En la remota provincia de Ratanakiri (22-27/01/2011)   8 comments

Tras un breve periodo en el que, además de tomar temporalmente CAMINOS diferentes (tampoco teníamos demasiadas ganas de escribir, todo sea dicho), retomamos el blog con renovadas energías.

Energías de las que andábamos algo escasos cuando por fin conseguimos llegar a la provincia más septentrional de Camboya: la selvática Ratanakiri.

Avisados del lamentable estado de las carreteras que conducen hacia el norte del país, decidimos viajar durante el día en lugar de por la noche, como venía siendo nuestra costumbre. Hemos de admitir que otros condicionantes externos influyeron en nuestra decisión:

1)    El único bus nocturno que habíamos tomado en Camboya nos dejó tirados en una estación perdida en medio de la nada a las 4:00 de la mañana. La hora prevista de llegada eran las 6:00 am.

2)    Sólo hay un bus que lleva de Phnom Penh a Ratanakiri y es diurno. Jaque mate.

En cualquier caso, viajar durante el día nos permitió admirar un fenómeno que, como los eclipses de luna, sólo se produce una vez cada muchos años: ¡¡nuestro autobús, la carretera y Rafa iban a juego!!

Como íbamos diciendo, tras muchas horas de baches, curvas y no pocos mareos, finalmente llegamos a nuestro destino, el hotel en lo alto de esta colina:

La Lonely Planet cuenta que Ratanakiri destaca por su riqueza natural. Por lo visto, el mejor lugar para admirar dicha riqueza es el cercano Parque Nacional de Virachey.

-“Si contratas excursiones para visitar el parque –continúa diciendo la guía– hazlo directamente con los guardabosques oficiales. Si por el contrario contratas con los hoteles, corres el riesgo de que te lleven a dar un simple paseo por el ralo bosquecillo de alrededor del parque”.

Por algún extraño motivo, asumimos que el estar en lo alto de una montaña le otorgaba cierta credibilidad a nuestro hotel, así que, incautos pardillos de nosotros, contratamos la excursión que nos ofrecieron (quizá fuese que nos dio pereza bajar a buscar guardabosques por ahí: ¿Cómo es un guardabosques? ¿Dónde habita? ¿Cuáles son sus costumbres? Demasiadas preguntas…).

Nuestro grupo de alegres expedicionarios estaba compuesto por Klaus, un alemán hippy de 70 años que había dejado a su mujer en Alemania y se había venido él solo a visitar el sudeste asiático, ______, una madre soltera ecuatoriana de nacionalidad canadiense, y dos tipos sospechosos que se hacían llamar Rafa y Álvaro.

Ya la cosa empezó mal. El primer tramo del camino, hasta un río a 43 km. de distancia, lo tuvimos que hacer en 4 motos, cada una con su respectivo conductor y cargada con bártulos de acampada. Al poco de partir y justo delante de nosotros, una motorista camboyana se metió un leñazo de escándalo contra una rotonda, partiéndose de forma inequívoca, y poco agradable, la tibia y el peroné. A nosotros todavía nos quedaban 40 km. por recorrer. Tranquilizador…

Por el camino comimos polvo como campeones. ¿Hemos mencionado que la tierra en Ratanakiri es roja?

Cuando por fin llegamos al río, nos subieron en esta estrecha barquichuela a motor. Con ella remontamos un afluente del Mekong hasta llegar el poblado desde donde comenzaba la expedición. Observad que Rafa opinaba que para qué lavarse la cara: el rojo-tierra favorece. De hecho nos recuerda a aquellas toallitas exageradamente broceadoras que se pusieron de moda hace unos años. En aquellos tiempos Madrid parecía invadida por las increíbles mujeres de color naranja (aunque no pocos hombres también las usaban).

El pueblo ribereño al que nos llevaron resultó ser muy genuino. La vida era totalmente rural y no costaba darse cuenta de cómo la vida diaria se articulaba totalmente en torno al río: las mercancías y las personas llegaban y partían desde el improvisado puerto, las mujeres lavaban sus cosas, los niños jugaban, los hombres vagueaban dándose un chapuzón…

Nosotros, ya que estábamos, también nos remojamos un poco. El señor con una trenza en la barba es Klaus, el alemán hippy de nuestro grupo de intrépidos boy scouts.

La expedición consistió en un día de marcha a través de lo que debería haber sido la selva y que, sin embargo, transcurrió casi totalmente por terrenos cultivados. Muy bonitos, pero de selva tenían más bien poco.

Más tarde nos adentramos un poco en la espesura, pero había tantos árboles que no nos dejaron ver el bosque…  Finalmente llegamos al cauce de un río y acampamos junto a una cascada. Era temporada seca y la pobre andaba algo poco escasa de potencia, aunque eso no evitó que nos diésemos otro baño junto a ella.

Nos acompañaban dos guías encargados de que no nos perdiéramos por el bosque, así como de montar las hamacas y cocinar. Su repertorio culinario resultó ser algo pobre. Nos pasamos tres días comiendo arroz (mucho) con carne (cuando había suerte) o, la variante para el desayuno, grasientos noodles precocinados.

En la noche que pasamos a orillas de la cascada alguien se sacó de la manga una botella de whisky de arroz artesano. Uno de nuestros guías aprovechó para vernirse arriba y empezó a contar absurdas historias sobre anacondas gigantes casadas con personas o alguna cosa similar. Rafa parecía escucharle con atención.

Al día siguiente levantamos el campamento (es un decir, nuestra aportación se limitó a una queja lastimera sobre lo mal que se duerme en una hamaca) y volvimos al pueblo de partida por otro camino diferente. Al principio la cosa prometía más, la vegetación era algo más frondosa y el guía daba algún que otro machetazo para abrirse paso, pero pronto la espesura dejó paso a las tierras cultivadas y a alguna que otro búfalo que pacía tranquilamente.

Pronto llegamos al pueblo dónde nos dejó la barca el primer día. Allí estuvimos mareando la perdiz hasta que anocheció y nos metimos en la casa donde después pasaríamos la noche:

En el poblado no había electricidad, así que tuvimos que alumbrarnos con velas. Antes de dormir compartimos otro tipo de vino de arroz con la gente de la casa. En este caso era un poco distinto, ya que la costumbre local consistía en beber por turnos de una jarra gigante compartiendo todos la misma pajita. Así desapareció la civilización maya, no digo más…

Al día siguiente nos despertamos y, tras desayunar los consabidos noodles, insípidos e instantáneos, el guía nos llevó a dar una insustancial vuelta por el pueblito.

Después de marearnos arriba y abajo durante un par de horas, nuestro amado guía pretendió que nos parásemos para comer a las 10 de la mañana, ¡tras haber desayunado dos horas antes!

Entre que nos sentíamos un poco estafados porque estábamos perdiendo el tiempo de manera descarada, que no habíamos estado apenas en la selva y que andábamos ya un poco quemados de las estupideces que nos contaba el tipejo, decidimos volver al hostal y montar un poco el pollo.

Al final el tipo del hotel se disculpó y nos ofreció 3 opciones: a) devolvernos parte del dinero que nos había costado la excursión, b) comprar nuestro silencio con cerveza o c) organizarnos otra excursión al día siguiente. De coña. Muy dignamente elegimos la opción a), aunque al final nos lo gastamos en b). Triste pero cierto.

Moraleja del cuento: no hacer caso a los consejos de la Lonely Planet puede conducir a tomar cerveza cuando en realidad lo que quieres es andar. O algo así.

Próximamente, de peligrosos ladrones de móviles en Camboya. O igual la cosa irá ya sobre Laos, ya veremos.

Publicado 22 febrero, 2011 por encualquierotraparte en Camboya

8 Respuestas a “En la remota provincia de Ratanakiri (22-27/01/2011)

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  1. primera entrada del blog q no me hace sufrir de envidia… con esta sólo lloro de envidia!!! como siempre, geniales contando la aventura!! lonely planet rulezzzzzzz

  2. No se que me da más envidia, si dormir en una hamaca debajo del tenderete ese, o desayunar noodles en una casa horreo…
    Por cierto, la camiseta de Rafa ha dejado de ser blanca.

  3. Qué ilusión!!!!!!!! Muchas gracias. Espero que sigáis disfrutando de esta aventura. besitos y paz!

  4. Si siguen viajando asi van a acabar como el bueno Klaus 😉 Me gusta particuliarmente el campo en la selva, esto es aventura! Adelante chicos, muy bueno leer vuestro blog!!!! Abrazo! Gui

  5. Pues chicos, la verdad es que durante todo el blog he caminado con vosotros por la selva pantanosa ??????esperando ver aparecer la anaconda… ¡y nada! Pero bueno, estas cosas pasan, y esto nos demuestra que en todas partes hay listillos… ¡¡¡¡¡pero que envidia me dais, queridos viajeros!!!!!!! Un besazo

  6. La verdad es que dormir debajo de 4 palos, comer noodles durante días y compartir pajita, con un aleman hippie lo podiais haber hecho aqui(en Mallorca al menos), eso si sin las cervezas gratis!

  7. suena muy apetecible, hamaca, leyendas de anacondas, búfalos q pacen, el típico whisky de arroz…. humm, de todas formas yo creo q lo de las anacondas os lo habéis inventado, fijo q os estaba contando una cosa interesante y cultural y vosotros, cegados por el whisky local escuchásteis lo q os dió la gana.

    Por cierto rafa, una de mis primas curra con tu prima, es curioso… q pequeño es el mundo… (y eso q vostros os vais a tomar un año para verlo)

    en fin a cuidarse y eso…. poned posts buceando…

  8. Tanto oir hablar de la selva,que me vino mi recuerdo de tarzan,despues de lo visto el pobre tarzan se habria encontrado mas desplazado que llamazares en un congreso de pp.Bueno y su mujer,idolo de nuestra juventud
    que usaba falda por encima de la rodilla,limpiando ese plastico con palos,creo que solo la mona tendria un lugar en esa selva de conductor de motos(perdon conductor-conductora).Vamonos a bucear.Un abrazo muy fuerte

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