Archivo para 8 marzo, 2011

Laos: siguiendo el Mekong a contracorriente (27/10/11-10/2/11)   8 comments

Dejamos atrás el surrealista y extenuante tubing para tratar de contaros qué se cuece por el relajado y tranquilo Laos.

Entramos en el país por el sur, a través de la poco transitada frontera con Camboya para hacer noche en la pequeña ciudad de Pakse, a orillas del río Mekong. A pesar de ser la mayor ciudad del sur de Laos, las opciones de ocio que ofrecía esta ciudad eran limitadas. Nuestra ocupación principal del día fue la de esperar en una terracita a orillas del Mekong, cerveza Lao en mano, a que saliese el próximo bus nocturno que nos llevase al norte.

Tras una rápida escala en la intrascendente capital, Vientián, llegamos a la montañosa Vang Vieng, la cuna del tubing. Como pudisteis comprobar en el post anterior, allí dedicamos unos cuantos días a investigar sobre esta lúdica actividad. Sin embargo, la voz de la conciencia finalmente se hizo un hueco entre el musicón predominante y consiguió convencernos de que hubiera sido un pecado mortal irnos de allí sin visitar las maravillas de la zona.

¿Qué hay en Vang Vieng que merezca la pena? Básicamente montañas, cuevas, ríos y gente agradable.

En Vang Vieng precisamente fue donde tuvimos nuestro primer contacto con laosianos genuinos. Íbamos andando tranquilamente por el campo cuando nos topamos con una familia que parecía estar celebrando algo, aunque nunca nos enteramos muy bien de qué. El caso es que nos invitaron a sentarnos con ellos y a compartir su picnic campestre.

Las normas del protocolo exigen al turista internacional aceptar la comida que te ofrezcan los extraños, por rara que sea y sin importar la pinta que tenga (la comida y el extraño que te la ofrece). Justo lo que tu madre te dice que no hagas a la salida del colegio cuando tienes 12 años. En este caso el menú consistía en una ensalada con unas extrañas hierbas rojas, “sticky rice” (cómo no) y sopa de cabezas de pescado.

Tras comer unos cuantos bocados, alguien se dio cuenta de que las “hierbas rojas” de la ensalada no eran tales. De hecho, ni siquiera eran especias. Tenían 6 patas y 2 antenas. Eran hormigas. Hormigas rojas y feas.

A unos les importó más que a otros comer hormigas. No sé si es porque tenía mucha hambre o porque realmente le gustaba el plato, pero Rafa siguió dándole con ganas después del descubrimiento.

De lo que sí estamos seguros es de que el pescado era fresco: sacaban los peces de río, luego directos a la barbacoa y de ahí a la mesa. Todos los peces siguieron el mismo ciclo salvo uno, que impactó repentinamente en la cabeza de Álvaro mientras hacía la foto de debajo. Nos lo tomamos como la señal para dejar de tocar las narices con la camarita y sentarnos a comer.

Al principio la comunicación no era demasiado fluida, aunque poco a poco eso se fue solucionando con una combinación de whisky de arroz y un mini-diccionario lao-inglés que no sabemos de dónde salió. Tampoco sabemos por qué estaba este hombre consultando la sección de aduanas.

En cualquier caso, la ensalada de hormigas no fue la comida más extraña que encontramos. En Laos es muy común, por ejemplo, comer pájaros fritos enteros, con cabeza y todo. Vale que no es súper raro, pero la foto impacta:

Y qué decir de las bebidas…

¿Licor de garra de oso?

¿Licor de bichos repulsivos?

Éstos no los probó ni Rafa, no decimos más…

Dejamos Vang Vieng atrás y pusimos rumbo a Luang Prabang en un minibús lleno hasta los topes por una sufrida carretera llena de curvas. Baste decir que a cada pasajero le repartieron una bolsa de plástico antes de empezar el trayecto…

El roce hace el cariño, así que, tras 7 horas de minibús infernal y varias paradas innecesarias (no fuera a ser que llegásemos a nuestro destino a la hora prevista), fue inevitable hacerse colega de nuestros compañeros de viaje. Con ellos descubrimos que si lo que quieres es comer bien y rápido, lo mejor es ir al mercado de comida local.

Si por el contrario decides ir a un restaurante, te arriesgas a que pidas comida para 8 personas, pase 1 hora y media, traigan los platos de 3 personas, pase media hora más, preguntes a ver qué pasa y te digan que ¡¿¡?¡se les ha olvidado traer el resto de platos y lo sienten mucho pero han cerrado la cocina¡!¡!?!

Pero bueno, luego nos fuimos todos a tomar algo por ahí y se nos pasó el cabreo (con parada técnica en otro restaurante para que, aparte del cabreo, también se nos pasase el hambre). Aquí, posando “Asian style”.

Al igual que en Pakse, el Mekong también pasa por Luang Prabang:

Y cerca de la ciudad también pueden encontrarse espectaculares cascadas, a las que llegamos tras alquilar un día entero el típico “taxi” del sudeste asiático, con conductor durmiente y todo:

Después de Luang Prabang nos separamos y cada uno se fue una semana y pico por su lado: Rafa hacia el norte y Álvaro hacia el sur.

En un reparto temporal de nuestras escasas posesiones, Álvaro se quedó con el portátil y Rafa con la cámara, así que vais a tener la suerte de ver alguna foto del norte de Laos. Básicamente ofrece lo mismo que Luang Prabang y Vang Vieng pero sin turistas y mucho más barato:

Próximamente, Vietnam y la Bahía de Halong (o + Tailandia si Rafa no se da prisa en escribir).

Anuncios

Publicado 8 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Laos

A %d blogueros les gusta esto: