Archivo para abril 2011

Bali chic (como caída del cielo)   7 comments

Casi 3 semanas en Bali y únicamente tenemos para ofreceros un solitario post… No hay excusa que valga. Podríamos alegar complicaciones de diversa índole: problemas logísticos (Rafa se separó del grupo a los 10 días, llevándose consigo copias únicas de vídeos y fotos clave), problemas de fatiga digital (por partida doble: encender el ordenador y utilizar los dedos para teclear), problemas de falta de inspiración (a lo que los insensatos y ultraliberales llaman equivocadamente pereza), falta de tiempo (venga ya, esta sí que no cuela)…

En cualquier caso, tras una reñida votación (un voto a favor y una abstención por incomparecencia), el Consejo Editorial de encualquierotraparte ha decidido publicar un único post de Bali con las limitaciones propias del directo. Para aquellos suscriptores y asiduos a los que este parche les sepa a poco, Rafa se ofrece a representarles una danza típica balinesa a su vuelta (tal y como ha quedado decidido en votación del Consejo con idénticos resultados a la anterior).

Pero comencemos por el principio… ¿Por qué llamarlo Bali chic? ¿Quién nos  cayó del cielo? ¿Por qué nos cambió la vida (puestos a exagerar, que no quede)?

Nada en Bali hubiera sido lo mismo sin la inestimable visita de la hija predilecta de la isla, comunicadora suprema, maestra del laborioso arte del “inglés adaptado”, íntima amiga de taxistas y camareras locales, imán ultrapotente de rayos de sol y mesías de masajistas y comerciantes textiles en horas bajas. La hermanísima… MARTA (Alcocer).

Marta vino a Bali para recordarnos que el verdadero lujo no consiste en hacer cambalaches contables para poder ahorrar. Ni siquiera en ducharse con agua caliente cada vez que a uno le apetece. Marta nos trataó de convencer de que el lujo deja atrás todo eso. Low class, lo llaman algunos. Como a duras penas seguíamos sus metáforas, nos lo decidió mostrar con un ejemplo práctico al que nos invitó:

El lujo consiste en baños con sales y espuma. En habitaciones climatizadas con balcón y vistas a la piscina. En ajedreces tamaño XXXL. En zapatillas de andar por casa con iniciales bordadas (de qué o de quién, no importa). En abrillantador de zapatos en tu armario. En tomar el desayuno en la cama. En que asuman que tienes pasta y te instalen una caja fuerte en la habitación. En albornoces horteras que ponerte al salir del baño…

No habiendo quedado satisfecha, y pensando seguro que aún no éramos lo suficientemente cool, Marta insistió en mostrarnos también el Bali más chic: la ciudad de Ubud.

Fijaos si Ubud es chic, que allí se filmó parte de la película (bastante tonta, todo hay que decirlo) “Come, Reza, Ama”, protagonizada por la otrora novia de América, Julia Roberts.

En Ubud, Marta también se empeñó en invitarnos. No insistimos en lo contrario, de embelesados que estábamos por esta nueva y frívola forma de vida que se presentaba ante nuestros ojos. Esta vez decidió alojarnos en un hotel con encanto en las afueras de la ciudad. Todo él estaba cuidado y decorado con cuidado esmero: vegetación exuberante, estatuas balinesas, arquitectura típica local… Otro lujo, vamos. El único pero que le ponemos a Ubud es que no hubo día que no lloviera a cántaros. Ni siquiera Marta pudo hacer nada para evitarlo (tampoco lo intentó mucho, la verdad).

Allí nos reencontramos con Indre y Nico, una pareja francesa-lituana con la que habíamos coincidido en las islas Togean (Sulawesi) unas semanas atrás. Él escultor, ella cuidadora de caballos políglota, nos tomamos unas cervecillas juntos un par de noches y nos contaron que vivían en el norte de Francia en una yurta (una especie de tienda de campaña muy común en sitios como Uzbekistán o Turkmenistán). Por lo visto andaban un poco quemados con el gobierno de Sarkozy que, ideologías al margen, había impulsado una ley que impedía a la gente vivir al aire libre (según parece, con el objetivo de acabar con los asentamientos gitanos ilegales en Francia). Consecuencia: a la vuelta de su viaje, Indre y Nico se iban a la calle.

También alquilamos un coche y nos fuimos juntos a visitar los alrededores de Ubud. Nada nuevo bajo el sol: templos, arrozales, pequeñas ofrendas hinduistas en cada rincón… Muy chulo todo, eso sí.

Incluso nos adentramos por caminos selváticos con la esperanza  de encontrar templos ocultos entre la espesura (esperanza bastante fundada: los carteles indicando el camino ayudaban). Los resbalones  y tropiezos no hicieron mella en el grupo y acabamos llegando a nuestra meta. Incluso sorteamos a un tipo apostado en medio del camino que pretendía cobrarnos entrada para poder seguir andando selva a través. –¿Es obligatorio pagar? – Eh… no… – Pues bye bye my friend.

Tantos templos visitamos que, al poco tiempo, empezamos a buscar entretenimientos alternativos:

Como le cogimos el gusto a eso de saltar y hacernos fotos en el proceso, lo repetimos en la playa al día siguiente:

Ya sin Marta, a la que echamos mucho de menos y sin que Bali después fuera lo mismo sin ella (en esto de hacer la pelota, la sutileza no es nuestro fuerte), dedicamos una tarde al templo de Pura Thana Lot, construido en una roca al lado del mar que se hace inaccesible con la subida de las mareas. Nos sorprendió que, pese a lo turistificado que estaba todo, se siguieran celebrando ceremonias religiosas tradicionales. Todos vestidos de blanco, en fila y portando estandartes y ofrendas. Interesante.

Al principio de este post, al intentar convenceros de por qué no nos ha apetecido hemos podido escribir más que un post de Bali, mencionábamos que Rafa se había largado, dejando a Álvaro tranquilo triste y sólo durante cerca de 10 días en la isla.

No es que nos hayamos peleado, no. Lo que ocurre es que Rafa decidió visitar la misteriosa y paradisíaca isla de Tonga, en medio del océano Pacífico. Poco se sabe de sus aventuras. En un momento dado conjeturé que igual se lo había comido una tortuga o un trigger fish (hay antecedentes). Pero que no cunda el pánico, hace escasas horas recibí un e-mail suyo desde Nueva Zelanda en el que mandaba fotillos de Bali para poner en este post. Justo cuando casi tenía el post terminado… A eso se le llama coordinación.

Aunque es difícil no echar de menos a un tipo como Rafa, tampoco me lo pasé mal en Bali sin él y ocupé mi tiempo uniéndome a un “campamento” donde durante 7 días trataron de enseñarme a surfear las imponentes olas balinesas. No hay fotos de esta época de mi vida, pero os aseguro que el surf es muy sufrido (levantarse pronto, remar, mojarse…). También aseguro que me conseguí levantar de la tabla, aunque no me creáis. Y que me metí varias leches marinas (supongo que esto último os resultará más fácil creerlo).

Cada uno por un camino totalmente diferente (rodeando el mundo por extremos opuestos), volveremos a juntarnos en Santiago de Chile el 27 de abril, con una nueva incorporación temporal al equipo. ¿Quién será? Todo sobre Chile y mucho más en próximos posts.

Pero antes, To To To Tooooooonga (hay que hacer presión a Rafa, yo personalmente me muero de ganas de leerlo).

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Publicado 22 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

Perdidos en Tana Toraja (19-23/03/2011)   8 comments

Hoy el post va a ser más alegre. Nada de búfalos ensangrentados ni del morbo sangriento con el que tratamos de atraeros para que leyerais el último post (con poco éxito por cierto, ¿la muerte ya no vende o qué pasa?).

Hace un par de semanas os contamos por qué acabamos viniendo a la isla indonesia de Sulawesi. Ya sabéis, la historia de la inesperada recomendación de un libro de visitas en una pequeña pensión del valle iraní de Alamut. Pues bien, la historia no acaba allí. En esa misma pensión coincidimos una noche con una pareja de españoles viajeros a la que le iba “el rollito antropológico” (pese a nuestras sospechas iniciales, no se referían a ningún tipo de perversión sexual con tribus semisalvajes de por medio). La conversación  empezó con los trekkings, siguió por el libro de visitas y finalmente acabó en Sulawesi… ¡Sorpresa!, hacía un año que habían estado allí y les había flipado. ¡Tenéis que ir a Tana Toraja! Paisajes espectaculares, arquitectura característica, una cultura peculiar… ¡Lo tiene todo!

Lo de la cultura peculiar, claro, iba por el asunto del macabro culto a la muerte de los Toraja, que no sólo se caracteriza por el sacrificio brutal de búfalos. Para esta gente, la muerte no es un drama, sino más bien un acontecimiento vital que se trata con un misticismo especial y, a la vez, de forma totalmente natural. Rara vez verás a un Toraja triste por la muerte de un ser querido. Al contrario, los funerales son el evento social  por excelencia de los Toraja, que se pegan unos fiestones de aúpa. A veces, incluso duran una semana de non-stop party.

Una vez celebrado el funeral y pasada la resaca de rigor, toca enterrar al muerto. Las tumbas son, en muchos casos… peculiares.

Tradicionalmente, a los Toraja de clase alta se les enterraba acompañados de las pertenencias que habían poseído en vida. Tiempo atrás, cuando se dedicaban a pasar el tiempo guerreando con las tribus vecinas, los sepulcros se excavaban en inaccesibles paredes de roca maciza para evitar su expolio. Hoy la cosa ha cambiado y ya no existen enemigos “robatumbas”. Sin embargo, los sepulcros (en especial los pertenecientes a los ricos y nobles) ocasionalmente siguen excavándose en la roca.

Junto a las tumbas se yerguen los imperturbables tau tau, unas macabras réplicas de los difuntos talladas en madera cuya misión, al parecer, es la de proteger al muerto en su camino a la otra vida. Lo que tú quieras, pero dan muy mal rollo.

Según nos contó “Juan” (nuestro guía), sólo los ricos pueden tener un tau tau. Afortunadamente, los de la tienda de souvenirs no son tan clasistas y, previo pago, te tallan un bonito tau tau con tus rasgos que luego te mandan a casa por SEUR:

En cuanto a la arquitectura característica Toraja, sólo hay que ver la forma que tienen la mayor parte de las construcciones de la zona:

Son los llamados Tongkonan, casas tradicionales Toraja con forma de cuernos de búfalo, rematados en madera tallada y decorados con colorines variados. Algunas están también adornadas con cornamentas de búfalos muertos.

A ver estos Tongkonan nos llevó nuestro querido guía “Juan”, junto con la pareja de polacos que nos barrió jugando a la pocha días atrás.

Como los anteriores, existen muchísimos Tongkonan parecidos, desperdigados a lo largo y ancho de las cumbres y los valles de Tana Toraja.

A los sitios más turísticos: el funeral, las tumbas y los Tongkonan más famosos, fuimos con “Juan” (todo en una visita de un día, negociada y regateada hasta la última rupia indonesia, como avariciosas ratas ahorradoras que somos). Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que lo mismo que hicimos con guía y chófer lo podíamos haber hecho nosotros solos en transporte público, así que los siguientes 4 días nos dedicamos tranquilamente a patear Tana Toraja por nuestra cuenta.

A pesar de que nos perdimos más de una vez y de que anduvimos más de lo que lo hubiéramos hecho de haber ido con guía, de esta manera descubrimos arrozales en espectaculares terrazas montañosas como éstas…

… y pudimos echar un vistacillo a la vida diaria de los habitantes de las montañas y zonas rurales de Tana Toraja. Más allá de los tópicos relativos a los sangrientos funerales y a las construcciones fúnebres excavadas en roca, los Toraja venden souvenirs, los agricultores cultivan la tierra y los niños van al cole como en cualquier otra parte del mundo.

Una foto de Rafa comprobando de primera mano por qué a estos búfalos los llaman “de agua”:

La época en la que fuimos a Tana Toraja era temporada de lluvias. Aparte de tener cuidado con los inevitables mosquitos (pobre Rafa: menudo coñazo que le di con que me iba a contagiar de encefalitis japonesa, malaria, dengue y nosecuantas otras enfermedades tropicales), había que tener cuidado con no estar en la calle a partir de las 5 de la tarde. A esa hora se ponía a diluviar inevitablemente hasta que se hacía de noche. Un dato útil, aunque más útil y más seco hubiera sido saberlo desde el primer día.

En cualquier caso, eso no era problema para los taxistas locales (los populares Bentor), perfectamente adaptados a las condiciones climatológicas de Tana Toraja:

Próximamente, con Marta en Bali y a todo tren.

Publicado 15 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

Sacrificios funerarios en Tana Toraja   3 comments

Antes de seguir leyendo: algunas de las imágenes contenidas en este post pueden herir sensibilidades. Quedáis avisados.

Cuando por fin bajamos del minibús en la montañosa Tana Toraja, o tierra de los Toraja, nuestro autonombrado y hasta entonces desconocido guía local “Juan” ya nos estaba esperando a pie de hostal.

-¡Habéis tenido suerte! –nos dijo entusiasmado mientras cenábamos- Justo mañana hay un funeral con muchos invitados. No os lo podéis perder. ¡El siguiente es dentro de 4 días y no creo que sea tan bueno! ¿Queréis que os lleve?

De tan macabra que era la oferta, no tuvimos más remedio que aceptar. Igual que en algunos lugares se visitan mezquitas, en otros se bucea y en otros se va uno de tapas, aquí parecía que lo típico era irse de funerales. ¿Cómo íbamos a perdernos uno de los buenos? A lo mejor el del martes siguiente era peor, significase eso lo que significase…

Al día siguiente nos despertamos al alba. “Juan” nos esperaba desde hacía un rato en la puerta del hotel, junto a otro minibús sin amortiguadores ni cinturones de seguridad.

No tardamos en llegar al lugar señalado, debidamente pertrechados del regalo que el protocolo exige a los invitados hacerle a la familia del difunto: un cartón de tabaco. No existe un templo o un lugar fijo donde se celebren los funerales en Tana Toraja, sino que éstos tienen lugar en la residencia familiar del fallecido.

En este caso, se trataba de una casa de una familia de clase media, con un amplio patio interior rodeado de gradas improvisadas para el acontecimiento. No se nos escapó que varios búfalos estaban atados a postes por todo el recinto, sin que nadie les prestase demasiada atención.

Según la tradición, un Toraja no muere por completo hasta que se celebra su funeral. Mientras tanto, se considera que no está muerto sino que simplemente está enfermo o dormido. Cuando esto ocurre, se embalsama el cuerpo y se guarda en su casa, donde “convive” con su familia hasta que ésta consigue ahorrar para celebrar un funeral en condiciones. Un “enfermo” puede permanecer momificado en la residencia familiar durante meses o incluso años enteros, dependiendo del tiempo que se tarde en reunir el dinero suficiente para la celebración.

Originarios de las lluviosas zonas altas de Sulawesi central (Isla de Célebes), los Toraja permanecieron prácticamente aislados del mundo hasta principios del siglo pasado, lo que les ha permitido conservar muchas de sus antiguas tradiciones animistas. Entre estas tradiciones Toraja, los funerales son probablemente las más importantes. Cuanto más rico y poderoso haya sido el muerto, más se gastará la familia en su funeral, que puede durar hasta una semana y reunir cientos de invitados.

Así, ha llegado hasta nuestros días su rito funerario más impactante: el sacrifico ritual de búfalos de agua. Los Toraja sostienen que mediante esta ceremonia el difunto abandona el plano material y se traslada al otro mundo. Así, cuantos más búfalos sacrifique la familia en su honor, más rápido llegará a la otra vida.

Pese a que teníamos una idea de lo que íbamos a presenciar, es difícil estar preparados para lo que vimos.

En este caso, el difunto pertenecía a una familia de clase media, así que “sólo” sacrificaron a 7 animales. En funerales de clase alta, se mata siempre a  24 o más búfalos. Cuando la ceremonia acaba, la carne de los animales sacrificados se distribuye entre los invitados, lo que les convierte en “deudores” de carne. Por ello, los invitados que reciben carne de búfalo deben invitar a su vez a los miembros de esa familia al próximo funeral que celebren. Según nos contó nuestro guía “Juan”, todo Toraja que se precie tiene deudas de carne con otros Toraja.

El ritual del sacrificio es sencillo: se ata al animal a un poste y acto seguido el matarife le da un machetazo en la garganta. Después se deja al búfalo agonizando en el suelo hasta que muere desangrado. Que pase el siguiente.

En menos de una hora sacrificaron así a 6 búfalos, uno detrás de otro. Cada uno de los 5 últimos pudo contemplar cómo mataban al anterior. Simplemente brutal. La verdad es que nos sorprendió mucho que no se pusieran nerviosos ni trataran de escapar al ver lo que les esperaba.

Tras recibir su machetazo, uno de los búfalos consiguió soltarse del poste al que estaba atado y empezó a correr enloquecido con la garganta abierta, chorreando sangre y arrollando todo lo que encontraba a su paso. Los más de 150 invitados, entre los que estábamos nosotros, tratábamos de escapar corriendo de un lado a otro de forma totalmente caótica. Al final la cosa no pasó a mayores y, tras unos momentos de confusión, el animal se desplomó en el suelo.

Por lo visto tuvimos suerte: “Juan” nos comentó que estas cosas sólo suceden 2 o 3 veces al año, así que debíamos sentirnos afortunados por haberlo visto.

Uno de los familiares del difunto era musulmán, así que “su búfalo” fue sacrificado de la manera Halal. Esto es, tumbado sobre su costado izquierdo y mirando a La Meca mientras lo degollaban.

Tras haber matado a todos los búfalos, en menos de 2 horas los familiares despellejaron y descuartizaron los animales allí mismo para poder luego repartir su carne según lo acordado previamente.

Por si no habéis tenido suficiente con las fotos, os dejamos este vídeo. Es bastante desagradable, así que pensadlo dos veces antes de verlo. Lo comenta Rafa.

Además de los búfalos, en los funerales Toraja también se sacrifican cerdos y pollos y se reparte su carne. A diferencia de los búfalos de agua, no es la familia la que los trae sino que lo hacen los invitados. Además, se matan en privado y en un lugar apartado del lugar de la celebración.

Tras matar y descuartizar los búfalos, llega el resto de invitados y comienza la ceremonia propiamente dicha, con ofrendas, rituales religiosos y demás parafernalia.

Resulta curioso ver a los invitados desfilar impertubables mientras pasan al lado de los restos de los malogrados búfalos…

Próximamente, campos de arroz, calaveras y trekkings en la montañosa Tana Toraja…

Publicado 9 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

De Manado a Makassar (09-22/03/2011)   5 comments

Aquellos que sigáis el blog recodaréis (o no) que allá por noviembre estábamos dando tumbos por el escarpado valle iraní de Alamut, cuna de la legendaria secta de los “Hasashin”.

Resulta que la pensión en la que dormimos, la única del pueblo, tenía un voluminoso libro de visitas donde los huéspedes se dedicaban a escribir sus ocurrencias. Echando un ojo a los comentarios de la gente, descubrimos que algún iluminado había dejado escrito que si los trekkings en Alamut son buenos, los “trekkings de Sulawesi son de otro planeta”. Estupendo. El único problema era que Sulawesi es una isla de Indonesia, tan cerca de Irán como Madrid de Nairobi.

Casualidades de la vida, Indonesia estaba en nuestros planes de ruta y, si bien la idea era recorrer la isla de Java, la brutal erupción del volcán Merapi nos hizo cambiar de idea. Así que a Sulawesi que fuimos.

Tras aterrizar en Manado y dejar atrás el buceo de Bunaken, se nos presentaba la interesante empresa de llegar a Makassar, desde donde volábamos a Bali 15 días después. Manado está en la punta norte de la isla y Makassar en la sur, a unos 1.700 Km.

Puede no parecer mucho pero, señores, esto es Indonesia y aquí se toman las cosas con muuuuucha calma. Primera etapa: Manado-Gorontalo. Distancia recorrida: 200 Km. Tiempo empleado: 12 horazas. Ingenuos de nosotros, nos creímos lo que nos dijeron en la estación de autobuses de Manado: “el bus sale a las 12:00 y tarda 8 horas, así que llegáis a tiempo para coger el ferry de las 20:30 a las islas Togean”. El bus no salió hasta las 2 y media y llegamos a la 1 de la mañana.

Los ferries no son diarios, así que tuvimos que pasar dos noches en Gorontalo esperando a que zarpara al siguiente. Pues nada, a dar una vuelta por la ciudad y sus alrededores.

Como apenas hay turismo en la ciudad, los restaurantes no abundan y hay que buscarlos. Cuando los encuentras comes y, por supuesto, después te haces una foto con toda la familia:

Gorontalo es mayoritariamente cristiano, aunque Indonesia es el país con mayor población musulmana del mundo y se nota:

Visitando un parque natural de los alrededores:

Por fin llego el día de coger el ferry y ¡sorpresa!, por la mañana había tenido lugar el tsunami en Japón y algunas partes de Indonesia estaban en alerta… ¿Qué hacemos? Álvaro era partidario de echarse al monte. Rafa, de conectarse a Internet. Tras informarnos debidamente, consultar con las autoridades portuarias y soportar comentarios socarrones de los locales (debíamos ser los vigésimos turistas que le preguntaban si el tsunami iba a llegar a Gorontalo y las Togean, que están totalmente protegidas por una bahía), decidimos coger el ferry nocturno.

12 horas después (durmiendo en cubierta por si al barco le daba por hundirse) llegamos a las paradisíacas islas Togean.

Allí pasamos 3 días en un hotel con pensión completa. No somos muy partidarios de ese tipo de hospedaje, pero el hotel era la única edificación de la isla, así que no teníamos muchas más opciones. Si querías comer fuera, tenías que buscarte la vida en la selva. Como somos gente flexible, supimos adaptarnos al incordio de ser llamado a la mesa 3 veces al día. Con el tiempo, también aprendimos a valorar la playa desierta de arena blanca a tres metros de nuestro bungalow y los arrecifes de coral que rodeaban la isla.

Además, el hotel tenía contratado un espectáculo de luz y sonido que tenía lugar en el horizonte todas las tardes. La temática de la obra era algo repetitiva, aunque nunca nos cansamos y acudíamos puntuales a verla cada día:

Todo esto por 7 euros por persona y noche. Eso sí, no había agua caliente y la electricidad la conectaban únicamente durante unas pocas horas al día. Tampoco había cobertura y para llamar por teléfono te tenías que esperar a que a alguien del hotel se le ocurriese ir a la isla principal a por provisiones. Para compensar tenían una piscina de agua marina en la que nadaban 4 tiburones “black tip”.

Dejamos atrás las islas Togean y nos dirigimos a Sulawesi Central, una zona que hace 5 años fue tristemente famosa por conflictos religiosos y atentados con bomba en varias mezquitas e iglesias. Poco a poco vuelve a atraer turismo pero se nota que le cuesta. Es una pena, porque sus paisajes son impresionantes.

Aunque no lo parezca, lo de la foto es un lago, no el mar.

El hotel en el que nos alojamos tenía un tucán gigante en el jardín. No viene a cuento pero mola.

En el hotel del tucán fue donde conocimos a estos 2 polacos. Unos jefazos: estaban de luna de miel viajando con un presupuesto similar al nuestro. Son gente lista los polacos: a éstos en particular se nos ocurrió enseñarles a jugar a la pocha y 2 días después ya nos machacaban sin piedad.

Habrá poco turismo, pero la globalización sin duda ha llegado a Sulawesi Central. Prueba de ello es este señor, que estaba tan contento tragándose un Athletic de Bilbao – Getafe en la tele de su restaurante.

Seguimos bajando hacia el sur hasta llegar a Tana Toraja, la región más pintoresca y espectacular de Sulawesi. Nos quedamos 5 días pero dieron tanto juego que os lo vamos a contar en los próximos dos post. Estad atentos porque os prometemos que vais a flipar (sobre todo con el siguiente post). Os vais a quedar igual que Rafa en esta foto:

Por si os lo preguntáis, conseguimos llegar a nuestro destino final el día previsto y conseguimos coger el vuelo a Bali sin problemas. De todo el recorrido entre Manado y Makassar sólo hay 2 puntos que no nos entusiasmaron: Manado y Makassar. Aunque, para ser un poco justos, hemos de admitir que en ésta última hay algo de vida nocturna (karaokes, básicamente) y se come bien, barato y abundante. Por lo demás, nada interesante y ninguna foto que mostraros.

Próximamente, un post no apto para corazones delicados.

Publicado 3 abril, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

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