuberantes macizas y les decía que aquello era el paraíso. Sin embargo, para poder llegar a él, debían obedecer “ciegamente” sus órdenes (atentados suicidas, asesinatos públicos de políticos, bungee jumping sin cuerda desde lo alto de la fortaleza y otras lindezas por el estilo).
En cualquier caso, parece que esta novelesca historia no es más que un bulo destinado a desacreditar a la secta de los ismaelíes, de la que Hasan Sabbah era el líder intelectual. Aunque también existen otras versiones que sustituyen el hachís por el opio y el paraíso por… la promesa de más opio. Es decir, que Hasan sería el jefe de una banda de yonquis con el mono.
Cierto o no, la fortaleza existe y se encuentra en lo alto de este risco:

En el momento en el que fuimos sólo estábamos nosotros y un tipo cuya única misión aparente consistía en impedir a los visitantes disfrutar de las vistas.
Ahora están restaurando la construcción, pero se pueden ver multitud de estancias excavadas en la roca y varios depósitos de agua utilizados para autoabastecerse.


Las vistas son aún mejores que las de nuestra habitación abajo en el pueblo:


Al día siguiente, nos despertamos pronto, desayunamos, vimos lo alta que era la montaña, volvimos a desayunar y, entonces sí, nos decidimos a hacer un trekking por los alrededores.

Impresionante. Aunque, como podéis suponer, casi nos despeñamos unas cuantas veces. Pero bueno, como sólo fue casi, pudimos seguir ruta hacia otros misteriosos y sorprendentes lugares…
Próximamente, la cosa va de mezquitas, bazares y ciudades míticas.
*Eso da para otra historia aparte, con compañeros de coche-cama bloqueando la entrada del compartimento y lanzando sospechosos fardos por la ventanilla, mientras el tren traqueteaba rumbo a Tabriz, ya pasada la frontera, y la policía iraní inspeccionaba el tren con sus linternas…

Publicado 1 diciembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

Irán is different – 22/11/2010   15 comments

Debido a la continuada situación de tensión y acoso a extranjeros occidentales, se recomienda vivamente evitar los desplazamientos tanto de turismo como de negocios a la República Islámica de Irán.”

Con esta frase lapidaria nos recibía la página de recomendaciones de viaje del Ministerio de AAEE. Ni que Irán fuera Afganistán o Irak.

Al principio no le hicimos demasiado caso pero, tras hacer unas inocentes preguntillas sobre divisas la Embajada de España en Teherán, recibir un e-mail directo en los mismos términos (sin contestar a nada de lo que les preguntábamos, por cierto), acojona.

Nuestros lógicos titubeos existenciales se pueden resumir de la siguiente manera:

¿Ahora qué hacemos? ¿Más tiempo en Turquía? ¿Vamos a Siria (total, pilla cerca)? ¿Pasamos de Irán? Pero si no podemos entrar a Turkmenistán más que por la frontera con Irán… ¿Pasamos también de Turkmenistán? ¿Y cómo llegamos entonces a Uzbekistán? ¿Nos cortamos las venas? ¿Nos las dejamos largas? ¿Y si nos detienen? Pero si todavía no hemos hecho nada… Ya pero… ¿Y si no vuelvo a ver a mi mamá?

Al final, tras mucho rastrear en foros de Internet, recibir valiosos consejos de gente mucho más sabia que nosotros y consultar con la almohada, ya teníamos respuesta para la gente que se preguntaba ¿Irán o no Irán? Pues sí fuimos. Y mereció la pena.

Intentaremos dar unas pequeñas pinceladas en este post:

Lo primero que llama la atención al llegar a Irán es la increíble hospitalidad de la gente. Y ello no se puede explicar si no es con la figura del espontáneo:


El espontáneo iraní es una persona, hombre o mujer, de entre 15 y 70 años, liberal o conservador, musulmán o… musulmán, que te suele abordar en la calle, en la cafetería, en el hotel, en el bazar, o donde pille.

Acto seguido, comienzan a expresar sus opiniones sobre los TODOS los temas que se te pueden ocurrir y acaban con una batería de preguntas: cómo es tu país, cuál es tu opinión sobre Irán, ¿y tu equipo de fútbol?, a qué te dedicas, ¡cuánto ganas!… Si te descuidas, incluso te dan un paseo por la ciudad y/o te invitan a diversas cosas. Por supuesto, todo sin pedir nada a cambio.

También insisten mucho en que no son terroristas, parece que las asociaciones sociales negativas son recíprocas (occidente-opresor-libertino / Irán-fanáticos-terroristas):


Hemos experimentado la figura del espontáneo en prácticamente todas las ciudades que hemos visitado:

En Tabriz, este chico nos encontró en la estación mientras nos las dábamos y nos las deseábamos para comprar un billete de autobús. Después de resolveros la papeleta, nos metió en su coche con sus padres y nos paseó toda la tarde por la ciudad:


¡Incluso nos invitó a galletas de pistacho en una pastelería fashion!


Este otro tipo nos abordó al día siguiente en el inmenso bazar de Tabriz, nos dio una vuelta y nos enseñó sus rincones ocultos (los del bazar, que os veo venir):


También hubo espontáneo en Qazvin, donde un figura insistió en hacernos de taxista gratuito a la estación de bus. Como íbamos con mucho tiempo, decidió darnos un tourprivadopor la ciudad. Casi perdemos el autobús, pero conocemos muy bien Qazvin.

Incluso nos abordó un grupo del IMSERSO iraní en Garmeh, un oasis en medio del desierto. Una señora de sesenta y muchos año, en privado y sin velo,nos comentó, entre otras cosas, lo mal que estabanlas cosas para las mujeres y lo mucho queenvidiaba la situación en occidente. Ellano era musulmana, aunquedecía que jamás podría admitirlo decir tal cosa abiertamente o la matarían.

Mucho más conservadores fueron unos tipos de 17 y 27 añosque nos encontramos enIsfahán.Entre otras perlas nos soltaron que odiaban la BBC Persia y la MTV, ya que todo lo que retransmitían era “Joy and Happiness”, que eso era contrario a la tradición y que no podía ser. Para ellos, la culpa del paro en Irán la tenían las mujeres, que deberían estar en casa en lugar de trabajando. Y, por supuesto, que eso tener novia o “pecar” sin estar casado, fatal. ¡O matrimonio o nada!

En cualquier caso, el denominador común de todos ellos fue, sin duda, su extrema amabilidad en todo momento. Todo sonrisas, ningún momento tenso, ningún reproche a nuestras costumbres u opiniones…

Más allá de estos pequeños ejemplos, allá donde fuéramos siempre alguien nos preguntaba por nuestra nacionalidad, nos decía algo de Casillas y de Xavi y nos daba la bienvenida a Irán. Y ninguno intentó vendernos alfombras…

¿Estarán aleccionados desde alguna parte para ser simpáticos?

Cambiando de tercio, es imposible hablar de Irán sin tratar el asunto de la vestimenta de las mujeres (de su situación general, mejor hablamos en otros foros). En función de la ciudad, te puedes encontrar con mujeres como las de la foto, totalmente cubiertas, o jóvenes que llevanel pañuelo casi a modo de diadema, a la altura de la coronilla, hipermaquilladas y enseñando todo el flequillo.

Un avance de la temporada otoño – invierno (y primavera – verano, para qué engañarnos):


Si eres mujer, los hombres muchas veces ni se dirigirán a ti o, incluso, pasarán olímpicamente si les hablas. Muchas casas tenían picaportes diferenciados para hombres y mujeres. De esta manera, en función de quién llame a la puerta, saldrá a abrir un hombre o una mujer:


De salir de fiesta en Irán, olvídate. Lo máximo que puedes hacer (oficialmente, claro, que por lo visto en privado la gente desfasa a lo bestia y se pega unas fiestas brutales) es tomar un té y fumar nargileh hasta las 10:30 pm. El alcohol está prohibidísimo, aunque los espontáneos se apresuran a conseguírtelo si quieres.

Como en otros países musulmanes, se reza mirando a La Meca. Para que no te despistes, en los hoteles te indican amablemente dónde se encuentra. En este caso, parece ser que La Meca está en el piso de arriba:


Quienes visitan Irán vienen en busca de civilizaciones antiguas o experiencias culturales. Desde luego, no vienen por sus delicias gastronómicas.Al final acabas hasta los mismísimos kebabs de tantos huevos (¿o era al revés?), que acompañan siempre con una tonelada de arroz hervido insípido. La carne que usan, pésima:


Si nuestros líos con el idioma turco y luego el kurdo os hicieron gracia, con el farsi ya podéis hacer una fiesta. No sólo es un idioma completamente distinto, sino que se utiliza el alfabeto persa, distinto del árabe y, por supuesto, del latino. ¡incluso los números son diferentes! Imaginad lo que ha sido i) coger el autobús, ii) enterarte del precio del billete, iii) saber que has llegado a tu destino, iv) leer la carta en un restaurante, v) saber en qué calle estás, vi) decir que quieres 200 gr. de pistachos vii) resolver una ecuación diferencial, viii) adivinar las matrículas de los coches…


Hablando de coches, el tráfico en Irán es un desafío constante. Suena a tópico, pero los iraníes de forma especialmente lamentable: nulo respeto por los semáforos, marcha atrás en la autopista, motos circulando en sentido contrario, los cascos son para los canteros, poner las luces de noche es de nenas (y si se ponen, ponen las largas o las antiniebla, haya o no haya coches a los que molestar)… Menos mal que, por lo menos, algunos de los autobuses que utilizamos eran así de molones (aunque no podemos dejar de mencionar las telenovelas que siempre emiten hasta altas horas de la madrugada, con un nivel de decibelios similar al deun Boeing 747 al despegar):


Eso sí, la gasolina tirada y subvencionada. El litro eran 1000 Riales, unos 7 céntimos de euro… También es verdad que los coches consumen cerca de 15 l. a los 100…


Un día fuimos a ver el deporte nacional, llamado Zurkhaneh. Aún no sabemos muy bien en qué consiste. Lo que vimos nosotros fue a un montón de tipos, entre 12 y 75 años metidos en un círculo en el suelo.Primero se dedicaban a hacer flexiones, luego a mover unos maderos enormes de forma ortopédica y, por último, daban vueltas por turnos sobre sí mismos. Al final ( bueno, y en el intermedio también), rezan.Y todo ello al son de un tambor tocado por un señor con bigote(el bigote parece ser opcional):


En cualquier caso, y bromas aparte, Irán es un país muy pero que muy interesante. Sólo por la hospitalidad de la gente ya merece la pena venir pero es que, además, tiene sitios impresionantes que visitar. Pero eso lo dejamos para los siguientes posts (prometemos mayor brevedad)…

Próximamente, las montañas de Alamut, sectas de asesinos y fortalezas en escarpados riscos…

Publicado 29 noviembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

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