Archivo para 10 febrero, 2011

Pol Pot y el genocidio camboyano   15 comments

Al pasear por Phnom Penh te invade una sensación extraña. Puede que al principio ni siquiera te enteres, es algo sutil, pero algo le ocurre a la ciudad. No le das mucha importancia, piensas que al turista occidental Asia siempre le choca y le resulta diferente. Demasiadas horas de autobús, piensas, será cuestión de dormir y de acostumbrarse.

Hasta que el dueño de nuestro hostal nos lo mencionó, no nos dimos cuenta. Pero es cierto: apenas se ven personas que hayan pasado la frontera de los 50 años. Tiendas, hoteles, panaderías, restaurantes, policía, monjes, conductores de autobús, barqueros… Nadie. El tiempo parece haberse detenido para los habitantes de la capital camboyana, que parecen vivir en una especie de país de nunca jamás.

La situación se repite a lo largo y ancho del país. A diferencia de lo que sucede en Tailandia, Laos o incluso en Vietnam, los jóvenes parecen ser los únicos dueños de las calles y de la vida pública de Camboya.

¿Qué es lo que ocurre en Camboya?

Para responder a esta pregunta hace falta echar la vista atrás unos cuantos años. En concreto, hasta la época de la mil veces llevada al cine guerra de Vietnam.

No vamos a entrar demasiado en los pormenores de dicha guerra, baste decir que Camboya sufrió en sus propias carnes los bombardeos americanos por su supuesta colaboración con el Vietcong. Simplificando mucho, cuanto mayor era la animadversión que los camboyanos sentían hacia los americanos, mayor era la simpatía que se despertaba hacia un grupo de ideología comunista que se hacía llamar “Khemeres Rojos”. Pol Pot, un iluminado al estilo Stalin o Hitler, era su líder supremo.

En cuanto los estadounidenses se retiraron de Camboya, los Khemeres Rojos no tardaron en ocupar las principales ciudades del país.

Sin embargo, lo que en un principio fue motivo de alegría y una esperanza de paz después de la prolongada guerra, no tardó en convertirse en una pesadilla. Los Khemeres Rojos despreciaban todo lo que oliera a occidental y consideraban a los habitantes de las ciudades como la clase opresora de la que había que deshacerse. El poder radicaba en el pueblo y el pueblo verdadero se encontraba en el campo.

En poco tiempo, los Khemeres Rojos abolieron el dinero, cerraron escuelas y universidades, expulsaron a los diplomáticos y comerciantes extranjeros… Y lo más radical, de la noche a la mañana obligaron a TODA la población urbana a desalojar las ciudades para trabajar en el campo.

Por otro lado, la paranoia inherente a cualquier régimen totalitario condujo a que los opositores del régimen, tanto reales como ficticios, fueran sistemáticamente trasladados a cárceles y a campos de concentración para ser interrogados y torturados hasta la muerte.

La cárcel más famosa se encuentra en la propia Phnom Penh. Se trata de Tuol Sleng, un antiguo colegio cuyo nombre en clave en tiempos del régimen fue S-21. Se sabe con certeza que, de los 20.000 presos que entraron allí, únicamente 7 sobrevivieron. Hoy es un museo del genocidio.

El reglamento de la cárcel, expuesto hoy como parte del museo, es escalofriante:

Las condiciones de vida eran tan duras y la desesperación de los presos era tal, que los pasillos del edificio se forraron con alambre de espino para evitar que los prisioneros se suicidaran tirándose desde los balcones:

Pronto, no sólo los opositores directos del régimen fueron objetivo de los Khemeres Rojos. Extranjeros, médicos, ingenieros, arquitectos, abogados, intelectuales… Uno se convertía en sospechoso por llevar gafas, tener un título universitario o no tener callos en las manos al no trabajar el campo. Todos ellos empezaron a ser “cazados” y asesinados por el régimen.

La aniquilación de los no afines al régimen se intensificó con el tiempo. Cuando los Khemeres Rojos fueron derrocados en 1979, se encontraron numerosos campos de concentración y miles de muertos enterrados en fosas comunes.

Como éste, a 17 km. de Phnom Penh y hoy convertido también en museo:

No sólo mataban adultos. Según nos explicaron, no dudaban en quitar la vida a niños o ancianos. Incluso los recién nacidos, hijos de los “enemigos del régimen”, eran golpeados contra árboles hasta morir:

Como homenaje a los fallecidos, se ha erigido en medio del campo de concentración una pagoda conmemorativa. En ella se pueden encontrar 5.000 cráneos humanos de algunas de las víctimas enterradas en las fosas comunes colindantes.

En los 4 años que duró el régimen khemer se calcula que, de una población inicial de 7,5 millones de personas, 700.000 personas murieron por enfermedades y malnutrición, cerca de 600.000 personas fueron ejecutadas y otras 600.000, simplemente… desaparecieron sin dejar rastro. Esto es, el 25% de la población camboyana fue exterminada entre 1975 y 1979.

Y recordemos, todo esta locura sucedió apenas 35 años atrás. Un puñado de locos persiguiendo un absurdo ideal comunista irrealizable que pretendía devolver Camboya a la prehistoria a través de una ruralización radical de la sociedad. Lo único que consiguieron fue empobrecer y minar el desarrollo del país, destruyendo sus infraestructuras básicas y aniquilando por el camino a una cuarta parte de su población.

Poco a poco el país se va recuperando, pero quizá eso explique por qué apenas se ven personas mayores de 50 años en Camboya…

Pol Pot murió en 1998 sin haber sido ser juzgado. Sin embargo, en la última década, la ONU y el Reino de Camboya han constituido un Tribunal Penal mixto que pretende juzgar a los miembros del régimen que aún siguen con vida.

 

Próximamente, la cosa (más alegre) irá de grandiosos templos en medio de la jungla camboyana.

Publicado 10 febrero, 2011 por encualquierotraparte en Camboya

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