Las minas de Potosí (13/5/2011)   8 comments

Año 1545: Un pastor quechua llamado Diego Huallpa se perdió mientras conducía a su rebaño de llamas de pasto en pasto. Al caer la noche, muerto de frío, encendió una gran fogata a los pies de la montaña conocida hoy como Cerro Rico. Al levantarse a la mañana siguiente descubrió unos hilillos que brillaban entre los restos de la hoguera. Estos hilillos no eran otra cosa que filamentos de plata que había sido fundida por las llamas. Había tanta plata en esa montaña que las vetas alcanzaban la superficie. Unos días después, un grupo de españoles confirmó el hallazgo del pastor y fundaron un poblado para explotarlo. Llamaron a este poblado Potosí.

Esta bonita historia que narra los orígenes de las minas de Potosí nunca pudo haber ocurrido, ya que un fuego preparado por una persona para calentarse no puede alcanzar ni de lejos los 961 grados necesarios para fundir la plata.

Leyenda o realidad, lo cierto es que las minas de Potosí se vienen explotando desde hace más de 4 siglos. Tras tanto tiempo de extraer plata, zinc y estaño de las entrañas de la tierra, la exuberante riqueza de antaño prácticamente se ha agotado. La que aún queda resulta tan difícil de extraer que casi no compensa hacerlo y las grandes empresas mineras hace ya mucho tiempo que abandonaron el lugar buscando yacimientos más rentables.

Sin embargo, el Cerro Rico de Potosí sigue siendo un poderoso imán para innumerables bolivianos que sueñan con encontrar la VETA DE PLATA con la que hacerse ricos de la noche a la mañana. Las empresas tradicionales han sido sustituidas por cooperativas de mineros donde las más básicas medidas de seguridad son un lujo innecesario. Unos pocos privilegiados consiguen retirarse a tiempo con los bolsillos llenos, pero la mayoría encuentra una muerte prematura por la inhalación continuada de polvo o, en el peor de los casos, por explosiones mal calculadas, gases tóxicos o derrumbes. Algunas fuentes calculan que, desde el siglo XVI, han muerto en la explotación de la mina unas 8 millones de personas. Con razón se conoce al imponente Cerro Rico como “la montaña que come hombres”.

Ante este panorama, decidimos visitar el interior de la mina con Carlos, un experimentado minero de la zona que había decidido retirarse a tiempo del oficio y dedicarse a guiar a los turistas en su recorrido por las entrañas de la tierra.

Tras pertrecharnos debidamente, cogimos un bus local y nos dirigimos hacia lo alto del Cerro Rico, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Nuestra primera parada fue el mercado minero, donde compramos algunos “regalos” con los que romper el hielo con los trabajadores que nos encontrásemos dentro: alcohol 96º, soda para mezclar (y hacerse cubatas, como luego comprobaríamos), dinamita, cigarros y hojas de coca.

Antes de penetrar en la mina, Carlos nos advirtió sobre las medidas de seguridad más importantes a seguir dentro: ante todo, nada de mentar a Jesucristo, a la Virgen ni a Dios. La superstición dicta que allí habita y reina el TIO, una especie de deidad maléfica que se lleva a matar con el “flaco de arriba”.

Cada vez que nos encontrábamos con una estatua del TIO (al menos vimos 5 allí abajo), Carlos realizaba el mismo ritual. Sacaba su inmensa bolsa de hojas de coca (de la que además daba buena cuenta metiéndose en la boca inmensos puñados a cada rato, que mascaba como si le fuera la vida en ello) y los esparcía sobre la estatua. Después le encendía un cigarro en un agujero que hacía las veces de boca y terminaba sirviéndonos a cada uno un chupito de alcohol 96º que debíamos compartir también con el TIO echándole parte por encima.

Es muy importante satisfacer al TIO: si está disgustado, tiene a su alcance mil formas para llevarse tu vida por delante. Si está feliz, te permitirá alcanzar el sueño de encontrar una veta de mineral puro que te “convierta en millonario”.

Tras recorrer varios cientos de metros de angostos pasadizos, subiendo y bajando inestables escalas de madera, reptando por el barro y pasando a escasos centímetros de vetas cubiertas por arsénico puro, comprendimos por qué las condiciones de vida en la mina son tan duras. Como habíamos oído, la seguridad es la última prioridad. Si a eso le unimos el que muchas veces hacen turnos de 24 horas y que se toman un copazo de alcohol 96º a cada rato, además de los esporádicos cigarritos, la combinación es potencialmente letal.

Siguiendo con las supersticiones mineras, la tradición manda que una vez al año se sacrifiquen unas cuantas llamas para contentar a la Pachamama, la diosa de la tierra. En caso contrario, le entrará hambre y se cobrará la vida de mineros hasta quedar saciada. Cuantas más llamas sacrifiques, más contenta estará.

Al parecer, los mineros se vierten la sangre de la llama en diversas partes de su cuerpo según quieran protegerse de unos u otros peligros. Nuestro guía, por ejemplo, acostumbraba a echarse sangre en los párpados para “atravesar la roca con la mirada y saber dónde es mejor excavar” y para “evitar quedarse dormido cuando se emborracha en la mina”. ¿Qué le pasa a esta gente con el alcohol?

Pudimos comprobar cómo los mineros tienen perfectamente asumido que su oficio les va a restar muchos años de vida, aunque lo admiten con un orgullo admirable. Puede que sigan allí porque la mayoría de ellos entraron a trabajar siendo niños y no conocen otra forma de vida. O puede ser que de veras confíen en conseguir hacerse millonarios y acceder a una vida de lujos.

En cualquier caso, se estima que hay unas 15.000 personas dedicadas a horadar el subsuelo del Cerro Rico. La mayoría de ellas nunca saldrán de la mina.

Próximamente, ciudades bolivianas a mucha y poca altura.

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Publicado 8 junio, 2011 por encualquierotraparte en Bolivia

8 Respuestas a “Las minas de Potosí (13/5/2011)

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  1. Impresionante documento,pero con dos comentarios:De siempre pensamos que lo que vendra es espiritual,pero despues de ver o TIO,sera verdad todo lo que se cuenta,porque para que necesita esos atributos.Segundo viendo a estas personas el tipo de vida que llevan entiedo,que coman coca para poder soportarlo,y que bebean alcohol para olvidarlo(se entiende mejor que lo de la litrona).Suerte,y un abrazo

  2. Alvaro, por qué llevas una cinta de nikkon de bandolera? Te has pasado a la competencia??

    Rafa, en la pista de patinaje de hielo de Majadahonda te echan de menos.

    Un abrazo fuerte.

    Edu el que mola
  3. Muy interesante reportaje, muchachos. Gracias y besos.

  4. Veo que no cambio nada despues de 10 anos… otro post informativo pero claro, necesario de veces en cuando… Veo que estan en Porto Alegre ahora mismo! BRAZIOUUUUU……

  5. Muy interesante, chicos. Un dios un poco juergas el Tio éste: en la mano un botellín, en la boca un cigarrito, por no hablar de sus atributos masculinos, jaja..
    Felicidades, Álvaro: estás a puntito de hacerte un poquitín más viejales. Besos desde Madrid

  6. Update YA o el TIO os castigara con un mal pedo!

  7. Alvaro, Felicidades¡ allá donde estés. Me dicen las malas lenguas que andas por Brasil, lo que me lleva a pensar que tenéis el blog un tanto manga por hombro (o es que Brasil es mucho Brasil?). En cualquier caso tómate una caipirinha a mi salud y yo, que saldré en un ratito, me pediré una caña en tu honor. Un beso de tu tío. Gonzalo

    gonzalo garcía-rosales
  8. FELICIDADES ALVARITO!!! disfrutad mucho de tu cumple y celebradlo como la ocasión lo merece! Ya estoy en Madrid, en cuanto estéis por aquí de vuelva avisad para vernos y presentaros a Félix 🙂 un besazo!

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