Entrando en Bolivia por todo lo alto (8-10/5/2011)   9 comments

Como bien dice el título del post, entramos en el país de Evo Morales por todo lo alto. Tan alto como pueden ser 4.000 y pico metros sobre el nivel del mar.

Cruzamos la frontera chilena y, tras 80 kilómetros surcando el desierto por tierra de nadie, llegamos al control de aduanas del país vecino. Allí nos esperaban los jeeps con los que cruzaríamos el desierto durante los dos días siguientes, además de un triste y solitario funcionario que nos selló los pasaportes y nos dio la bienvenida a Bolivia y al altiplano andino.

Uno de los jeeps con uno de sus intrépidos pasajeros (parece que posa, pero no, siempre se coloca así al salir del vehículo por si a alguien se le ocurre retratarle. La diferencia es sutil):

Tras media hora de conducción entramos en la Reserva Nacional de Fauna Eduardo Avaroa. Aunque fauna vimos poca: apenas un par de zorros, unas cuantas vicuñas y una bandada de flamencos despistados que se habían retrasado en su migración hacia tierras más cálidas. Sin embargo, los paisajes que visitamos estos días fueron, sin lugar a dudas, los más impresionantes desde que iniciamos nuestro viaje allá por octubre del año pasado.

Para empezar, el brillante cielo. No sabemos si es a causa de la altura, de la la total ausencia de contaminación o de una mezcla de ambas, pero allí tiene siempre un intenso color azul difícil de encontrar en otras partes del mundo. Súmale a eso el contraste con las blanquísimas nubes y obtendrás un marco perfecto para el increíble cuadro de colores imposibles y relieves de película de ciencia ficción que es el paisaje altiplánico.

Por no hablar de las montañas, cordilleras y volcanes que se alzan en el horizonte, cubiertos casi todos de nieves perpetuas. Si ya la altura media de la zona ronda los 4.000 metros sobre el nivel del mar, más de una cima supera los 6.000. Poca broma.

¿Y qué decir de las espectaculares lagunas? Tranquilas superficies de agua inmóvil, al modo de espejos gigantes que reflejan el cielo y las montañas. Laguna Verde, Laguna Blanca, Laguna Colorada… Cada una con una tonalidad característica que les da su nombre en función del mineral que predomina en sus aguas (salvo una repleta de azufre, a la que llaman “Laguna Hedionda”):

En una zona sísmica como ésta, tampoco faltan los géiseres y las aguas termales (aquí no fuimos tan nenazas como en Atacama y nos dimos un baño):

Y para completar los paisajes de impresión, no podemos olvidarnos de que gran parte del tiempo lo pasamos atravesando enormes extensiones de desierto arenoso (aunque solíamos aprovecharlas para echar una cabezada entre duna y duna, que viajar cansa mucho).

Si nos limitásemos a valorar únicamente las maravillas naturales y el paisaje, el viaje habría sido inmejorable. Incluso teniendo en cuenta que hacía un frío glacial y que nos alojaron en un refugio al que llamaban “básico” con razón. Nada que no se solucione tomando prestadas las mantas de las camas de las habitaciones vecinas (hasta 7 mantas podían contarse encima de Álvaro: la primera vez en la vida que hizo ejercicio mientras dormía, del peso que tenía que levantar para moverse).

Tampoco nos importó demasiado tener que lidiar con el mal de altura. Con la falta de oxígeno, las tareas sencillas (como transportar la mochila del coche a la habitación o llevar el tenedor del plato a tu boca) se convierten en hercúleas pruebas de resistencia y valor. Por no mencionar el dolor de cabeza de las alturas altiplánicas, sólo equiparable al de una buena resaca post noche de copas a base de anís del mono, absenta y vino don Simón. Pero bueno, un par de chutes de ibuprofeno y asunto arreglado.

No señores, no. Si algo falló en este viaje fue el factor humano. Ojo, que no hablamos de nuestros compañeros de expedición: 3 israelíes muy majetes y 2 chilenas silenciosas:

Ya nos advirtieron en San Pedro de Atacama de que los chóferes bolivianos eran unos borrachuzos. No le dimos demasiada importancia y lo atribuimos a las típicas habladurías y rencillas entre habitantes de ciudades fronterizas. Pero es que aún no conocíamos a Roberto; o Sobber, como se hacía llamar                (no deja de ser irónico que “sobber” en inglés signifique sobrio…)

El primer día todo normal. Un tipo correcto y formal, incluso demasiado callado. El problema fue el segundo día cuando, tras desayunar y estando a punto de subirnos a los jeeps para continuar ruta, aparece el personaje con los ojos enrojecidos y el pelo apelmazado  por el sudor mostrando orgulloso dos botellas de pisco vacías. –Mi desayuno– proclamó el tipo orgulloso, riéndose como un imbécil.

Nos quedamos flipando. Era evidente que estaba cocido como un piojo. El otro conductor decidió lavarse las manos y se desentendió del asunto. Tras hacer un análisis rápido de la situación -estábamos en medio del desierto y el único modo de salir era con un jeep complicado de conducir-, decidimos intentar convencer al infame individuo de que uno de los israelíes condujera (un chaval de 22 años recién salido del servicio militar en Israel y con experiencia en el manejo de vehículos pesados por terrenos desérticos).

Humillado, el conductor aceptó a regañadientes y cedió el vehículo al pobre chico durante un rato, durante el que no paró de pegar gritos y de insultar a todo el mundo. – ¡Pero mete quinta carajo! ¡Más rápido! ¡Manejas muy mal! ¡Vas a pagar tú la gasolina!- El israelí no entendía una sola palabra, sólo sabía que tenía a un individuo al lado que no paraba de gritarle y que olía muy mal.

Después de un par de horas, paramos a hacer una visita de unas rocas espectaculares en medio del desierto. El anormal de Sobber se sacó una birra como aperitivo y se plantó en el asiento del conductor, amenazando con dejarnos allí tirados si no conducía él.

Parecía razonablemente sereno y la  única alternativa a su propuesta hubiera sido  lincharle y meterle en el maletero a la fuerza (medida que consideramos seriamente). Así, teniendo en cuenta que en el desierto no hay muchos obstáculos con los que chocarse, que no íbamos a pasar de los 40 km/h y que con el tiempo la cosa iría a menos, decidimos dejarle conducir y que no diese la vara.

En ese tiempo no paró de balbucear estupideces y de pasar de la euforia al cabreo a cada rato. El caso es que acabamos llegando a un pueblo minero donde se encontró con un amigo al que decidió meter en el coche. En contra de lo que habíamos pensado, su grado de intoxicación no remitía, así que le “sugerimos” que al menos dejase conducir a su amigo. Sorprendentemente el tipo accedió y se acomodó en el asiento del copiloto.

Cuando por fin llegamos a Uyuni, el estado del tipejo era tan lamentable que verlo daba una mezcla de pena y asco. Se había quedado dormido y al despertarle apenas podía articular palabra para, acto seguido, volverse a dormir. Así quedó retratada su entrada triunfal en el pueblo:

Cuando por fin llegamos a la agencia, no hubo que explicar nada a los responsables. Con sólo mostrarles al chófer fue suficiente. Nos devolvieron el dinero y nos aseguraron que Sobber no volvería a trabajar allí. El tipo merece estar en la cárcel y pensamos en denunciarle. Pero bueno, digamos que, como en tantos otros países sudamericanos, la policía aquí puede suponer más un problema que una solución…

En cualquier caso, no podemos dejar que una mala experiencia con un desgraciado empañe nuestra opinión sobre el altiplano andino boliviano. Como hemos dicho antes, ha sido probablemente el lugar más increíble que hemos visitado hasta ahora. Nadie que venga a Bolivia se lo puede perder. Sólo basta con elegir con más cuidado con quién contratas el transporte (si tu chófer se presenta como Sobber el sobrio, desconfía…).

Próximamente, gigantes y liliputienses en el Salar de Uyuni.

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Publicado 27 mayo, 2011 por encualquierotraparte en Bolivia

9 Respuestas a “Entrando en Bolivia por todo lo alto (8-10/5/2011)

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  1. Me parecen paisajes de películas de extraterrestres. Me fascinan. Lástima lo de Roberto.
    Besos.

  2. jajjaj…parecido al peruano que casi nos desbarranca……..un abrazo

  3. muy muy muy bueno chicos

    guillaume desclee
  4. Buen reportaje, chicos, y unas fantásticas fotos. ¡Menos mal que nos enteramos de vuestras aventuras en diferido, que si no, alguna mamá por ahí andaría nerviosilla… Un besazo a mis intrépidos viajeros… y a ver si el próximo post llega antes, que ya echábamos de menos vuestas aventuras. Cuídaos.

  5. El reportaje fotografico,un espectaculo.Los cielos son ciencia ficcion.El baño muy bueno,pero lo mejor que lo conteis.Suerte (que la teneis),y un abrazo para todos

  6. Hola chicos estoy impresionada con los paisajes sobre todo de Bolivia besos

  7. Increible… me ha encantado el post, Bolivia y Perú son unos de mis próximos destinos junto con Camboya, Tailandia y sudáfrica. Tendré que pediros opinión 🙂 un beso grande chicos!

    ro gómez-arnau
  8. Los FOTONES de este post han merecido la larga espera. Mi más sincera enhorabuena.
    Espero que ya estéis en Brasil y que vayáis a visitar a Chil para que os desvele los misterios de la samba.
    Saludos a Sobber.
    BESAZOS

  9. impresionantes fotos!! Alvarito va tener que montar una exposición con tanto y buen material!!

    Nos vemos chavales!!

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