Archivo para 26 enero, 2011

Navidades en Bangkok (22/12/2010-5/1/2011)   9 comments

Dejamos India atrás y tomamos un vuelo que nos lleva directos a la ciudad más emblemática del sudeste asiático: Bangkok.

Decidimos empezar a tomarnos las cosas con un poco más de calma y plantamos nuestro campamento base para pasar allí las navidades. Tres hostales distintos a lo largo de casi dos semanas en la capital tailandesa nos permiten decir que conocemos un poquito de Bangkok. ¡Hasta ejercimos de anfitriones!

Primero se vino Mer a pasar unos días con nosotros (Álvaro feliz, por razones evidentes) entre Bangkok, la selva y la playa. Qué pena que todo lo bueno se acabe. Es curioso, aunque llegó en una década y se fue en la siguiente, a Álvaro se le hizo demasiado corto…

Sin embargo, la soledad no duró mucho y el 2 de enero Rafa se puso muy contento: Marina llegaba. Y no vino sola; la acompañaban su inseparable prima “la Gemma” y Roger.

Tanto con una como con otros visitamos un poco Bangkok, pero estábamos tan ocupados que casi no hicimos fotos en la ciudad. No os preocupéis, tendréis más información de nuestras andanzas con ellas en posts siguientes. Centrémonos hoy en Bangkok, la ciudad de los Ángeles (con permiso de L.A.).

Nada más aterrizar, Bangkok nos acogió en su celebérrima calle de la perdición: Khaosan Road. Como ocurre en Salou o Torrevieja, este peculiar ecosistema reúne todos los elementos necesarios para atraer al “guiri común” (en latín: “ebrius mochilerus”): pensiones baratas que surgen como setas, litros y litros de cerveza Chang, cubos (no copas ni minis, ¡cubos!) de alcoholes varios no identificados, sórdidos garitos, una happy hour cuasi permanente, casas de masajes híper-baratas, imitaciones malas y peores…

Sin ir más lejos, Rafa cambió de profesión en el tiempo que tardó un hombre en prepararle su carnet de periodista freelance. Mercedes Milá tiembla.

Dicen que allá donde fueres haz lo que vieres, así que rápidamente adoptamos las costumbres locales de su especie endémica y así poder conocer mejor el comportamiento del curioso especimen. Eso incluye Nochebuena, que celebramos con estos alegres ejemplares de “ebrius mochilerus” de procedencia dispar.

Al cabo de unos días nos alejamos del hábitat de esta peculiar especie (nos trasladamos a un hotel más céntrico) y cambiamos los sórdidos tugurios de Khaosan Road por garitos de “altura” como el Sirocco, una pedazo de terraza en el piso 64 de unos de los hoteles más pijos de la ciudad (gracias Marta por la recomendación). A partir de ahí ya sí que pudimos dedicarnos a examinar Bangkok detenidamente, como se ve a continuación:

En Tailandia, la religión predominante es el budismo. Los templos de este culto tienen un estilo peculiar y, a diferencia de lo que ocurría en Turkmenistán, el dorado y los ornamentos sí están bien utilizados y no resultan en absoluto horteras ni fuera de contexto.

Tuvimos la suerte de coincidir con un grupo de monje budistas rezando al unísono en uno de los templos principales. No había mucha gente en el rezo, así que nos pudimos sentar a escucharles relajadamente. Casi nos quedamos sopa con el murmullo en que consistían las plegarias, pero pudimos sacar algunas fotos interesantes:

En los países budistas, los monjes gozan de un trato diferente. En general son muy respetados y tienen ciertos privilegios (un punto a favor). Por otro lado, no pueden ser tocados por mujeres (500 puntos en contra). Un ejemplo de esos privilegios se puede ver en el metro de Bangkok:

¿Recordáis los tuk-tuk de la India? Pues en Bangkok los hay a patadas y su aspecto es muy similar. Sin embargo, mientras que los indios son unos cacharros que no pasan de los 40 km/hora, los thai son unos cohetes conducidos por personajes sin demasiado aprecio por la vida que, además, te intentan hacer el lío a la que te despistas.

Si vas a Bangkok, pilla taxis normales con taxímetro: son mucho más cómodos, igual de baratos y muchos están tuneados. Llantas, alerones, metalizados rosas, ¡hasta fuimos en uno con Nitrox!.

Lo que también mola de Bangkok es que en todos lados se puede comer. No sólo hay millones de restaurantes, abiertos día y noche, sino que también los puestos de comida se agolpan en la calle uno tras otro. Todo tirado de precio y no se come nada mal…

Para terminar, una imagen de fin de año en Bangkok. Esta gente no tiene nuestro mensaje de Navidad del Juan Carlos, pero ahí estaba su Rey en plena celebración. No sé si será campechano o no, pero los thai se lo toman muy en serio.

Próximamente, en el puente sobre el río Kwai (sí, como la peli).

Publicado 26 enero, 2011 por encualquierotraparte en Tailandia

A %d blogueros les gusta esto: