Archivo para marzo 2011

Señoritos en Pulau Bunaken (5-9/03/2011)   8 comments

No sabíamos muy bien cómo comenzar esta entrada del blog. Prácticamente lo único que hicimos en Bunaken fue submarinismo, comer y hacer el vago en idénticas proporciones. Todas ellas son actividades que consideramos suficientemente tratadas en posts recientes así que, como no queremos resultar repetitivos, hoy vamos a cambiar ligeramente el enfoque para ilustraros sobre pequeños aspectos que afectan al día a día de nuestro viaje.

También vamos a hablaros sobre la pequeña isla indonesia de Pulau Bunaken, nos os preocupéis…

Empecemos reflexionando sobre los lugares en los que nos hemos alojado durante los últimos 5 meses. Realmente ha habido de todo, desde casas alucinantes de amigos igualmente alucinantes (recordad Xanthi o Nueva Delhi) hasta el duro suelo del aeropuerto de Yakarta, pasando por hostales y pensiones de pelaje diverso: el cuartucho mal ventilado con vistas al pasillo del Kurdistán turco, la posada semigratuita para peregrinos sij en Amritsar, las casas sobre pilotes en el río Kwai, las cabañas sin electricidad a pie de playa de la isla de Koh Chang, las hamacas en medio de la selva camboyana, los hostales de mochileros de Bangkok y Estambul o los colchones en el suelo de habitaciones compartidas en Phnom Penh…

Por no hablar de las veces en que directamente hemos pasado la noche viajando en autobuses turcos, iraníes y camboyanos, en destartalados ferrys indonesios o en trenes indios y tailandeses.

Había llegado un momento en que nuestro concepto de lujo se limitaba a poder uno ducharse con agua caliente o, últimamente, a que hubiera una ducha en el baño y no simplemente un cubo y un triste grifo con que llenarlo de agua (que, por cierto, a veces se utilizaba también para “tirar de la cadena”)…

En este caso había ducha pero no funcionaba, así que la decisión de ducharse implicaba una planificación previa que permitiese llenar antes el barreño:

Pero amigos, Pulau Bunaken ha sido otra historia… El mundo del lujo vino a tocarnos con su exquista varita y pudimos pasar unos plácidos días en el agradable resort de buceo “Froggies”, dedicados en exclusiva a hacer algunas de las mejores inmersiones de las que hemos disfrutado a lo largo de nuestra corta vida submarina.

Agua caliente ilimitada, Internet 24 h., cabañas a pie de playa, 45 empleados a nuestra entera disposición (¡el primer día los únicos clientes éramos nosotros!), buffet libre de exquisita comida indonesia 4 veces al día, servicio gratuito de agencia de viajes, barco privado, divemaster propio para las inmersiones…

Naturalmente, el lujo no es gratis y cualquier mochilero que se precie hubiera visto los dineros que nos dejamos en “Froggies” como un desfalco al exiguo presupuesto.

Para que os hagáis una idea, si dividimos el dinero pagado hasta ahora por alojamiento entre el número de días que llevamos de viaje, sale que hemos gastado una media de 6,21 euros al día en hostales. Muy por debajo de lo que nos dejamos en Bunaken…

Sin embargo, inspirados por Enron, Bernie Madoff y Ruiz Mateos, entre otros ilustres, nosotros hemos desarrollado lo que llamamos el “sistema de contabilidad creativa para mochileros”. Este sistema ha permitido que nuestras finanzas no se hayan visto afectadas por este pequeño dispendio. No sólo eso, sino que, con las cifras en la mano, podemos decir orgullosos que el presupuesto disponible para nuestro día a día ha aumentado después de Pulau Bunaken. En román paladino, ¡¡hemos ahorrado!!

Foto ilustrativa de los dos visionarios contemplando el horizonte:

No creáis que hablamos por hablar. Para controlar un poco nuestro presupuesto, empezamos el viaje con un Excel muy simple en el que apuntar nuestros gastos.

Empezó un poco de coña pero, entre tipos de cambio, desgloses de gastos, deudas mutuas, previsiones de gastos y demás historias, hoy por hoy el archivo tiene más pestañas que la difunta Liz Taylor y más fórmulas que la pizarra de un físico teórico. Hasta tablas dinámicas tiene. Nuestros ex-jefes fliparían si lo vieran…

Os preguntaréis cómo hemos conseguido ahorrar en el presupuesto diario disponible después del gasto en Froggies.

Es simple. Nuestro presupuesto se divide entre presupuesto del día a día y presupuesto extraordinario. Los gastos de alojamiento, comida, fiesta y demás, van a día a día. Los gastos extraordinarios son los grandes. Por ejemplo, los vuelos.

Cuanto menos gastamos en día a día, más presupuesto nos queda disponible para el resto de días: si hoy no nos gastamos nada, mañana nuestro Excel nos dirá que tenemos más pasta disponible para gastar. Contaríamos con el mismo presupuesto pero con menos días de viaje para gastarlo, así que podríamos gastar un poquito más cada día. Por ejemplo, en vez de 27 euros diarios, podríamos gastar 27,3.

Pues bien, igual que Felipe González tenía sus Fondos Reservados, nuestra “sistema de contabilidad creativa para mochileros” cuenta con una partida especial a la que llamamos “Pijadas”. Naturalmente, “Pijadas” forma parte de los gastos extraordinarios.

Básicamente, lo que hemos hecho ha sido contabilizar la pasta gastada en Froggies en “Pijadas”. Por tanto, los días del resort no ha habido “gastos del día a día”. Como el presupuesto total para el día a día no ha bajado pero, por contra, después de pasar por Froggies quedan menos días de viaje, ¡nuestro presupuesto diario disponible ha subido! Conclusión: ¡¡¡HEMOS AHORRADO!!!

Ni os atreváis a cuestionar nuestro razonamiento. Al final lo barato sale caro.

Ahora, para los que hayan visto muchas letras seguidas y hayan pasado de largo hasta encontrar algo más interesante que hacer, os ponemos algunas fotillos y hasta un vídeo marino editado.

Cogiendo el barco al atardecer para hacer la inmersión nocturna:

Álvaro yendo a bucear a las 7 de la madrugada, con cara de sueño y las barbas rasuradas:

Rafa saliendo del agua después de batirse en duelo con una tortuga:

Una vista del volcán que estaba inquietantemente pegado a nuestra isla:

Volviendo a casa tras un duro día de buceo:

¡Y hasta un vídeo pre y post buceo!

Próximamente, Sulawesi: más de 1.500 km.de isla recorrida enterita de norte a sur.

Publicado 28 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Indonesia

De vuelta en Tailandia: rumbo al sur (23/2/2011 – 4/3/2011)   3 comments

Un buen día estábamos de compras en un mercado de Laos y nos perdimos de vista un momento mientras uno compraba unos pantalones y el otro se entretenía en el escaparate de una pastelería francesa. Lo siguiente que recordamos es que, no sabemos muy bien cómo, acabamos uno en Vietnam y el otro en Madrid. Menos mal que existen los aviones y los vuelos a Bangkok, así que a finales de febrero pudimos volver a juntarnos para tomar un tren que nos llevaría directos al sur de Tailandia.

Allí, ya sabéis, pasamos unos días navegando en una concurrida y pequeña barcaza mientras aprovechábamos para visitar entre comida y comida los fondos marinos y los corales de Andamán.

Liquidada la parte subacuática del relato, queda contaros nuestras andanzas sobre el nivel del mar (en espacios abiertos y/o superiores a los 30 metros cuadrados, a diferencia de nuestro añorado barco).

Nuestro primer destino fue Khao Lak, base de operaciones de la industria del buceo en la zona y punto de salida del mini crucero por las Islas Similan. Según nos contó el dueño del hotel donde nos hospedábamos, la zona quedó bastante afectada por el tsunami que golpeó Tailandia en el año 2004. Hoy todo lo que el tsunami destruyó está más que reconstruido, aunque el recuerdo de lo sucedido hace tan sólo 6 años está muy presente entre los lugareños y la costa está plagada de carteles de evacuación como éstos:

En éste, por ejemplo, vemos que únicamente quedan 1.200 metros hasta la colina más próxima. Tranquilizador.

Después de despedirnos de nuestros compis de buceo, pusimos rumbo a la ciudad costera de Krabi, todavía más al sur. La frontera con Malasia estaba cerca y eso se notaba. En esta zona de Tailandia la religión mayoritaria es el Islam, lo que afecta a asuntos de vital importancia para nosotros como son la gastronomía o la calidad del sueño. Ya casi habíamos olvidado lo que era oír llamar a la oración a las 5 AM mediante bafles y amplificadores que ya quisiera Iron Maiden para sus conciertos…

Krabi no es una ciudad fea, el pescado es bueno y abundante y todo es razonablemente barato así que, pese a la puntual y molesta llamada nocturna del muecín, decidimos  prolongar la estancia en la ciudad un par de noches.

No es únicamente el pescado ni los currys ultrapicantes lo que hace que la gente visite Krabi. Escaladores de todo el mundo vienen aquí atraídos por sus imposibles acantilados de piedra caliza que caen a plomo sobre las numerosas playas de arena blanca de los alrededores.

Por razones técnicas (entre las que destacan la falta del equipo apropiado, la no disponibilidad de guías adecuados, la inexistencia de vías ajustadas a nuestro nivel y el no ser capaz ni de subirse uno a un taburete por el inevitable vértigo) no pudimos probar a hacer escalada en este lugar. Aunque reconocemos el mérito y lo mucho que molaban los que estaban subiendo riscos en ese momento (además sé que a algunos de vosotros se os pondrán los dientes largos… ¿O no mr. ex-monorrasta, dr. Rocanrol, Superpollo y compañía?).

Tampoco os vayáis a pensar que por no trepar paredes nos lo pasamos mal. Es cierto que las impresionantes paredes hacen las delicias de los escaladores, pero los no escaladores también pueden ocupar su tiempo con otras actividades playeras igual de intensas…

Nuestro razonamiento fue el siguiente: si nos subiéramos a una pared de ésas estábamos seguros de que, de una forma u otra, acabaríamos cayéndonos en la arena. Así que decidimos ahorrarnos el paso intermedio y directamente tirarnos en la playa desde una altura más apetecible (medio metro). El resultado iba a ser el mismo.

Desde Krabi tomamos un ferry a la famosa isla de Koh Phi Phi, que pilla de camino a la todavía más famosa isla de Phuket. Tanto una como otra son totalmente prescindibles. Phi Phi tiene unos paisajes muy bonitos, similares a los acantilados y formaciones kársticas de Krabi. Sin embargo, está mucho más masificada y explotada, orientada en toda su extensión al turismo más chusco de sol y sangría. Como consecuencia de ello, allí encontramos la peor relación calidad-precio en comida y alojamiento de toda nuestra estancia en Tailandia.

Próximamente, seguid con nosotros si queréis saber si Sulawesi es una isla tropical o un plato indonesio a base de gambas empanadas…

Publicado 24 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Tailandia

Vietnam (14-22/2/2011)   8 comments

Después de un tiempecito vagabundeando por el tranquilísimo país de Laos, resulta chocante entrar en Vietnam. Vuelven el bullicio y el ruido, y los problemas ya no se solucionan con una simple sonrisa. Aquí, los locales no tienen ningún reparo en pegarte un par de gritos, y al negociar te vuelves más agresivo que un triggerfish (ver el post anterior si no se entiende el chascarrillo).

Álvaro decidió tomarse unas pequeñas vacaciones de las vacaciones y se saltó este país, así que nadie pudo detener esta vez mis ansias por degustar toda la gastronomía local (para criticar este post, dirigíos exclusivamente a Rafa, se hace plenamente responsable). La especialidad más famosa del país es la carne de perro, pero creo que soy el único turista que no ha logrado encontrarla en ningún sitio. Así que me tuve que conformar con probar el gallo de pelea. Es como el pollo pero mucho más duro, como era de esperar. Tampoco me han convencido los saltamontes y demás insectos. Creo que voy a dejarme de experimentos e imitar a Álvaro en su dieta basada en arroz blanco.

Volviendo al tema que nos ocupa, este país resulta sorprendentemente similar a Turkmenistán. Para empezar, al gobierno le gusta dejar claro que aquí quienes mandan son los comunistas.

Además, los guardias también tienen la molesta costumbre de dar órdenes aparentemente inútiles: “No te pares”, “sácate las manos de los bolsillos”, “anda  por la línea”. ¿Por qué les molestará tanto que nos salgamos de la línea? Tampoco parece que estorbemos.

Afortunadamente, esto último sólo ocurre en los baluartes del comunismo del país, como el Mausoleo de Ho Chi Minh. Fuera de estos enclaves, las reglas se vuelven menos estrictas. Lo podemos comprobar al cruzar la calle. El primer día, uno busca el paso de cebra o espera a que algún amable ciudadano le ceda el paso. Fracaso garantizado. Más tarde, se descubre que la técnica es la siguiente: entrar en la calle sin mirar a los lados, caminar lentamente pero sin detenerse y confiar en que, de una forma o de otra, las motos te rodeen.

El destino más famoso del norte de Vietnam es la Bahía de Halong. Se trata de una sucesión de pináculos y montañas de piedra caliza que se levantan sobre aguas de color turquesa. Sus gigantescas cuevas son visita obligada, aunque el decorador ha decidido restarles algo de protagonismo.

Lo habitual para visitar Halong es contratar una excursión de dos días y una noche en un navío equipado con todas las comodidades. Me prometieron tomar el sol, nadar, pescar, hacer kayak, … pero, al parecer, depende de cómo se levante el día.

Por mí, perfecto que no haya sol. Es una buena oportunidad para negociar un descuentazo, aparte de que los días grises y neblinosos le dan a la bahía cierto encanto.

Además, para pasarlo bien, no es necesario tomar el sol. Basta con coincidir en el barco con una familia de malayos que se pasaron el viaje riendo y contando chistes. Les estoy muy agradecido también por secundar mi propuesta para dejarnos de kayaks y nataciones y que nos llevaran en barco a todos lados. Permitieron vencer las reticencias de los canadienses, poco impresionados por el frío de la zona.

Después de cenar y comentar lo turquesa que debe de ser el agua cuando al sol le da por salir, todos los asiáticos se quedaron cantando en el karaoke y todos los occidentales se fueron a dormir. Bueno, todos menos uno.

Fue una pena acabar esta excursión y tener que regresar a Hanoi. En esta ciudad se hace especialmente patente la influencia china en la estética de todas las cosas. Quizá en el resto del país también, pero como no he ido, no lo sé.

El entretenimiento más conocido en Hanoi son las marionetas de agua. Me gustaría describiros el espectáculo al que asistí, pero en Vietnam aún no ha llegado la Ley Sinde y está permitido grabar y tomar fotos en los teatros, así como entrar y salir con la función ya empezada. Total, que siempre tenía a algún miembro del público en mi campo de visión. Quizá también influyó el haber comprado la entrada más económica. Lo que sí puedo afirmar es que la banda sonora fue excelente. Suficiente, no esperaba mucho más por mi desembolso de 2 euros.

De todas formas, una ciudad tan dinámica como Hanoi ofrece muchos más lugares para el esparcimiento. Uno siempre está dispuesto a dejar bien alto el pabellón y demostrar que a fiesta, no le gana nadie. El problema es que cuando te juntas con ingleses la fiesta se reduce a sentarse a tomar birras sin descanso durante toda la noche. Especialmente, cuando se comienza en “Bia Hoi Corner”, es decir, el “cruce de la cerveza”. He de confesar que me ganaron por goleada.

En la foto anterior, podéis ver a la izquierda a Stewart, un personaje al que conocimos en Phnom Penh. Al verlo, hemos recordado una vieja historia que pasamos por alto en los anteriores posts de Camboya y que no merece caer en el olvido.

Resulta que una noche decidimos salir de fiesta con un grupo de ingleses (es decir, tomar copas en el hotel hasta agotar existencias) entre los que se encontraba el bueno de Stewart. Súbitamente, un conductor de tuk tuk irrumpió en escena, mató una de nuestras copas de un trago y nos hizo la siguiente oferta: ¿Qué os parece reventar a bocajarro a una vaca con un lanzagranadas? Son 250 dólares por el misil y 100 dólares por la vaca, aunque se puede negociar tanto el arma como el animal: pistolas, escopetas, recortadas, ametralladoras, bazookas, pollos, cerdos, gallinas…  De hecho, también aprendimos que se puede rebajar el precio de este servicio si comparas entre los muchos establecimientos que lo ofrecen en Phnom Penh.

Os presentamos al figura que nos introdujo en el mundo de los misiles. Atención al cartel que, bien visible en su vehículo, resalta las supuestas cualidades de este buen hombre…

Próximamente, playas y más playas en el sur de Tailandia.

Publicado 20 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Vietnam

Bajo el Mar de Andamán (26-28/2/2011)   7 comments

El penúltimo día antes empezar el viaje, allá por octubre, Rafa conducía solitario camino de Madrid. El pobre volvía de Altea, donde se había tenido que ir (un poco coaccionado, todo ha de decirse) a sacarse el PADI, un certificado de buceo internacional.

Desde entonces, estaba claro que uno de los objetivos de nuestro viaje iba a consistir en buscar a Nemo, redescubrir la Atlántida y rescatar a Ariel de la malvada bruja Úrsula. De este modo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (en este caso, que el Mar de Andamán pasa por la costa sur de Tailandia), decidimos embarcarnos 3 días en el M/V Nangnuan, un pequeño barco de buceo que recorre las celebérrimas (por lo menos entre los submarinistas) Islas Similan.

Como podéis comprobar el barco era bastante canijo, aunque nosotros preferíamos llamarlo “familiar”. Lo cierto es que lo elegimos de entre los muchos cruceros de buceo que había disponibles por ser éste el más barato. Para que os hagáis una idea, ni siquiera tenía camarotes: dormíamos todos, tripulación y pasajeros, debajo de una lona que había sobre la cubierta superior del barco. Fue muy gracioso pasar allí las 2 noches, apiñados como si estuviéramos de campamento de verano en la Sierra de Gredos. Lo mejor de todo fue el ruido que hacía la lluvia al caer sobre la lona durante las tormentas que nos visitaban cada noche. Los relámpagos y los truenos tampoco estaban mal, le daban vidilla al asunto.

La zona donde desayunábamos, comíamos, merendábamos y cenábamos la utilizábamos también para planificar las inmersiones, comentar las inmersiones después de hacerlas (¿Has visto al calamar? ¿Cuánto aire te ha quedado? Buah, he flipado con la manta raya…), como área de esparcimiento, como área de reposo, como área de juegos y, por la noche, se utilizaba para que los instructores nos contaran sus batallitas de buceadores avezados (“una vez bajé 80 metros a pulmón. Pero oye, tú nunca lo hagas (descuida chico, le tengo cierto aprecio a la vida), “no es cierto que los instructores olamos a pescado” “llevo hechas doscientos mil millones de inmersiones”, ese tipo de cosas…). Resumiendo, era en el comedor donde se hacía vida social del barco.

Lo bueno de un barco pequeño es que cabe poca gente en él, así que al cabo de 3 días hasta el cocinero tailandés era como de la familia (se llamaba Tao, por cierto, que en thai significa tortuga).

Aparte de comentar la jugada y de hacer amiguitos, también nos dedicamos a bucear un poco. Para nuestra desgracia no conseguimos alquilar una cámara submarina que nos sirviera para atestiguar nuestras aventuras acuáticas, así que no hay fotos de nosotros bajo el mar. Tenemos unas cuantas fotos de la gente embutida en los neoprenos, así que os podéis imaginar eso pero, en lugar de estar rodeados de aire y de barco, estaríamos rodeados de agua, de corales y de fauna marina.

En total hicimos 9 inmersiones (3 el primer día, 4 el segundo y 2 el último). Estuvieron todas muy bien, vimos tortugas gigantes, muchos peces de colores y tamaños variados e incluso varias mantas de 3 o 4 metros de largo. Tenemos que confesar que, a pesar de no estar mal, el buceo en las Islas Similan nos decepcionó un poco: menos coral del que pensábamos, demasiado marketing thai y muy masificado. Mucho mejor el buceo en Indonesia, pero de eso ya os hablaremos en su momento.

A pesar de todo, en una de estas inmersiones tuvo lugar un momento del viaje que seguro pasará a los anales de la historia. ¡Rafa siendo atacado por un pez! Íbamos los 4 de nuestro grupo tan tranquilos bajo el agua cuando nuestra divemaster (ver foto arriba a la izquierda) nota que algo le tira de las aletas. Era un pez de medio metro (un trigger fish) con cara de cabreo. Los demás íbamos detrás, así que pronto cambió de objetivo y se fue primero hacia un belga que pasaba por allí y luego a por Rafa. No miento si os digo que estuvo persiguiéndole durante al menos 5 minutos mientras Rafa huía de él como podía. Tampoco miento si os digo que es perfectamente posible reírse a carcajadas a 25 metros de profundidad con el regulador en la boca…

Entre inmersión e inmersión había que dejar pasar un rato, así que ¿qué mejor que explorar el interior de las Islas Similan? El concepto “explorar” en nuestro barco era un poco difuso: para algunos significaba adentrarse en la isla y subir riscos cantimplora en mano y, para otros, tirarse en la playa a tomar el sol como unos desgraciados…

Y luego, vuelta al barco para volver a empezar.

Próximamente, los impresionantes acantilados de la costa sur de Tailandia (o la peripecias de Rafa por Vietnam, ya veremos).

 

Nota: Ahora mismo estamos en Indonesia. Por si alguien está preocupado, a pesar de que el terremoto del pasado 11 de marzo causó un tsunami brutal en Japón y que dieron la alerta en ciertos lugares de Indonesia, donde nosotros estamos no ha pasado nada de nada. Así que todo bien. Un abrazo!!

Publicado 15 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Tailandia

Laos: siguiendo el Mekong a contracorriente (27/10/11-10/2/11)   8 comments

Dejamos atrás el surrealista y extenuante tubing para tratar de contaros qué se cuece por el relajado y tranquilo Laos.

Entramos en el país por el sur, a través de la poco transitada frontera con Camboya para hacer noche en la pequeña ciudad de Pakse, a orillas del río Mekong. A pesar de ser la mayor ciudad del sur de Laos, las opciones de ocio que ofrecía esta ciudad eran limitadas. Nuestra ocupación principal del día fue la de esperar en una terracita a orillas del Mekong, cerveza Lao en mano, a que saliese el próximo bus nocturno que nos llevase al norte.

Tras una rápida escala en la intrascendente capital, Vientián, llegamos a la montañosa Vang Vieng, la cuna del tubing. Como pudisteis comprobar en el post anterior, allí dedicamos unos cuantos días a investigar sobre esta lúdica actividad. Sin embargo, la voz de la conciencia finalmente se hizo un hueco entre el musicón predominante y consiguió convencernos de que hubiera sido un pecado mortal irnos de allí sin visitar las maravillas de la zona.

¿Qué hay en Vang Vieng que merezca la pena? Básicamente montañas, cuevas, ríos y gente agradable.

En Vang Vieng precisamente fue donde tuvimos nuestro primer contacto con laosianos genuinos. Íbamos andando tranquilamente por el campo cuando nos topamos con una familia que parecía estar celebrando algo, aunque nunca nos enteramos muy bien de qué. El caso es que nos invitaron a sentarnos con ellos y a compartir su picnic campestre.

Las normas del protocolo exigen al turista internacional aceptar la comida que te ofrezcan los extraños, por rara que sea y sin importar la pinta que tenga (la comida y el extraño que te la ofrece). Justo lo que tu madre te dice que no hagas a la salida del colegio cuando tienes 12 años. En este caso el menú consistía en una ensalada con unas extrañas hierbas rojas, “sticky rice” (cómo no) y sopa de cabezas de pescado.

Tras comer unos cuantos bocados, alguien se dio cuenta de que las “hierbas rojas” de la ensalada no eran tales. De hecho, ni siquiera eran especias. Tenían 6 patas y 2 antenas. Eran hormigas. Hormigas rojas y feas.

A unos les importó más que a otros comer hormigas. No sé si es porque tenía mucha hambre o porque realmente le gustaba el plato, pero Rafa siguió dándole con ganas después del descubrimiento.

De lo que sí estamos seguros es de que el pescado era fresco: sacaban los peces de río, luego directos a la barbacoa y de ahí a la mesa. Todos los peces siguieron el mismo ciclo salvo uno, que impactó repentinamente en la cabeza de Álvaro mientras hacía la foto de debajo. Nos lo tomamos como la señal para dejar de tocar las narices con la camarita y sentarnos a comer.

Al principio la comunicación no era demasiado fluida, aunque poco a poco eso se fue solucionando con una combinación de whisky de arroz y un mini-diccionario lao-inglés que no sabemos de dónde salió. Tampoco sabemos por qué estaba este hombre consultando la sección de aduanas.

En cualquier caso, la ensalada de hormigas no fue la comida más extraña que encontramos. En Laos es muy común, por ejemplo, comer pájaros fritos enteros, con cabeza y todo. Vale que no es súper raro, pero la foto impacta:

Y qué decir de las bebidas…

¿Licor de garra de oso?

¿Licor de bichos repulsivos?

Éstos no los probó ni Rafa, no decimos más…

Dejamos Vang Vieng atrás y pusimos rumbo a Luang Prabang en un minibús lleno hasta los topes por una sufrida carretera llena de curvas. Baste decir que a cada pasajero le repartieron una bolsa de plástico antes de empezar el trayecto…

El roce hace el cariño, así que, tras 7 horas de minibús infernal y varias paradas innecesarias (no fuera a ser que llegásemos a nuestro destino a la hora prevista), fue inevitable hacerse colega de nuestros compañeros de viaje. Con ellos descubrimos que si lo que quieres es comer bien y rápido, lo mejor es ir al mercado de comida local.

Si por el contrario decides ir a un restaurante, te arriesgas a que pidas comida para 8 personas, pase 1 hora y media, traigan los platos de 3 personas, pase media hora más, preguntes a ver qué pasa y te digan que ¡¿¡?¡se les ha olvidado traer el resto de platos y lo sienten mucho pero han cerrado la cocina¡!¡!?!

Pero bueno, luego nos fuimos todos a tomar algo por ahí y se nos pasó el cabreo (con parada técnica en otro restaurante para que, aparte del cabreo, también se nos pasase el hambre). Aquí, posando “Asian style”.

Al igual que en Pakse, el Mekong también pasa por Luang Prabang:

Y cerca de la ciudad también pueden encontrarse espectaculares cascadas, a las que llegamos tras alquilar un día entero el típico “taxi” del sudeste asiático, con conductor durmiente y todo:

Después de Luang Prabang nos separamos y cada uno se fue una semana y pico por su lado: Rafa hacia el norte y Álvaro hacia el sur.

En un reparto temporal de nuestras escasas posesiones, Álvaro se quedó con el portátil y Rafa con la cámara, así que vais a tener la suerte de ver alguna foto del norte de Laos. Básicamente ofrece lo mismo que Luang Prabang y Vang Vieng pero sin turistas y mucho más barato:

Próximamente, Vietnam y la Bahía de Halong (o + Tailandia si Rafa no se da prisa en escribir).

Publicado 8 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Laos

¡¡¡Vámonos de tubing!!! (30/1/2011 – 4/2/2011)   16 comments

¿Que qué es tubing? ¿Es acaso un deporte de riesgo? ¿Un garito de moda? ¿Una experiencia onírica semi-surrealista? El tubing es todo eso y mucho más…

¡Esto es tubing!

 

Érase una vez un pequeño pueblo rural en medio de Laos, bañado por un  tranquilo río de pescadores y rodeado de espectaculares montañas de formas imposibles. La paz y el savoir vivre impregnaban sus escasas callejuelas sin asfaltar y la gente se tomaba la vida con la calma y el sosiego típicos laosianos.

Hasta que un día Pandora pasó por allí y abrió su famosa caja para coger unos kleenex. De la noche a la mañana, nadie supo nunca decirnos cuándo ni cómo ocurrió exactamente, lo que en tiempos fuera un apacible poblado se convirtió en una rara mezcla entre Ibiza, Pachá Torremolinos, el FIB de Benicassim y el Sella en pleno descenso. 7 días a la semana, 365 días al año.

Al llegar al pueblo lo primero que observas es que está tomada por ingleses y australianos (alegres hooligans al más puro estilo Salou).

La casa de huéspedes tradicional de Vang Vieng cuenta con dos características básicas: i) precios muy, muy, muy bajos y ii) un restaurante – bar a pie de calle emitiendo reposiciones de Friends y Family Guy a todo volumen en pantallas de plasma gigantes. La gente se podía pasar horas embobada viendo la tele. Por otro lado, muchos restaurantes de la zona te ofrecen con toda la naturalidad del mundo menús “alternativos” por si no tienes hambre.  Muy exótico.

En el tubing la cosa funciona así:

Por la mañana, después de tomarte un English Breakfast “típico” laosiano, con sus scrambled eggs de gallina local y sus beans enlatados, te acercas a la tienda de alquiler de tubos. Una vez alquilados, los propios empleados de la tienda se encargan de  transportarte río arriba en tuk tuk hasta el inicio del recorrido. Los famosos tubos no son más que flotadores hinchables gigantes en los que en teoría deberías dejarte llevar flotando río abajo durante unos kilómetros.

Decimos en teoría porque en la práctica con los tubos apenas recorres unos escasos 30 metros: la distancia que existe entre el Bar Number 1 y el Bar Number 3, con parada técnica en el Bar Number 2. Existe el mito de que hay más bares si sigues el curso del río, pero nadie ha logrado nunca pasar del número 3. Son como un agujero negro, que te atrapa y no te deja salir por mucho río y mucho paisaje kárstico espectacular que haya a tu alrededor.

La oferta de los (3) bares es muy parecida. Todos ofrecen buckets (para entendernos, cubos de playa de toda la vida) rellenos de brebajes diversos. Dicen que en la variedad está el gusto, pero la bebida que más triunfaba era el whisky laosiano con coca cola y una especie de red-bull asiático terminantemente prohibido en occidente. Probablemente sea a causa de la inquietud culinaria que lleva a la gente a probar los diferentes productos de la zona. Aunque igual también influye que sea lo más barato que se puede beber si exceptuamos el agua del río. Además, tampoco es que se viera a demasiada gente probando piel de búfalo seca con berenjenas, otra de las especialidades locales…

Para atraer a los potenciales clientes, los bares utilizan una táctica doble: activa y pasiva. La primera consiste en “pescarte” mediante una botella atada a una cuerda que te lanzan mientras tú te dejas llevar río abajo subido en tu flotador-tubo. Si te interesa el bar, agarras la cuerda y ya se preocupan ellos de recoger carrete y tirar de ti hasta la orilla. La técnica pasiva se basa en ofrecer chupitos de whisky laosiano gratuitos, virtualmente ilimitados y potencialmente letales. Según avanza el día y el bar se va despoblando, las bebidas se van haciendo más y más baratas. Al final las regalan. Opinamos que es un modelo de negocio tan avanzado como el de Facebook: deben de ganar mucha pasta pero preferimos no saber cómo.

Además, cada bar cuenta con su propia atracción. Aprovechando el río adyacente y que los estándares regulatorios laosianos en materia de seguridad  son tirando a inexistentes, cada bar se construía con maderos su propia tirolina, polea, tobogán o la majadería que se les ocurriese. Todas estas atracciones acababan con un espectacular planchazo en el agua (salvo nosotros, que claramente dominábamos el arte de caer al agua con gracia y desparpajo). Teniendo en cuanta lo perjudicada que iba la gente, lo que no comprendemos es cómo los usuarios de las atracciones que acababan en el agua no se iban más a menudo de after al hospital más cercano.

En el tubing la gente también da rienda suelta a su creatividad pintándose el cuerpo los unos a los otros. Ellas eran más partidarias de las estrellitas y el arte conceptual. Ellos preferían dejar que sus colegas les pintasen frases sorpresa en la espalda. No podía ser de otra forma: las lindezas del tipo “Soy un pederasta reconocido y orgulloso, que no te engañe mi aspecto afable” o “Soy vegetariano pero me encantan las cabras, tú ya me entiendes”, estaban a la orden del día.

Cuenta la leyenda que existe un personaje mítico que llegó a Vang Vieng para pasar una semana y que ha empalmado más de 400 días seguidos haciendo tubing sin parar. No podemos evitar preguntarnos i) ¿Ese tipo realmente existirá? ii) ¿Cómo se ganará la vida? iii) ¿Habrá conseguido ya la nacionalidad laosiana? iv) ¿Le habrán hecho hijo adoptivo de Vang Vieng? v) ¿En qué piensa? ¿Piensa?

Aparte de las atracciones, el río y los buckets, pues poco más, temazo tras temazo a todo volumen, buen rollito generalizado, y a marear hasta que anochece. Después se podía seguir la fiesta por la noche en bares ya en el propio pueblo. Ahí es cuando te das cuenta de que la edad no perdona y que dormir mola. Triste pero cierto. Pero bueno, así madrugabas y podías aprovechar el día siguiente… para irte de tubing.

Próximamente, un poco de Laos del de verdad.

Publicado 2 marzo, 2011 por encualquierotraparte en Laos

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