Archivo para 17 mayo, 2011

Sweet home Atacama (6-8/05/2011)   8 comments

20 horas de autobús dirección norte, en línea recta por la carretera Panamericana: 30 euros.

Cena a base de perrito caliente cutre salchichero en estación de servicio perdida de la mano de Dios: 1,5 euros.

Mear en letrina apestosa de la misma estación de servicio: 0,2 euros.

Despertarse en el bus al amanecer y contemplar la inmensidad del desierto más árido del mundo frente a ti… no tiene precio.

Se nos acaban los recursos literarios y ya tiramos de frases hechas inventadas por los publicistas de Mastercard. Disculpad. Aunque en este caso nos venían al pelo.

Nuestra última escala en Chile fue el desierto de Atacama. Cierta profesora de geografía del colegio (hola Loli) nos enseñó hace ya muchos años que se trata del lugar más árido del mundo. Correcto. También nos contó (lo dice Rafa, Álvaro afirma no acordarse) que allí los coches no tienen limpiaparabrisas porque no hay lluvia que limpiar. Rotundamente falso. ¿O es que acaso cada fábrica de coches tiene una línea especial de producción para los 4 mataos que viven por esta zona del mundo? Pues no, lógicamente. Pobre Rafa, que ha vivido tanto tiempo engañado…

En un paisaje tan inhóspito como éste sólo pueden sobrevivir los cactus y algún que otro matojo reseco del que se alimentan las llamas, los camellos rastafaris del altiplano andino.

San Pedro de Atacama no tiene demasiado encanto. Con el tiempo se ha ido convirtiendo en un pueblo sin alma totalmente orientado al turismo, en el que  puedes encontrar desde los locutorios más caros de todo Chile hasta comida italiana del montón. Eso sí, está situado en un enclave privilegiado, rodeado de volcanes activos de 6.000 metros de altura y de imponentes cordilleras de sal.

Como la oferta hotelera y gastronómica de la zona es prácticamente inexistente fuera de San Pedro (y la que hay, se escapa de nuestro exiguo y castigado presupuesto), montamos allí nuestro campamento base y nos dedicamos a explorar los alrededores contratando con una de las 400 agencias que había en el pueblo. La que nos hizo mejor precio, claro. Con el tiempo acabaríamos arrepintiéndonos de nuestra tacañez, aunque de eso os hablaremos en el siguiente post…

Una de las excursiones, quizás la más espectacular que hicimos en Chile, nos llevó a los géiseres del Tatio. Estos chorros de agua caliente y vapor se caracterizan por su naturaleza crápula y por su moral dudosa, ya que sólo salen de noche y alcanzan su apogeo al amanecer, como si se estuviesen yendo de after los muy desfasados. Y eso 7 días a la semana, 365 días al año. A saber qué se toman para aguantar ese tute… Las malas lenguas hablan de azufre y cianuro, no os digo más.

Mirad éste, por ejemplo, que parece que va a explotar:

Como os hemos comentado, los géiseres duermen de día, sólo salen de noche y alcanzan su plenitud al amanecer, lo que nos parecería estupendo si para visitarlos no tuviese uno que despertarse a las 3 y media de la madrugada. Y no tanto por las horas intempestivas, sino por el frío polar que hace en ese momento a 4.300 metros de altura en el p**o desierto.

Aquí hacemos un breve inciso para hablaros de nuestro equipaje. Al meter cosas en la mochila, uno tiende a dejarse llevar por la emoción del momento y a pensar únicamente en lo necesario para las playas de Tailandia y Brasil, para las urbes indias o para las selvas de Camboya. A saber: crema para el sol, chanclas, bermudas, camisetas, tangas de leopardo… Esas cosas. Como mucho, metes un suéter por si refresca (frase de abuela total), un cortavientos para ¿cortar el viento? y unas botas de montaña por si te da por echarte al monte como un vulgar maqui.

Pues bien, advertidos del frío que podía llegar a hacer, recurrimos a la táctica de la cebolla. A saber: ponerse capas y capas de ropa hasta que no te puedes ni mover. 2 pares de pantalones, 2 de calcetines, el pijama, 2 camisetas, 1 camiseta térmica, 2 sudaderas, 1 jersey y el “cortavientos”. Con eso, unas manoplas y un gorro que nos agenciamos, pensábamos que estaríamos a salvo del frío. Nada más lejos de la realidad. Una vez llegamos a los géiseres a las 6 de la mañana, nos dieron de desayunar y os puedo asegurar que en lo único que pensábamos era en echarnos el café hirviendo dentro del segundo par de pantalones.

A continuación, una muestra del “encebolle” después de haber amanecido (no tenemos fotos cuando aún era de noche porque es complicado hacer fotos con las manos dentro de, 1º, unas manoplas y, 2º, los bolsillos):

Fernando es un tipo duro y entre los muchos trucos de supervivencia contra el frío que conoce está el de saltar por encima de chorros de vapor a presión. Efectivo pero arriesgado. Que se lo pregunten a los mejillones al vapor:

Al final le acabamos cogiendo el gustillo a eso de cruzar chorros de vapor.

Poco a poco, el sol acabó por salir y la temperatura fue haciéndose más soportable, así que aprovechamos para hacer muchas fotitos de los géiseres y de nosotros posando con ellos.

Hubo gente que incluso se atrevió a darse un baño en unas aguas termales que había por ahí. Nosotros no fuimos de esos insensatos valientes. No por frío en sí, no, sino más bien por miedo a que el efecto del frío pudiese hacer dudar de nuestra virilidad en algún posible descuido indiscreto.

Así que nosotros seguimos a lo nuestro, retratando a los géiseres y a nosotros mismos caminando felizmente entre ellos hasta que se retiraron a las entrañas de la tierra a dormirla.

Próximamente, surcando Bolivia en 4×4 (16).

Publicado 17 mayo, 2011 por encualquierotraparte en Chile

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