Archivo para 15 abril, 2011

Perdidos en Tana Toraja (19-23/03/2011)   8 comments

Hoy el post va a ser más alegre. Nada de búfalos ensangrentados ni del morbo sangriento con el que tratamos de atraeros para que leyerais el último post (con poco éxito por cierto, ¿la muerte ya no vende o qué pasa?).

Hace un par de semanas os contamos por qué acabamos viniendo a la isla indonesia de Sulawesi. Ya sabéis, la historia de la inesperada recomendación de un libro de visitas en una pequeña pensión del valle iraní de Alamut. Pues bien, la historia no acaba allí. En esa misma pensión coincidimos una noche con una pareja de españoles viajeros a la que le iba “el rollito antropológico” (pese a nuestras sospechas iniciales, no se referían a ningún tipo de perversión sexual con tribus semisalvajes de por medio). La conversación  empezó con los trekkings, siguió por el libro de visitas y finalmente acabó en Sulawesi… ¡Sorpresa!, hacía un año que habían estado allí y les había flipado. ¡Tenéis que ir a Tana Toraja! Paisajes espectaculares, arquitectura característica, una cultura peculiar… ¡Lo tiene todo!

Lo de la cultura peculiar, claro, iba por el asunto del macabro culto a la muerte de los Toraja, que no sólo se caracteriza por el sacrificio brutal de búfalos. Para esta gente, la muerte no es un drama, sino más bien un acontecimiento vital que se trata con un misticismo especial y, a la vez, de forma totalmente natural. Rara vez verás a un Toraja triste por la muerte de un ser querido. Al contrario, los funerales son el evento social  por excelencia de los Toraja, que se pegan unos fiestones de aúpa. A veces, incluso duran una semana de non-stop party.

Una vez celebrado el funeral y pasada la resaca de rigor, toca enterrar al muerto. Las tumbas son, en muchos casos… peculiares.

Tradicionalmente, a los Toraja de clase alta se les enterraba acompañados de las pertenencias que habían poseído en vida. Tiempo atrás, cuando se dedicaban a pasar el tiempo guerreando con las tribus vecinas, los sepulcros se excavaban en inaccesibles paredes de roca maciza para evitar su expolio. Hoy la cosa ha cambiado y ya no existen enemigos “robatumbas”. Sin embargo, los sepulcros (en especial los pertenecientes a los ricos y nobles) ocasionalmente siguen excavándose en la roca.

Junto a las tumbas se yerguen los imperturbables tau tau, unas macabras réplicas de los difuntos talladas en madera cuya misión, al parecer, es la de proteger al muerto en su camino a la otra vida. Lo que tú quieras, pero dan muy mal rollo.

Según nos contó “Juan” (nuestro guía), sólo los ricos pueden tener un tau tau. Afortunadamente, los de la tienda de souvenirs no son tan clasistas y, previo pago, te tallan un bonito tau tau con tus rasgos que luego te mandan a casa por SEUR:

En cuanto a la arquitectura característica Toraja, sólo hay que ver la forma que tienen la mayor parte de las construcciones de la zona:

Son los llamados Tongkonan, casas tradicionales Toraja con forma de cuernos de búfalo, rematados en madera tallada y decorados con colorines variados. Algunas están también adornadas con cornamentas de búfalos muertos.

A ver estos Tongkonan nos llevó nuestro querido guía “Juan”, junto con la pareja de polacos que nos barrió jugando a la pocha días atrás.

Como los anteriores, existen muchísimos Tongkonan parecidos, desperdigados a lo largo y ancho de las cumbres y los valles de Tana Toraja.

A los sitios más turísticos: el funeral, las tumbas y los Tongkonan más famosos, fuimos con “Juan” (todo en una visita de un día, negociada y regateada hasta la última rupia indonesia, como avariciosas ratas ahorradoras que somos). Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que lo mismo que hicimos con guía y chófer lo podíamos haber hecho nosotros solos en transporte público, así que los siguientes 4 días nos dedicamos tranquilamente a patear Tana Toraja por nuestra cuenta.

A pesar de que nos perdimos más de una vez y de que anduvimos más de lo que lo hubiéramos hecho de haber ido con guía, de esta manera descubrimos arrozales en espectaculares terrazas montañosas como éstas…

… y pudimos echar un vistacillo a la vida diaria de los habitantes de las montañas y zonas rurales de Tana Toraja. Más allá de los tópicos relativos a los sangrientos funerales y a las construcciones fúnebres excavadas en roca, los Toraja venden souvenirs, los agricultores cultivan la tierra y los niños van al cole como en cualquier otra parte del mundo.

Una foto de Rafa comprobando de primera mano por qué a estos búfalos los llaman “de agua”:

La época en la que fuimos a Tana Toraja era temporada de lluvias. Aparte de tener cuidado con los inevitables mosquitos (pobre Rafa: menudo coñazo que le di con que me iba a contagiar de encefalitis japonesa, malaria, dengue y nosecuantas otras enfermedades tropicales), había que tener cuidado con no estar en la calle a partir de las 5 de la tarde. A esa hora se ponía a diluviar inevitablemente hasta que se hacía de noche. Un dato útil, aunque más útil y más seco hubiera sido saberlo desde el primer día.

En cualquier caso, eso no era problema para los taxistas locales (los populares Bentor), perfectamente adaptados a las condiciones climatológicas de Tana Toraja:

Próximamente, con Marta en Bali y a todo tren.

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Publicado 15 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

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