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En tierra de pisco (3-5/05/2011)   4 comments

En el siglo XVI, los españoles que empezaban a asentarse en el Pacífico Sudamericano comenzaron a plantar viñedos y parras para producir vino. No se sabe cuándo ni por qué, a alguien se le ocurrió destilar el vino dulce joven para producir una especie de aguardiente aromático conocido hoy como pisco.

Tanto los peruanos como los chilenos dicen ser los creadores de esta bebida. A nosotros la verdad es que nos daba bastante igual quién fue el país que la inventó, pero cada vez que hablábamos de pisco con un chileno, le preguntábamos: “Pero el pisco… Es peruano, ¿no?“, sólo  por incordiar.

Los chilenos, claro, afirman desde hace tiempo que es originario de su país. Ya en los 50, el General Videla (quien, por cierto, traicionó a Neruda y le obligó a exiliarse en el año 53) decidió renombrar un pueblecito del valle del río Elqui que pasó de llamarse “La Unión” a “Pisco Elqui”. Muy sutiles.

Y es que en el Valle del Elqui se produce cerca del 50% del pisco de Chile. Se trata de una sucesión de montañones desérticos a ambos lados del lecho del río que da nombre al valle.

Independientemente del origen trucado de su nombre, en Pisco Elqui las vistas son espectaculares, con un tapiz de parras que se exiende hasta donde alcanza la vista.

Al margen de las parras, el paisaje parece sacado de una película del oeste.

No muy lejos del Valle del Elqui se encuentra la frontera argentina, país al que se accede desde aquí por el paso de Aguas Negras, situado a 5.000 metros de altura y, al parecer, rodeado de imponentes glaciares. Tenía muy buena pinta, así que decidimos alquilar un coche y poner rumbo a la frontera chileno-argentina.

Por el camino pillaba una bodega de pisco que nos habían recomendado en nuestra ciuda base, La Serena. La cosa se nos complicó y acabamos catando unas cuantas variedades de pisco: añejo, joven, doble destilado, pisco sour, cócteles a base de mango y papaya… Turismo gastronómico, que lo llaman algunos. Nosotros creemos que encaja más en el apartado “turismo cultural”.

El caso es que nunca llegamos a la frontera argentina, pero a cambio sabemos mucho del pisco, de su proceso de destilación, de los países a los que se exporta, de que marida muy bien con chocolate, de que los chilenos prefieren el ron dominicano porque es más barato…

De todas formas, hicimos buena parte del espectacular camino hasta que un funcionario de aduanas nos comentó que la frontera cerraba “aproximadamente” en dos horas. -“¿Cómo que aproximadamente? ¿A qué hora cierra exactamente?” -“Pues no sé… A las 6 o a las 7 no más…”  Teniendo en cuenta que quedaban 80 kilómetros por puertos de montaña hasta llegar allí, más otros 80 kilómteros de vuelta, decidimos no arriesgar y volver atrás por si nos tocaba dormir en tierra de nadie, entre las fronteras argentina y chilena.

Si no hubiéramos hecho la degustación de pisco, nos hubiera dado tiempo perfectamente. Pero bueno, la vida es dura.

Próximamente, congelados en el desierto de Atacama.

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Publicado 12 mayo, 2011 por encualquierotraparte en Chile

Último cambio de continente, ¡hop!   6 comments

¿En qué se parece Chile a un exclusivo menú de degustación en El Bulli o en Arzak? ¡En que los dos son largos y estrechos!

Mientras que de norte a sur Chile mide más de 4.000 kilómetros, sólo se pueden recorrer 420 km en línea recta a lo ancho entre el Pacífico y los Andes.

Nosotros no bajamos tan al sur a comprobarlo. Puede decirse que nos saltamos el aperitivo y que fuimos directamente a por el primer plato del menú: las ciudades de Santiago y Valparaíso.

Os preguntaréis quién es esa silueta que acompaña a Rafa en su vano intento de posar despreocupado con Santiago de Chile extendiéndose a sus pies. Hace un par de posts os anunciamos que íbamos a tener una incorporación temporal a nuestro viaje. Pues ese momentoha llegado. Recién llegado de una misión en Afganistán, ¡el señor Fernando Manrique!

Fernando tiene previsto soportarnos hasta llegar a Bolivia, así que será un habitual de los próximos 2 o 3 posts. Aún estamos cerrando algunos flecos por sus exigencias en materia de derechos de imagen y royalties, pero creemos que llegaremos a un acuerdo satisfactorio para ambas partes y que no habrá parón en el blog para las próximas entradas.

Como hemos empezado con un tema gastronómico, os vamos a mostrar una de las especialidades culinarias del país. La contundente “chorrillana”, similar a los huevos rotos de toda la vida pero con más patatas y, si cabe, más chorreante aún. Comida de tasca de toda la vida. Si es que en Sudamérica se está como en casa…

Sin embargo, no os podemos dejar con la idea de que un revoltijo de patatas con carne es el mejor plato de la gastronomía chilena. Con tantísimos kilómetros de costa, no es extraño que tengan pescado y marisco para aburrir. Tuvimos ocasión de comprobarlo en una mariscada que nos pegamos en el Mercado Central de Santiago en honor al cumpleaños de Fernando. Durante su estancia con nosotros, el pobre ha tenido que sufrir nuestras ajustadas posibilidades presupuestarias. ¿Por qué cocinar unas salchichas en el hostal cuando podemos cenar congrio en el restaurante de la esquina?

Pero un día es un día, así que saqueamos el cerdito y nos dimos a las gambas, a los ostiones (vieiras) al ajillo, al ceviche de corvina, a las machas (almejas) a la parmesana, a la lubina con salsa de marisco… Espectacular. Lo único malo es que comer así engancha y, ante la escasa fiscalización externa de nuestro presupuesto, la posibilidad de cometer un desfalco es muy tentadora. Habrá que dejar el ahorro para Bolivia…

Igual de espectacular, o más, fue la impresionante raclette a la que nos convidaron María Teresa, María José, Nicolás y Raimundo. Éstos son los integrantes de la encantadora familia de Gonzalo, un amigo de Rafa que casualmente es chileno. Sin conocernos de nada, nos vinieron a buscar, nos metieron en su casa y nos ofrecieron deliciosos manjares que engullimos con gusto. Desde aquí queremos volver a agradeceros vuestra increíble hospitalidad. ¡Muchas gracias!

Dejando la comida a un lado (snif), Chile es famoso por ser la patria de dos premios Nobel de literatura: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. De Neruda, sin duda habréis oído alguna vez fragmentos de su obra. Por ejemplo:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche […]

Preciosos versos, sin duda. Sin embargo, su obra no sólo se reduce a poemas de amor. Visitando su casa en Santiago, descubrimos, entre otras, su menos famosa “Oda a la Alcachofa”. Genial.

Su casa contaba con tan sólo dos habitaciones. Para compensar, tenía además 3 bares, uno de ellos de verano. Lo dicho, el tipo era un genio.

Os habréis dado cuenta de que en este post hemos metido ya varios graffitis alucinantes. Santiago y Valparaíso están plagados de ellos. Pero son graffitis que exceden en mucho la firma cutre en letras de molde de colorines. Los “murales”, como ellos los llaman, son verdaderas obras de arte urbano que adornan y mejoran las paredes y fachadas de las ciudades chilenas.

Antes de terminar, deciros que también vistamos Valparaíso, la ciudad costera de los 42 cerros donde volvimos a caer en la tentación del pescado y el marisco fresquísimo. Aunque no todo fue agradable allí: más de 4 personas distintas nos dijeron que anduviésemos con ojo con los maleantes. Supongo que es la cara menos amable de Sudamérica…

Y ya sí, para finalizar, Fernando y su amor con el océano Pacífico.

Próximamente, ¿el pisco es peruano o chileno? Espera… ¿qué es el pisco? ¿una bebida embriagadora? Pues sí. Como el tequila, chico.

Publicado 7 mayo, 2011 por encualquierotraparte en Chile

El verdadero país del sol naciente   7 comments

Antes de abandonar a Álvaro a merced de las olas balinesas, me encontraba yo (Rafa, claro está) un buen día sopesando las distintas opciones de viaje que ofrece el Pacífico Sur. Finalmente, se redujo el abanico a sólo 2 países: Samoa o Tonga. Cada uno tenía sus ventajas y era difícil decidirse:

Samoa, únicamente 2 islas fáciles de explorar, súper recomendadas por todos los afortunados que las han visitado.

Tonga, cientos de islas de las que muchas están deshabitadas. Jamás supe de nadie que las hubiera pisado.

Tras mucho investigar, encontré un factor absolutamente crucial: el billete a Tonga era 30 euros más barato. La suerte estaba echada.

En realidad, ambos países están al lado, pero se da la circunstancia de que la Línea Internacional de Cambio de Hora pilla en medio, convirtiendo a Samoa en el país más occidental del planeta y a Tonga en el más oriental. Así que Tonga, y no Japón, es el país del sol naciente.

El caso es que estaba yo ilusionadísimo pensando en todas las islas que iba a explorar en mi destino, cuando un agente de aduanas neozelandés me preguntó: “¿Se puede saber qué diablos piensas hacer 13 días en Tonga? Yo estuve 3 y me sobraron.” Le comenté mi intención de visitar los lejanos y maravillosos archipiélagos de Ha’apai y Vavau. El tipo miró incrédulo mi pinta de mochilero insolvente que jamás deja propinas y esbozó una medio sonrisita que me dejó con la mosca detrás de la oreja. Comprendí su actitud en cuanto me enteré de que los vuelos estaban muy pero que muy por encima de mi exiguo presupuesto. La otra opción era ir en barco, pero no eran muy frecuentes y en 13 días no tenía tiempo de ir y volver. Básicamente, me tenía que quedar dos semanas en la isla principal, Tongatapu, y sus alrededores. “Bueno, ningún problema, voy a la playita y me dedico a ponerme moreno y cuadrao” … “¡¡¡Cómo que en esta isla no hay playa!!!”

Esto es lo que te encuentras si quieres bañarte en Tongatapu.

Después de esta entrada triunfal en el país, me dispuse a explorar su capital, Nuku’alofa. Tengo la impresión de que nunca la incluirán en los reportajes de lugares que ver antes de morir. Una ciudad tan anodina no podía ser de ninguna manera el destino en el que más tiempo fuera  a pasar en todo mi viaje. Ya que en Bangkok estuve diez días, en Nuku’alofa debía pernoctar como máximo nueve. Así que decidí hacer todas las excursiones posibles. Para empezar, a la cercana isla de Eua.

Un consuelo es que todos los mochileros se llevaban el mismo chasco que yo al llegar. Por ejemplo, esta pareja de finlandeses que estaban dando la vuelta al mundo.

Tommy y Maria, que así se llaman estos sujetos, decidieron unirse a mí en la excursión a Eua, o quizá yo me acoplé a ellos. El caso es que aparecen en casi todas mis fotos de Tonga. No sé, igual les di mucho la brasa.

En Eua nos alojamos en este hotelillo.

Guardo muy buen recuerdo de los propietarios del hotel. Ellos de mí supongo que no tanto. Por lo menos desde el día en que les desperté de madrugada por haber cerrado mi cabaña con pestillo y dejado las llaves dentro. Puesto que no tenían llave de repuesto, desmontaron parcialmente la cabaña. Yo me fui a dormir mientras la montaban de nuevo, pero pensando que ése habría sido un momento perfecto para dejar una sustanciosa propina.

Esta isla es conocida (conocida dentro de Tonga, claro está) por su oferta de senderismo de aventura. Así que allá que me fui con mis nuevos amigos a recorrer la selva.

Nos agenciamos un mapa que consistía en un folio en blanco en el que habían dibujado a mano el perfil de la isla y algunos senderos importantes. No entendimos por qué nos recomendaron alquilar un guía autóctono. Nos perdimos, claro.

Tampoco ayudó la señalización de la red de caminos.

Pero en Eua da igual perderse. A cada rato acabas encontrando algún paisaje memorable.

Aquí sí que hay alguna playa. No invita mucho a bañarse, pero es bien chula. Y toda para nosotros.

Hasta nos encontramos una manada de caballos salvajes.

Ya de vuelta en la isla principal, decidí inmiscuirme al máximo en la vida local. Por ejemplo, asistiendo a una ceremonia de kava. El kava es un tubérculo que crece por muchas islas del Pacífico. Molido y mezclado con agua, lo beben en ocasiones especiales como bodas, pedidas de mano, o, simplemente, en reuniones con amigos. Sus ligeros efectos estupefacientes permiten relajar el ambiente y que las fiestas lleguen a buen puerto. Para beberlo, hay que seguir un ritual de lo más interesante.

Aparte del kava, no son muy dados a beber, ya que son profundamente religiosos. Cristianos, para más señas. De hecho, no se permite el culto a ninguna otra religión. Lo que sí hay son montones de variaciones dentro del cristianismo: católicos, mormones, adventistas de la iglesia del séptimo día, etcétera. Es muy bonito ver cómo los domingos abarrotan las iglesias ataviados con sus mejores galas y se dedican a cantar como en las pelis de gospel. Todos salvo una pequeña comunidad de no sé qué religión que celebra las misas los sábados, ya que ellos consideran que es domingo porque no reconocen la Línea Internacional de Cambio de Hora.

Otra cosa que llama la atención en Tonga es el tamaño desproporcionado de muchos de sus habitantes. Son anchos y muy fuertes. No me extraña que el deporte nacional sea el rugby. Las ceremonias de danza tradicional son espectaculares, viendo a esos monstruacos aporreando tambores y pegando brincos.

Pero, sin duda, lo más llamativo es ver cómo visten. Ellos suelen llevar pareo, y tanto ellos como ellas suelen cubrir sus ropas con unos corpiños de paja.

Atención a los sombreritos que se gastan aquí los amigos.

Así las cosas, llegó la fecha de mi cumpleaños el 16 de abril. Los huéspedes del hotel estaban servidos de exotismo, así que opté por una celebración más clásica: invitar a birras nunca falla.

Mi conclusión final es que Tonga es un destino que merece mucho la pena si se quiere descubrir una cultura única que no se ve afectada por el turismo de masas. Eso sí, a tenor de las experiencias de los demás viajeros, si alguien se encuentra alguna vez en la tesitura de decidir entre Tonga y Samoa, creo que Samoa bien vale los 30 euros de diferencia.

Próximamente, el desembarco en el Nuevo Mundo.

PD: Después de las separaciones y otros problemas logísticos varios, retomamos el blog con nuevos bríos y empezaremos a colgar posts con más frecuencia.

Publicado 1 mayo, 2011 por encualquierotraparte en Tonga

Bali chic (como caída del cielo)   7 comments

Casi 3 semanas en Bali y únicamente tenemos para ofreceros un solitario post… No hay excusa que valga. Podríamos alegar complicaciones de diversa índole: problemas logísticos (Rafa se separó del grupo a los 10 días, llevándose consigo copias únicas de vídeos y fotos clave), problemas de fatiga digital (por partida doble: encender el ordenador y utilizar los dedos para teclear), problemas de falta de inspiración (a lo que los insensatos y ultraliberales llaman equivocadamente pereza), falta de tiempo (venga ya, esta sí que no cuela)…

En cualquier caso, tras una reñida votación (un voto a favor y una abstención por incomparecencia), el Consejo Editorial de encualquierotraparte ha decidido publicar un único post de Bali con las limitaciones propias del directo. Para aquellos suscriptores y asiduos a los que este parche les sepa a poco, Rafa se ofrece a representarles una danza típica balinesa a su vuelta (tal y como ha quedado decidido en votación del Consejo con idénticos resultados a la anterior).

Pero comencemos por el principio… ¿Por qué llamarlo Bali chic? ¿Quién nos  cayó del cielo? ¿Por qué nos cambió la vida (puestos a exagerar, que no quede)?

Nada en Bali hubiera sido lo mismo sin la inestimable visita de la hija predilecta de la isla, comunicadora suprema, maestra del laborioso arte del “inglés adaptado”, íntima amiga de taxistas y camareras locales, imán ultrapotente de rayos de sol y mesías de masajistas y comerciantes textiles en horas bajas. La hermanísima… MARTA (Alcocer).

Marta vino a Bali para recordarnos que el verdadero lujo no consiste en hacer cambalaches contables para poder ahorrar. Ni siquiera en ducharse con agua caliente cada vez que a uno le apetece. Marta nos trataó de convencer de que el lujo deja atrás todo eso. Low class, lo llaman algunos. Como a duras penas seguíamos sus metáforas, nos lo decidió mostrar con un ejemplo práctico al que nos invitó:

El lujo consiste en baños con sales y espuma. En habitaciones climatizadas con balcón y vistas a la piscina. En ajedreces tamaño XXXL. En zapatillas de andar por casa con iniciales bordadas (de qué o de quién, no importa). En abrillantador de zapatos en tu armario. En tomar el desayuno en la cama. En que asuman que tienes pasta y te instalen una caja fuerte en la habitación. En albornoces horteras que ponerte al salir del baño…

No habiendo quedado satisfecha, y pensando seguro que aún no éramos lo suficientemente cool, Marta insistió en mostrarnos también el Bali más chic: la ciudad de Ubud.

Fijaos si Ubud es chic, que allí se filmó parte de la película (bastante tonta, todo hay que decirlo) “Come, Reza, Ama”, protagonizada por la otrora novia de América, Julia Roberts.

En Ubud, Marta también se empeñó en invitarnos. No insistimos en lo contrario, de embelesados que estábamos por esta nueva y frívola forma de vida que se presentaba ante nuestros ojos. Esta vez decidió alojarnos en un hotel con encanto en las afueras de la ciudad. Todo él estaba cuidado y decorado con cuidado esmero: vegetación exuberante, estatuas balinesas, arquitectura típica local… Otro lujo, vamos. El único pero que le ponemos a Ubud es que no hubo día que no lloviera a cántaros. Ni siquiera Marta pudo hacer nada para evitarlo (tampoco lo intentó mucho, la verdad).

Allí nos reencontramos con Indre y Nico, una pareja francesa-lituana con la que habíamos coincidido en las islas Togean (Sulawesi) unas semanas atrás. Él escultor, ella cuidadora de caballos políglota, nos tomamos unas cervecillas juntos un par de noches y nos contaron que vivían en el norte de Francia en una yurta (una especie de tienda de campaña muy común en sitios como Uzbekistán o Turkmenistán). Por lo visto andaban un poco quemados con el gobierno de Sarkozy que, ideologías al margen, había impulsado una ley que impedía a la gente vivir al aire libre (según parece, con el objetivo de acabar con los asentamientos gitanos ilegales en Francia). Consecuencia: a la vuelta de su viaje, Indre y Nico se iban a la calle.

También alquilamos un coche y nos fuimos juntos a visitar los alrededores de Ubud. Nada nuevo bajo el sol: templos, arrozales, pequeñas ofrendas hinduistas en cada rincón… Muy chulo todo, eso sí.

Incluso nos adentramos por caminos selváticos con la esperanza  de encontrar templos ocultos entre la espesura (esperanza bastante fundada: los carteles indicando el camino ayudaban). Los resbalones  y tropiezos no hicieron mella en el grupo y acabamos llegando a nuestra meta. Incluso sorteamos a un tipo apostado en medio del camino que pretendía cobrarnos entrada para poder seguir andando selva a través. –¿Es obligatorio pagar? – Eh… no… – Pues bye bye my friend.

Tantos templos visitamos que, al poco tiempo, empezamos a buscar entretenimientos alternativos:

Como le cogimos el gusto a eso de saltar y hacernos fotos en el proceso, lo repetimos en la playa al día siguiente:

Ya sin Marta, a la que echamos mucho de menos y sin que Bali después fuera lo mismo sin ella (en esto de hacer la pelota, la sutileza no es nuestro fuerte), dedicamos una tarde al templo de Pura Thana Lot, construido en una roca al lado del mar que se hace inaccesible con la subida de las mareas. Nos sorprendió que, pese a lo turistificado que estaba todo, se siguieran celebrando ceremonias religiosas tradicionales. Todos vestidos de blanco, en fila y portando estandartes y ofrendas. Interesante.

Al principio de este post, al intentar convenceros de por qué no nos ha apetecido hemos podido escribir más que un post de Bali, mencionábamos que Rafa se había largado, dejando a Álvaro tranquilo triste y sólo durante cerca de 10 días en la isla.

No es que nos hayamos peleado, no. Lo que ocurre es que Rafa decidió visitar la misteriosa y paradisíaca isla de Tonga, en medio del océano Pacífico. Poco se sabe de sus aventuras. En un momento dado conjeturé que igual se lo había comido una tortuga o un trigger fish (hay antecedentes). Pero que no cunda el pánico, hace escasas horas recibí un e-mail suyo desde Nueva Zelanda en el que mandaba fotillos de Bali para poner en este post. Justo cuando casi tenía el post terminado… A eso se le llama coordinación.

Aunque es difícil no echar de menos a un tipo como Rafa, tampoco me lo pasé mal en Bali sin él y ocupé mi tiempo uniéndome a un “campamento” donde durante 7 días trataron de enseñarme a surfear las imponentes olas balinesas. No hay fotos de esta época de mi vida, pero os aseguro que el surf es muy sufrido (levantarse pronto, remar, mojarse…). También aseguro que me conseguí levantar de la tabla, aunque no me creáis. Y que me metí varias leches marinas (supongo que esto último os resultará más fácil creerlo).

Cada uno por un camino totalmente diferente (rodeando el mundo por extremos opuestos), volveremos a juntarnos en Santiago de Chile el 27 de abril, con una nueva incorporación temporal al equipo. ¿Quién será? Todo sobre Chile y mucho más en próximos posts.

Pero antes, To To To Tooooooonga (hay que hacer presión a Rafa, yo personalmente me muero de ganas de leerlo).

Publicado 22 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

Perdidos en Tana Toraja (19-23/03/2011)   8 comments

Hoy el post va a ser más alegre. Nada de búfalos ensangrentados ni del morbo sangriento con el que tratamos de atraeros para que leyerais el último post (con poco éxito por cierto, ¿la muerte ya no vende o qué pasa?).

Hace un par de semanas os contamos por qué acabamos viniendo a la isla indonesia de Sulawesi. Ya sabéis, la historia de la inesperada recomendación de un libro de visitas en una pequeña pensión del valle iraní de Alamut. Pues bien, la historia no acaba allí. En esa misma pensión coincidimos una noche con una pareja de españoles viajeros a la que le iba “el rollito antropológico” (pese a nuestras sospechas iniciales, no se referían a ningún tipo de perversión sexual con tribus semisalvajes de por medio). La conversación  empezó con los trekkings, siguió por el libro de visitas y finalmente acabó en Sulawesi… ¡Sorpresa!, hacía un año que habían estado allí y les había flipado. ¡Tenéis que ir a Tana Toraja! Paisajes espectaculares, arquitectura característica, una cultura peculiar… ¡Lo tiene todo!

Lo de la cultura peculiar, claro, iba por el asunto del macabro culto a la muerte de los Toraja, que no sólo se caracteriza por el sacrificio brutal de búfalos. Para esta gente, la muerte no es un drama, sino más bien un acontecimiento vital que se trata con un misticismo especial y, a la vez, de forma totalmente natural. Rara vez verás a un Toraja triste por la muerte de un ser querido. Al contrario, los funerales son el evento social  por excelencia de los Toraja, que se pegan unos fiestones de aúpa. A veces, incluso duran una semana de non-stop party.

Una vez celebrado el funeral y pasada la resaca de rigor, toca enterrar al muerto. Las tumbas son, en muchos casos… peculiares.

Tradicionalmente, a los Toraja de clase alta se les enterraba acompañados de las pertenencias que habían poseído en vida. Tiempo atrás, cuando se dedicaban a pasar el tiempo guerreando con las tribus vecinas, los sepulcros se excavaban en inaccesibles paredes de roca maciza para evitar su expolio. Hoy la cosa ha cambiado y ya no existen enemigos “robatumbas”. Sin embargo, los sepulcros (en especial los pertenecientes a los ricos y nobles) ocasionalmente siguen excavándose en la roca.

Junto a las tumbas se yerguen los imperturbables tau tau, unas macabras réplicas de los difuntos talladas en madera cuya misión, al parecer, es la de proteger al muerto en su camino a la otra vida. Lo que tú quieras, pero dan muy mal rollo.

Según nos contó “Juan” (nuestro guía), sólo los ricos pueden tener un tau tau. Afortunadamente, los de la tienda de souvenirs no son tan clasistas y, previo pago, te tallan un bonito tau tau con tus rasgos que luego te mandan a casa por SEUR:

En cuanto a la arquitectura característica Toraja, sólo hay que ver la forma que tienen la mayor parte de las construcciones de la zona:

Son los llamados Tongkonan, casas tradicionales Toraja con forma de cuernos de búfalo, rematados en madera tallada y decorados con colorines variados. Algunas están también adornadas con cornamentas de búfalos muertos.

A ver estos Tongkonan nos llevó nuestro querido guía “Juan”, junto con la pareja de polacos que nos barrió jugando a la pocha días atrás.

Como los anteriores, existen muchísimos Tongkonan parecidos, desperdigados a lo largo y ancho de las cumbres y los valles de Tana Toraja.

A los sitios más turísticos: el funeral, las tumbas y los Tongkonan más famosos, fuimos con “Juan” (todo en una visita de un día, negociada y regateada hasta la última rupia indonesia, como avariciosas ratas ahorradoras que somos). Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que lo mismo que hicimos con guía y chófer lo podíamos haber hecho nosotros solos en transporte público, así que los siguientes 4 días nos dedicamos tranquilamente a patear Tana Toraja por nuestra cuenta.

A pesar de que nos perdimos más de una vez y de que anduvimos más de lo que lo hubiéramos hecho de haber ido con guía, de esta manera descubrimos arrozales en espectaculares terrazas montañosas como éstas…

… y pudimos echar un vistacillo a la vida diaria de los habitantes de las montañas y zonas rurales de Tana Toraja. Más allá de los tópicos relativos a los sangrientos funerales y a las construcciones fúnebres excavadas en roca, los Toraja venden souvenirs, los agricultores cultivan la tierra y los niños van al cole como en cualquier otra parte del mundo.

Una foto de Rafa comprobando de primera mano por qué a estos búfalos los llaman “de agua”:

La época en la que fuimos a Tana Toraja era temporada de lluvias. Aparte de tener cuidado con los inevitables mosquitos (pobre Rafa: menudo coñazo que le di con que me iba a contagiar de encefalitis japonesa, malaria, dengue y nosecuantas otras enfermedades tropicales), había que tener cuidado con no estar en la calle a partir de las 5 de la tarde. A esa hora se ponía a diluviar inevitablemente hasta que se hacía de noche. Un dato útil, aunque más útil y más seco hubiera sido saberlo desde el primer día.

En cualquier caso, eso no era problema para los taxistas locales (los populares Bentor), perfectamente adaptados a las condiciones climatológicas de Tana Toraja:

Próximamente, con Marta en Bali y a todo tren.

Publicado 15 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

Sacrificios funerarios en Tana Toraja   3 comments

Antes de seguir leyendo: algunas de las imágenes contenidas en este post pueden herir sensibilidades. Quedáis avisados.

Cuando por fin bajamos del minibús en la montañosa Tana Toraja, o tierra de los Toraja, nuestro autonombrado y hasta entonces desconocido guía local “Juan” ya nos estaba esperando a pie de hostal.

-¡Habéis tenido suerte! –nos dijo entusiasmado mientras cenábamos- Justo mañana hay un funeral con muchos invitados. No os lo podéis perder. ¡El siguiente es dentro de 4 días y no creo que sea tan bueno! ¿Queréis que os lleve?

De tan macabra que era la oferta, no tuvimos más remedio que aceptar. Igual que en algunos lugares se visitan mezquitas, en otros se bucea y en otros se va uno de tapas, aquí parecía que lo típico era irse de funerales. ¿Cómo íbamos a perdernos uno de los buenos? A lo mejor el del martes siguiente era peor, significase eso lo que significase…

Al día siguiente nos despertamos al alba. “Juan” nos esperaba desde hacía un rato en la puerta del hotel, junto a otro minibús sin amortiguadores ni cinturones de seguridad.

No tardamos en llegar al lugar señalado, debidamente pertrechados del regalo que el protocolo exige a los invitados hacerle a la familia del difunto: un cartón de tabaco. No existe un templo o un lugar fijo donde se celebren los funerales en Tana Toraja, sino que éstos tienen lugar en la residencia familiar del fallecido.

En este caso, se trataba de una casa de una familia de clase media, con un amplio patio interior rodeado de gradas improvisadas para el acontecimiento. No se nos escapó que varios búfalos estaban atados a postes por todo el recinto, sin que nadie les prestase demasiada atención.

Según la tradición, un Toraja no muere por completo hasta que se celebra su funeral. Mientras tanto, se considera que no está muerto sino que simplemente está enfermo o dormido. Cuando esto ocurre, se embalsama el cuerpo y se guarda en su casa, donde “convive” con su familia hasta que ésta consigue ahorrar para celebrar un funeral en condiciones. Un “enfermo” puede permanecer momificado en la residencia familiar durante meses o incluso años enteros, dependiendo del tiempo que se tarde en reunir el dinero suficiente para la celebración.

Originarios de las lluviosas zonas altas de Sulawesi central (Isla de Célebes), los Toraja permanecieron prácticamente aislados del mundo hasta principios del siglo pasado, lo que les ha permitido conservar muchas de sus antiguas tradiciones animistas. Entre estas tradiciones Toraja, los funerales son probablemente las más importantes. Cuanto más rico y poderoso haya sido el muerto, más se gastará la familia en su funeral, que puede durar hasta una semana y reunir cientos de invitados.

Así, ha llegado hasta nuestros días su rito funerario más impactante: el sacrifico ritual de búfalos de agua. Los Toraja sostienen que mediante esta ceremonia el difunto abandona el plano material y se traslada al otro mundo. Así, cuantos más búfalos sacrifique la familia en su honor, más rápido llegará a la otra vida.

Pese a que teníamos una idea de lo que íbamos a presenciar, es difícil estar preparados para lo que vimos.

En este caso, el difunto pertenecía a una familia de clase media, así que “sólo” sacrificaron a 7 animales. En funerales de clase alta, se mata siempre a  24 o más búfalos. Cuando la ceremonia acaba, la carne de los animales sacrificados se distribuye entre los invitados, lo que les convierte en “deudores” de carne. Por ello, los invitados que reciben carne de búfalo deben invitar a su vez a los miembros de esa familia al próximo funeral que celebren. Según nos contó nuestro guía “Juan”, todo Toraja que se precie tiene deudas de carne con otros Toraja.

El ritual del sacrificio es sencillo: se ata al animal a un poste y acto seguido el matarife le da un machetazo en la garganta. Después se deja al búfalo agonizando en el suelo hasta que muere desangrado. Que pase el siguiente.

En menos de una hora sacrificaron así a 6 búfalos, uno detrás de otro. Cada uno de los 5 últimos pudo contemplar cómo mataban al anterior. Simplemente brutal. La verdad es que nos sorprendió mucho que no se pusieran nerviosos ni trataran de escapar al ver lo que les esperaba.

Tras recibir su machetazo, uno de los búfalos consiguió soltarse del poste al que estaba atado y empezó a correr enloquecido con la garganta abierta, chorreando sangre y arrollando todo lo que encontraba a su paso. Los más de 150 invitados, entre los que estábamos nosotros, tratábamos de escapar corriendo de un lado a otro de forma totalmente caótica. Al final la cosa no pasó a mayores y, tras unos momentos de confusión, el animal se desplomó en el suelo.

Por lo visto tuvimos suerte: “Juan” nos comentó que estas cosas sólo suceden 2 o 3 veces al año, así que debíamos sentirnos afortunados por haberlo visto.

Uno de los familiares del difunto era musulmán, así que “su búfalo” fue sacrificado de la manera Halal. Esto es, tumbado sobre su costado izquierdo y mirando a La Meca mientras lo degollaban.

Tras haber matado a todos los búfalos, en menos de 2 horas los familiares despellejaron y descuartizaron los animales allí mismo para poder luego repartir su carne según lo acordado previamente.

Por si no habéis tenido suficiente con las fotos, os dejamos este vídeo. Es bastante desagradable, así que pensadlo dos veces antes de verlo. Lo comenta Rafa.

Además de los búfalos, en los funerales Toraja también se sacrifican cerdos y pollos y se reparte su carne. A diferencia de los búfalos de agua, no es la familia la que los trae sino que lo hacen los invitados. Además, se matan en privado y en un lugar apartado del lugar de la celebración.

Tras matar y descuartizar los búfalos, llega el resto de invitados y comienza la ceremonia propiamente dicha, con ofrendas, rituales religiosos y demás parafernalia.

Resulta curioso ver a los invitados desfilar impertubables mientras pasan al lado de los restos de los malogrados búfalos…

Próximamente, campos de arroz, calaveras y trekkings en la montañosa Tana Toraja…

Publicado 9 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

De Manado a Makassar (09-22/03/2011)   5 comments

Aquellos que sigáis el blog recodaréis (o no) que allá por noviembre estábamos dando tumbos por el escarpado valle iraní de Alamut, cuna de la legendaria secta de los “Hasashin”.

Resulta que la pensión en la que dormimos, la única del pueblo, tenía un voluminoso libro de visitas donde los huéspedes se dedicaban a escribir sus ocurrencias. Echando un ojo a los comentarios de la gente, descubrimos que algún iluminado había dejado escrito que si los trekkings en Alamut son buenos, los “trekkings de Sulawesi son de otro planeta”. Estupendo. El único problema era que Sulawesi es una isla de Indonesia, tan cerca de Irán como Madrid de Nairobi.

Casualidades de la vida, Indonesia estaba en nuestros planes de ruta y, si bien la idea era recorrer la isla de Java, la brutal erupción del volcán Merapi nos hizo cambiar de idea. Así que a Sulawesi que fuimos.

Tras aterrizar en Manado y dejar atrás el buceo de Bunaken, se nos presentaba la interesante empresa de llegar a Makassar, desde donde volábamos a Bali 15 días después. Manado está en la punta norte de la isla y Makassar en la sur, a unos 1.700 Km.

Puede no parecer mucho pero, señores, esto es Indonesia y aquí se toman las cosas con muuuuucha calma. Primera etapa: Manado-Gorontalo. Distancia recorrida: 200 Km. Tiempo empleado: 12 horazas. Ingenuos de nosotros, nos creímos lo que nos dijeron en la estación de autobuses de Manado: “el bus sale a las 12:00 y tarda 8 horas, así que llegáis a tiempo para coger el ferry de las 20:30 a las islas Togean”. El bus no salió hasta las 2 y media y llegamos a la 1 de la mañana.

Los ferries no son diarios, así que tuvimos que pasar dos noches en Gorontalo esperando a que zarpara al siguiente. Pues nada, a dar una vuelta por la ciudad y sus alrededores.

Como apenas hay turismo en la ciudad, los restaurantes no abundan y hay que buscarlos. Cuando los encuentras comes y, por supuesto, después te haces una foto con toda la familia:

Gorontalo es mayoritariamente cristiano, aunque Indonesia es el país con mayor población musulmana del mundo y se nota:

Visitando un parque natural de los alrededores:

Por fin llego el día de coger el ferry y ¡sorpresa!, por la mañana había tenido lugar el tsunami en Japón y algunas partes de Indonesia estaban en alerta… ¿Qué hacemos? Álvaro era partidario de echarse al monte. Rafa, de conectarse a Internet. Tras informarnos debidamente, consultar con las autoridades portuarias y soportar comentarios socarrones de los locales (debíamos ser los vigésimos turistas que le preguntaban si el tsunami iba a llegar a Gorontalo y las Togean, que están totalmente protegidas por una bahía), decidimos coger el ferry nocturno.

12 horas después (durmiendo en cubierta por si al barco le daba por hundirse) llegamos a las paradisíacas islas Togean.

Allí pasamos 3 días en un hotel con pensión completa. No somos muy partidarios de ese tipo de hospedaje, pero el hotel era la única edificación de la isla, así que no teníamos muchas más opciones. Si querías comer fuera, tenías que buscarte la vida en la selva. Como somos gente flexible, supimos adaptarnos al incordio de ser llamado a la mesa 3 veces al día. Con el tiempo, también aprendimos a valorar la playa desierta de arena blanca a tres metros de nuestro bungalow y los arrecifes de coral que rodeaban la isla.

Además, el hotel tenía contratado un espectáculo de luz y sonido que tenía lugar en el horizonte todas las tardes. La temática de la obra era algo repetitiva, aunque nunca nos cansamos y acudíamos puntuales a verla cada día:

Todo esto por 7 euros por persona y noche. Eso sí, no había agua caliente y la electricidad la conectaban únicamente durante unas pocas horas al día. Tampoco había cobertura y para llamar por teléfono te tenías que esperar a que a alguien del hotel se le ocurriese ir a la isla principal a por provisiones. Para compensar tenían una piscina de agua marina en la que nadaban 4 tiburones “black tip”.

Dejamos atrás las islas Togean y nos dirigimos a Sulawesi Central, una zona que hace 5 años fue tristemente famosa por conflictos religiosos y atentados con bomba en varias mezquitas e iglesias. Poco a poco vuelve a atraer turismo pero se nota que le cuesta. Es una pena, porque sus paisajes son impresionantes.

Aunque no lo parezca, lo de la foto es un lago, no el mar.

El hotel en el que nos alojamos tenía un tucán gigante en el jardín. No viene a cuento pero mola.

En el hotel del tucán fue donde conocimos a estos 2 polacos. Unos jefazos: estaban de luna de miel viajando con un presupuesto similar al nuestro. Son gente lista los polacos: a éstos en particular se nos ocurrió enseñarles a jugar a la pocha y 2 días después ya nos machacaban sin piedad.

Habrá poco turismo, pero la globalización sin duda ha llegado a Sulawesi Central. Prueba de ello es este señor, que estaba tan contento tragándose un Athletic de Bilbao – Getafe en la tele de su restaurante.

Seguimos bajando hacia el sur hasta llegar a Tana Toraja, la región más pintoresca y espectacular de Sulawesi. Nos quedamos 5 días pero dieron tanto juego que os lo vamos a contar en los próximos dos post. Estad atentos porque os prometemos que vais a flipar (sobre todo con el siguiente post). Os vais a quedar igual que Rafa en esta foto:

Por si os lo preguntáis, conseguimos llegar a nuestro destino final el día previsto y conseguimos coger el vuelo a Bali sin problemas. De todo el recorrido entre Manado y Makassar sólo hay 2 puntos que no nos entusiasmaron: Manado y Makassar. Aunque, para ser un poco justos, hemos de admitir que en ésta última hay algo de vida nocturna (karaokes, básicamente) y se come bien, barato y abundante. Por lo demás, nada interesante y ninguna foto que mostraros.

Próximamente, un post no apto para corazones delicados.

Publicado 3 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

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