Archivo para enero 2011

El puente sobre el río Kwai (29-31/12/2010)   4 comments

13 horas de horrible bus nocturno (ya hablaremos de él cuando toque Laos), han hecho que estamos frescos como lechugas para hablaros de Kanchanaburi y de su peliculero río Kwai.

Después de mucho tiempo seguido en Bangkok, decidimos que ya era hora de visitar otros lugares de Tailandia. Kanchanaburi fue el destino elegido para ello. Rafa hizo una avanzadilla y se plantó allí un día antes para explorar el terreno, mientras Mer y Álvaro vagueaban en las playas de la isla de Koh Samet (próximo post).

Tras unas pocas horas de buses, taxis y más buses, nos volvimos a reunir todos a orillas del río Kwai.

Hace cerca de 60 años, en plena 2ª Guerra Mundial, los japoneses decidieron invadir toda Asia. Para proseguir con su conquista del mundo oriental, necesitaban traer materias primas desde Birmania hasta Japón. Sin embargo, el tráfico marítimo en el Océano Índico se encontraba controlado por los británicos y navegarlo era una misión suicida si tu bandera era blanca con un punto rojo gigante en medio.

¿Solución? Construir en tiempo récord un ferrocarril que uniese Birmania con Tailandia, desde donde se enviarían las mercancías a Japón por unos mares más amistosos con los navíos nipones.

¿Problema? Que entre Tailandia y Birmania hay unas bonitas montañas pobladas de densa jungla y caudalosos ríos.

¿Cómo lo hicieron? Básicamente con montones y montones de esclavos: i) gentes de los países adyacentes a las que engañaban con falsas promesas de trabajo y ii) prisioneros de guerra europeos y estadounidenses.

¿Consecuencia? Construyeron 400 kilómetros de vía férrea en sólo 15 meses, cuando los ingenieros habían previsto un mínimo de 5 años de trabajo muy intenso. Eso sí, a costa de dejarse en el camino unos 300.000 muertos por enfermedades tropicales, hambre y agotamiento.

Y todo este esfuerzo sirvió para bien poco. Nada más entrar en servicio la línea, los americanos la bombardearon y derrotaron a los japoneses, con lo que todo el proyecto quedó en nada.

Años más tarde se rodó una famosa peli sobre la construcción de ese ferrocarril de la muerte: “El Puente sobre el Río Kwai”, un puente traído pieza a pieza desde la isla de Java en Indonesia para acelerar el avance del ferrocarril. Es tan famosa que aún no la hemos visto, aunque a cambio hemos cruzado el río Kwai por el mismísimo puente. Asumimos que debe de ser como haber leído el libro: luego ves la peli y te decepciona. Nosotros no corremos riesgos innecesarios, así que de momento hemos decidido no descargarnos este clásico.

Kanchanaburi no sólo tiene su famoso puente. A sólo 50 km de la ciudad, se encuentra el Parque Natural de Erawan, con unas cascadas donde nos dimos unos chapuzones:

En las casas de masajes de Bangkok te encuentras con el llamado “Fish Massage”, unos tanques llenos de agua y peces donde metes los pies para que, básicamente, te coman los callos. ¡Pues en Erawan los peces te comen los callos gratis! Aunque no sé de qué nos extrañamos, en Khao San Road tiene pinta de haber muchas cosas de pago que en otros sitios te hacen gratis…

En fin, que estuvimos un rato con los pieses en remojo y los pececillos comiéndonos las impurezas. Al principio hace gracia, al cabo de un rato da cierta grima.

¡Qué te exfolie un pez!

Al día siguiente hicimos otra carambola de autobuses y tuk-tuk, que salió bien contra todo pronóstico, y visitamos el mercado flotante de Damnoen Saduak.

Se trata de un sitio donde se venden cosas (un mercado) y que está sobre el agua (flotante). Todo encaja. Parece ser que antaño era utilizado por los locales ya que los canales facilitaban el transporte de las mercancías. Hoy, sin embargo, es un sitio lleno de guiris como nosotros montados en barquichuelas a motor, comprando souvenirs y comida y tratando de no mojarse demasiado. Aunque tenemos que decir que el paseo en barca estuvo agradable.

Cansados como estábamos tras tanto ajetreo, aprovechamos el bus de vuelta a Bangkok para descansar antes de fin de año.

Próximamente, de isla en isla y de playa en playa.

Publicado 31 enero, 2011 por encualquierotraparte en Tailandia

Navidades en Bangkok (22/12/2010-5/1/2011)   9 comments

Dejamos India atrás y tomamos un vuelo que nos lleva directos a la ciudad más emblemática del sudeste asiático: Bangkok.

Decidimos empezar a tomarnos las cosas con un poco más de calma y plantamos nuestro campamento base para pasar allí las navidades. Tres hostales distintos a lo largo de casi dos semanas en la capital tailandesa nos permiten decir que conocemos un poquito de Bangkok. ¡Hasta ejercimos de anfitriones!

Primero se vino Mer a pasar unos días con nosotros (Álvaro feliz, por razones evidentes) entre Bangkok, la selva y la playa. Qué pena que todo lo bueno se acabe. Es curioso, aunque llegó en una década y se fue en la siguiente, a Álvaro se le hizo demasiado corto…

Sin embargo, la soledad no duró mucho y el 2 de enero Rafa se puso muy contento: Marina llegaba. Y no vino sola; la acompañaban su inseparable prima “la Gemma” y Roger.

Tanto con una como con otros visitamos un poco Bangkok, pero estábamos tan ocupados que casi no hicimos fotos en la ciudad. No os preocupéis, tendréis más información de nuestras andanzas con ellas en posts siguientes. Centrémonos hoy en Bangkok, la ciudad de los Ángeles (con permiso de L.A.).

Nada más aterrizar, Bangkok nos acogió en su celebérrima calle de la perdición: Khaosan Road. Como ocurre en Salou o Torrevieja, este peculiar ecosistema reúne todos los elementos necesarios para atraer al “guiri común” (en latín: “ebrius mochilerus”): pensiones baratas que surgen como setas, litros y litros de cerveza Chang, cubos (no copas ni minis, ¡cubos!) de alcoholes varios no identificados, sórdidos garitos, una happy hour cuasi permanente, casas de masajes híper-baratas, imitaciones malas y peores…

Sin ir más lejos, Rafa cambió de profesión en el tiempo que tardó un hombre en prepararle su carnet de periodista freelance. Mercedes Milá tiembla.

Dicen que allá donde fueres haz lo que vieres, así que rápidamente adoptamos las costumbres locales de su especie endémica y así poder conocer mejor el comportamiento del curioso especimen. Eso incluye Nochebuena, que celebramos con estos alegres ejemplares de “ebrius mochilerus” de procedencia dispar.

Al cabo de unos días nos alejamos del hábitat de esta peculiar especie (nos trasladamos a un hotel más céntrico) y cambiamos los sórdidos tugurios de Khaosan Road por garitos de “altura” como el Sirocco, una pedazo de terraza en el piso 64 de unos de los hoteles más pijos de la ciudad (gracias Marta por la recomendación). A partir de ahí ya sí que pudimos dedicarnos a examinar Bangkok detenidamente, como se ve a continuación:

En Tailandia, la religión predominante es el budismo. Los templos de este culto tienen un estilo peculiar y, a diferencia de lo que ocurría en Turkmenistán, el dorado y los ornamentos sí están bien utilizados y no resultan en absoluto horteras ni fuera de contexto.

Tuvimos la suerte de coincidir con un grupo de monje budistas rezando al unísono en uno de los templos principales. No había mucha gente en el rezo, así que nos pudimos sentar a escucharles relajadamente. Casi nos quedamos sopa con el murmullo en que consistían las plegarias, pero pudimos sacar algunas fotos interesantes:

En los países budistas, los monjes gozan de un trato diferente. En general son muy respetados y tienen ciertos privilegios (un punto a favor). Por otro lado, no pueden ser tocados por mujeres (500 puntos en contra). Un ejemplo de esos privilegios se puede ver en el metro de Bangkok:

¿Recordáis los tuk-tuk de la India? Pues en Bangkok los hay a patadas y su aspecto es muy similar. Sin embargo, mientras que los indios son unos cacharros que no pasan de los 40 km/hora, los thai son unos cohetes conducidos por personajes sin demasiado aprecio por la vida que, además, te intentan hacer el lío a la que te despistas.

Si vas a Bangkok, pilla taxis normales con taxímetro: son mucho más cómodos, igual de baratos y muchos están tuneados. Llantas, alerones, metalizados rosas, ¡hasta fuimos en uno con Nitrox!.

Lo que también mola de Bangkok es que en todos lados se puede comer. No sólo hay millones de restaurantes, abiertos día y noche, sino que también los puestos de comida se agolpan en la calle uno tras otro. Todo tirado de precio y no se come nada mal…

Para terminar, una imagen de fin de año en Bangkok. Esta gente no tiene nuestro mensaje de Navidad del Juan Carlos, pero ahí estaba su Rey en plena celebración. No sé si será campechano o no, pero los thai se lo toman muy en serio.

Próximamente, en el puente sobre el río Kwai (sí, como la peli).

Publicado 26 enero, 2011 por encualquierotraparte en Tailandia

Calcuta, Benarés y los Space Invaders (16-22/12/2010)   11 comments

Lucky are those who live in the banks of Ganga River”.

O, lo que es lo mismo: “Dichosos aquellos que viven en las orillas del río Ganges”. Esta frase puede tener sentido para los hindúes. Para nosotros, desde luego que no.

La religión hindú es como el juego de la oca. Si te portas bien en vida, te reencarnas en mejores existencias (una casta superior, alguien con más pasta…) hasta que llegas a la meta: que tu alma se funda con el Creador y te liberes de la existencia material y de reencarnarte una y otra vez. Sin embargo, si un hindú se porta mal, retrocede posiciones (un amargado, un paria, un perro, un gusano, etc.) hasta la casilla de salida. Y vuelta a empezar. Igualito que la Oca.

Ahora bien, si mueres en la ciudad santa de Benarés y tus cenizas van a parar al río Ganges, te liberas del ciclo de reencarnaciones y te salvas directamente (de oca a oca…).  Un chollo.

¿Consecuencia? Que a orillas del Ganges se hacen hogueras (tipo fogata de campamento) donde se incineran muertos 24 horas al día, 7 días a la semana. Y luego las cenizas se vierten en el Ganges. En 45 minutos que estuvimos mirando, quemaron tranquilamente a unas 8 personas.

Por otro lado, los leprosos, los hombres santos, aquellos que mueren por picaduras de cobra y nosequién más, no se queman, sino que se tiran enteros al río una vez muertos. Une a esto la contaminación típica de la India y tendrás un maravilloso cóctel llamado “este río da mucho asquito”.

Pero a los hindúes les da igual, ellos sostienen que el río es sagrado y acuden a bañarse diariamente en sus aguas ya que, por lo visto, purifican los pecados.

No os creáis que la ciudad en sí está mucho más limpia. Si ya en Delhi te encontrabas de vez en cuando animales por las calles, en Benarés la proporción bichos / humanos debe de estar al 50%. Y como la ciudad está llena de basura, se adaptan al entorno y comen lo que pillan:

Todo se aprovecha, incluida la mierda de los animales, que se utiliza como combustible:

Tantos animales sueltos por la ciudad hace que, a veces, no todo el mundo pueda pasar a la vez por sus angostas calles. Que se lo digan a esta chica. Aunque pasamos el día con ella y su novio no logramos acordarnos de su nombre. Triste. Aunque siempre la recordaremos como “la sueca que fue arrollada por una manada de vacas callejeras”.

En cualquier caso, la espiritualidad de la ciudad se percibe en el ambiente. Todo está lleno de templos, de imágenes de dioses, de hombres santos con pintas curiosas, de colorines…

Hasta los anuncios de las casas de huéspedes, pintados a todo color por las paredes, contribuían un poco a crear ese ambiente místico:

Las ceremonias nocturnas a orillas del río, multitudinarias o no, eran dignas de contemplarse. La de la foto siguiente era de las “íntimas”. Estaba el señor de pelo largo cantando, sus ayudantes haciendo cosas con incienso, y nosotros tomando el fresco a un lado.

También nos dimos una vuelta en barca de noche, muy chula, con todos los templos y los ghats iluminados:

Los milagros en Benarés existen, y por fin conseguimos hacernos una foto en la que salimos los dos (¡gracias “sueca arrollada por las vacas”!):

Calcuta, la última ciudad india en la que estuvimos, no tiene la categoría de ciudad sagrada. Sin embargo, fue la capital de la India durante el periodo de ocupación británica. Ello ha hecho que Calcuta sea mucho más urbana que otras ciudades como Benarés, con edificios victorianos y taxis amarillos estilo “Ambassador”. Aunque no os creáis que esto impide que la gente siga bañándose en el  contaminadísimo río sagrado.

Hemos querido dejar para el final lo que sin duda os estáis preguntando. ¿Qué es eso de los Space Invaders? ¿Por qué un título de post tan chorra?

Todos (o casi todos), recordaréis el mítico videojuego de los marcianitos que en lo 80 hacía furor en las salas recreativas del mundo entero.

Pues bien, como si de un Banksy alternativo se tratara, un autor anónimo lleva más de 8 años plantando mosaicos de estos bichitos en ciudades de todo el mundo. Parece ser que todo comenzó en París (para los interesados, ver este enlace, que lo explica muy bien) y, a partir de ahí, la invasión se ha propagado por otras grandes urbes, desde Bilbao hasta Katmandú, pasando por Nueva York y… Benarés. ¿Hasta donde continuará la invasión? Nadie lo sabe, habrá que estar preparados…

Nosotros nos encontramos con unos cuantos, aunque hay un total de 14 creaciones del artista repartidas por la ciudad (en París, por ejemplo, hay 704):

Para los cegatos, una vista ampliada:

Para terminar, nuestro recorrido hasta la India:

Proximamente, con esperadas visitas en Tailandia.

Publicado 20 enero, 2011 por encualquierotraparte en India

Okupas en Delhi (7-16/12/2010)   11 comments

Después de haber pasado incontables penurias gastronómicas por Asia Central y de haber dormido hacinados en una casa de peregrinos en Amritsar, ya apetecía disfrutar del decadente lujo oriental.

Casualidades de la vida, como ya explicamos hace un par de posts, nuestros muy buenos coleguitas, el matrimonio de los Carbonero – Martínez (o de los Martínez – Carbonero, como se prefiera), viven en Delhi en un casoplón lleno de habitaciones gigantes.

Así que como vulgares parásitos que somos, nos enquistamos allí unos cuantos días, en los que aprovechamos para dar rienda suelta al hedonismo.

Rafa se fue a la pelu y acabó dándose un masaje facial y capilar de una hora y media…

Borja nos invitó por su cumpleaños al que probablemente sea el mejor restaurante de Delhi: el mítico “Bukhara”, un restaurante tan bueno que hasta te dan delantalillos para evitar que babees demasiado. Todavía soñamos con el Naan de mantequilla derretida y con su Insuperable Daal de lentejas…

Una pequeña cena familiar degeneró en la ya mítica “fiesta de sombreros de Delhi”, en la que Borja añadió oficialmente un nuevo sombrero turkmeno de piel de oveja (nuestro útil regalo de cumpleaños) a su ya extensa colección:

Lamentablemente no hemos encontrado ninguna foto (digna) que muestre el sombrero de Borja. De todas maneras, gracias el intenso olor a queso de oveja que dejó en su armario, sabemos que será un regalo que nunca olvidará.

La quinta persona que aparece en las fotos es Vir, la pequeña de las Martínez, que  aprovechó para traernos víveres desde España y, sobre todo, nos honró con su siempre agradable presencia.

Nosotros ya conocíamos Delhi y nuestro plan inicial (al que Álvaro se mantuvo fiel en alguna ocasión) consistía en mejorar nuestra cultura cinematográfica, comer abundantemente y vaguear en el sillón. Sin embargo, Vir nos obligó a salir de casa y a hacer un poco de turismo. Hoy se lo agradecemos. En aquel entonces, no.

La parte vieja de Delhi es… un solemne caos, sucia y ruidosa como una granja de pollos. Igual que toda la India. Pero eso también tiene su encanto y dar un paseo por sus calles se convierte en una experiencia para los sentidos.

A pesar de todo, en medio de tanto jaleo puedes encontrarte súbitamente cara a cara con portentosos templos como éste:

El tráfico es un infierno, ningún resquicio se desaprovecha y, por donde los coches no caben, se meten bicis, motos, burras o, incluso, los omnipresentes tuk-tuk indios. Estos vehículos verde-amarillos, mezcla de triciclo, ciclomotor y vagoneta, son patrimonio casi exclusivo de los taxistas urbanos indios.

Con una gloriosa excepción: Arancha y Borja.

Este bichito, regalo de bodas de nuestros anfitriones, lleva todos los días a Arancha desde su casa a la ONG donde curra. Es todo un espectáculo para los locales, que no se acostumbran a ver a una mujer conduciendo el tuk-tuk. Y menos si es occidental. A veces la paran pensando que es un taxi y luego, al verla, flipan y se ponen a hacerle fotos como si de Carlos Sainz se tratara.

¡¡¡Trata de arrancarlo Arancha, trata de arrancarlo, por Dios!!!

Ya hemos hablado en otro post acerca de la ONG en la que trabaja Arancha. Sin embargo, no os mostramos el entorno en el que se encuentra su sede. Como podréis comprobar, la limpieza brilla por su ausencia, las aceras no existen y lindos animalitos se pasean tranquilamente por doquier:

Terminamos el post con un pequeño documental que muestra los últimos avances indios en materia de seguridad laboral.

Próximamente, siguiendo el curso del Ganges, el río más cerdo del planeta.

Publicado 17 enero, 2011 por encualquierotraparte en India

Los Sij y su Templo Dorado (4-5/12/2010)   9 comments

Tras deambular unas semanas por Asia Central, el 4 de diciembre tomamos el segundo avión de nuestro viaje, conectando Tashkent con la ciudad india de Amritsar. Nuestra intención siempre ha sido la de hacer el mayor número de kilómetros posibles por tierra pero, teniendo en cuenta los países que pillaban por medio (Afganistán y Pakistán, básicamente), decidimos sobrevolarlos y dejarnos de historias.

¡Por fin llegamos a India! ¡Qué contraste entre el hastío y la brumosa tristeza de Uzbekistán con el vibrante olor a vida que se respira en la India a todas horas! Por no hablar de la comida… Hummm…… Todos esas salsas pringosas, especias, currys, butter naans, dhals de legumbres, platos al tandoori, chicken ticka, salsa masala…

Todos los males estomacales del pasado se esfumaron de golpe para no volver. ¿Qué raro, verdad? Además, quizá porque predominaba el vegetarianismo, salimos del país con menos panza que la que teníamos al entrar. Todo ventajas.

Y no llegamos a una ciudad cualquiera, no. Para darle un toque diferente al viaje (y porque era más barato que volar directos a Delhi, para qué engañarnos), aterrizamos en Amritsar, la ciudad sagrada de los Sij.

El sijismo es una religión profesada por alrededor de 23 millones de personas, que combina el modelo monoteísta islámico con algunas tradiciones hinduistas. Es originaria de la región india de Punjab, justo al lado de la frontera con la islámica Pakistán (de ahí la mezcla rara entre monoteísmo e hinduismo), siendo Amritsar para ellos lo que La Meca para los musulmanes o El Vaticano para los católicos. Y si en La Meca tienen la Kaaba y en El Vaticano, San Pedro, en Amritsar está el magnífico Templo Dorado de los Sij, donde además éstos son mayoría entre los demás indios.

Gracias a la súper-guía proporcionada por nuestros compadres argentinos (¡esos Juan y Daniela!), nos enteramos de que se podía dormir por un muy módico precio dentro del mismísimo Templo. Íbamos a tener que compartir alojamiento con cientos y cientos de peregrinos, pero la pela es la pela, así que allí que nos fuimos.

Este es el módico precio que nos pidieron:

Y ésta es la “habitación” en la que dormimos la primera noche.

La segunda noche estuvimos un poco más espabilados y, en cuanto se quedó libre, nos hicimos fuertes en este cuartucho tan acogedor. Utilizamos la vieja y efectiva técnica del desparrame indiscriminado de pertenencias por doquier, de la que somos unos maestros, haya o no que hacerse fuerte en algún lugar.

La entrada de nuestro hotel estaba custodiada 24 / 7 por el tipo que descansa en la puerta. Atención al arma reglamentaria que nos lleva. ¡UNA xxxxxx LANZA! Pues todos los vigilantes así, dentro y fuera del Templo. Parecía la guardia pretoriana del Capitán Nemo.

Justo enfrente de nuestra guarida temporal teníamos el famoso Templo Dorado. No dejaban meter la réflex dentro del recinto, así que vamos a tener que conformarnos con una foto desde lejos (aunque siempre nos quedará la Wikipedia, claro).

En cuanto a los Sij, sabemos que está mal generalizar y recurrir a tópicos. Sin embargo, y sin que sirva de precedente, en este caso las generalizaciones son positivas. A nosotros nos pareció que los Sij tienen un aire noble y calmado muy característico. Si la India es un caos, los Sij son su contrapunto de temple y seriedad. Por lo menos ésa es la impresión que nos dieron a nosotros. Suponemos que el que nos dejaran dormir by the face en su Templo Sagrado ayudó en nuestras apreciaciones.

Si al rollo de nobleza y templanza le sumamos que llevan siempre una daga, una pulsera extraña, una barba molona y un turbante que no se quitan ni para dormir, lo tenemos claro: ¿Algún Sij por ahí que quiera ser nuestro nuevo muy mejor amigo? Prometemos no pediros la daga para pelar naranjas ni daros el coñazo con el turbante cuando estemos por ahí de fiesta…

A continuación, galería de tipos Sij (las tipas no molan tanto, por fuera son exactamente iguales a las demás indias de la India):

Éste nos llevó en a los dos en un rickshaw a pedales. A pesar de haber acordado un precio antes de subirnos, a medio camino se lo pensó mejor y nos pidió más pasta. No se la dimos, claro, y el hombre se mosqueó un poco:

Estos dos debían ser Sijs V.I.P. Observad si no la pedazo de espada que gastan los angelitos (por lo visto, el color azul del turbante revela la clase social del que lo lleva. En este caso es de las más altas, lo que les permite tener espadas gigantes como éstas. Parece ser que hasta les está permitido meterlas como equipaje de mano en vuelos dentro de la India. Tanto lanzas como espadas y dagas. Verídico. 🙂

Fijaos en que los turbantes son de distinto color:

Esta foto no viene a cuento porque no tiene nada que ver con los Sij, pero a nosotros nos gusta. Es Hanuman, el Dios-Mono de los hindúes. Andaba por ahí en un templo cualquiera:

Así, tras un par de intensos días descubriendo Amritsar, pusimos rumbo a Delhi en un maravilloso tren del infierno, nuestro medio de transporte favorito en India. Uan recomendación, si vais 8 horas en tren diurno, no cojáis el billete más barato. Cucarachas va a haber hasta en primera, pero por lo menos dispondréis de más espacio que compartir con ellas…

Próximamente, de visita en Delhi con cama decente y copeo, que ya tocaba.

Publicado 12 enero, 2011 por encualquierotraparte en India

Naya Nagar (Nueva Delhi) 6-16/12/2010   10 comments

Antes de meternos en el apartado de ocio y esparcimiento hindú, queremos utilizar esta primera entrada del blog en India para dar a conocer la labor de Naya Nagar, una ONG fundada por nuestra amiga Arancha al poco de irse a vivir a Nueva Delhi, hace ya dos años y medio.

Lo que empezó con la idea de hacer un pequeño voluntariado, ha crecido en este tiempo hasta convertirse en una ONG autónoma con 4 voluntarios trabajando de forma permanente desde España, 5 voluntarios españoles en India y cerca de 25 trabajadores locales. Todo ello para ayudar a cerca de 350 familias mediante la puesta en marcha y el desarrollo de proyectos de naturaleza diversa.

Hasta la fecha, el proyecto más desarrollado consiste en facilitar que niños sin recursos puedan acceder al sistema educativo indio a través de una escuela-puente en la aldea de Rajeev Nagar (en Gurgaon, cerca de Delhi).

Naya Nagar no busca que los voluntarios den clases directamente a los niños, sino que se dedica a formar a profesoras locales para que sean ellas las que lo hagan. El objetivo es que, en un momento dado, el proyecto pueda funcionar sin ayuda externa.

A esta escuela acuden diariamente 160 niños de distintas edades, de los cuales este año se ha logrado que 23 ingresen en colegios locales.

De forma adicional, se ha conseguido garantizar a los niños un desayuno diario y facilitarles un servicio de prevención y sensibilización sanitaria. Esto ha servido para atraer a más niños a la escuela, ya que a veces es complicado que vengan por sí mismos ante las reticencias de sus padres.

Otro de los proyectos de Naya Nagar consiste en dar formación a mujeres que nunca han tenido oportunidad de hacer otra cosa más que limpiar en sus propias casas, primero como hijas y, después, al ser casadas, como esposas y nueras.

En el centro de formación se les dan clases de costura, diseño y bisutería, informática, peluquería y esteticién, cocina y limpieza del hogar. Éste es el centro:

Y éstas son algunas de las mujeres y profesoras que colaboran y/o que reciben formación:

En este momento, se está construyendo en la ONG una guardería para que las mujeres que asisten a los cursos puedan dejar a sus hijos y trabajar tranquilas. Hasta que está terminada, los chavales juegan por la zona, lo que está muy bien para que las visitas (como nosotros) no estorben en el trabajo diario y se lo pasen bien:

Según nos cuenta Arancha, Naya Nagar pretende que para las navidades de 2011 se pueda poner en marcha una pequeña estructura de comercio justo entre España e India. De esta forma, se conseguirá dar un sueldo digno a las mujeres participantes y, de forma adicional, conseguir financiación para mantener y ampliar éste y otros proyectos.

Aunque, sin duda, el proyecto que más nos ha impresionado es el desarrollado conjuntamente con la ONG local “Don Bosco”.

En las afueras de Delhi, existen cerca de 600 fábricas de ladrillos en las que, en cada una, trabajan alrededor de 200 personas. En teoría está ocupado sólo el hombre, pero como se cobra en función de los ladrillos producidos, allí curra toda la familia, desde niños de 2 años hasta ancianos.

Las familias viven en la propias fábricas y, al estar éstas diseminadas y lejos de los centros urbanos, el acceso a los servicios básicos brilla por su ausencia: no tienen ni luz, ni agua ni, por supuesto, acceso a educación. Desde que tienen 3 o 4 años, los niños se encargan de las tareas domésticas o bien se les encasqueta un bebé recién nacido para que cuiden de él.

En la foto, podéis ver al fondo una torre entre la eterna neblina de Delhi. Se trata de una de las fábricas y, como ésa, existen otras 599 por la zona.

Justo al lado de la fábrica viven los trabajadores en casas construidas por ellos mismos con los ladrillos que ellos mismos han fabricado.

Naya Nagar está colaborando con Don Bosco, la ONG india, mediante la obtención de financiación y la ayuda en la gestión de los proyectos. De momento, se han centrado los esfuerzos en las familias de una sola de las fábricas.

Se han hecho avances importantes: por ejemplo, en enero de 2010 se inauguró un colegio en el que se han escolarizado 150 niños, con columpios y todo.

U otros avances menos tangibles, como campañas de sensibilización entre las familias que trabajan las fábricas, relativas a la importancia de la higiene o la educación. Con ellas, se intenta que acudan por iniciativa propia a utilizar los servicios de la ONG.

En cualquier caso, en sólo unos párrafos no se puede explicar la increíble labor que los voluntarios de la ONG hacen con la gente aquí en Delhi.

Así que, para aquellos que no conozcáis Naya Nagar, igual es mejor que os metáis en su pagina web (enlace de debajo) y, si os animáis, seguro que toda colaboración será bienvenida:

www.nayanagar.org

(logo obtenido de la página web de la ONG Naya Nagar, a la que se puede acceder a través del link arriba indicado).

Próximamente, Amritsar y señores sij con turbante, daga y más parafernalia digna de ver.

Publicado 9 enero, 2011 por encualquierotraparte en India

Uzbekistán y basta de repúblicas ex-soviéticas (26/11/2010-04/12/2010)   7 comments

Siguiendo nuestro camino hacia el este del mundo (consideramos nuestra casa como el centro del mundo, claro), llegamos a la 2ª y última república ex-soviética del viaje, Uzbekistán. Nos dejamos unas cuantas de estas repúblicas de rima consonante en el tintero, pero con las visitadas nos damos por más que satisfechos.

No nos entendáis mal, esta zona del mundo es fascinante, llena de historia y de monumentos de impresión. Sin embargo, la historia te entretiene hasta que deja de hacerlo y las mezquitas impresionan pero no se comen. Resultado: los apartados ocio y gastronomía del viaje empezaban a flaquear… Observad, por ejemplo, esta sopa de carne de cordero ajado con tallarines. Os puedo asegurar que, por mucho que brille, no querríais repetir:

Podemos considerar la comida uzbeca como un mal necesario, igual que la comida de un astronauta: el aporte calórico justo y necesario para poder seguir haciendo el turista un día más y no morir en el intento…

Aunque no podemos negar que en algunas de las ciudades a las que fuimos nos echamos unas risas con la decoración de los restaurantes. En este mesón con encanto de Bujara nos comimos unos espaguetis con huevo frito encima, rollo fusión italo-cubana:

Perdonad que estemos tan negativos, pero lo cierto es que escribimos este post desde una isla tropical tailandesa. Comprenderéis que, si nos ponemos a comparar el paisaje que vemos desde nuestra ventana con descampados como éste (bastante recurrentes por aquellos lares), uno de ellos no sale muy bien parado:

Además, llamar por teléfono era toda una odisea. Aparte de que te cobraban una pasta, no podías hacerlo desde otro sitio que no fuera el locutorio oficial, con sus tristes cabinas reglamentarias y su telefonista de rigor, con sus rulos y todo:

Pero centrémonos en lo positivo. ¿A quién no le suena la ciudad de Samarcanda? ¿No es acaso uno de esos lugares de nombre evocador y misterioso, como Tombuctú, Potosí o la Cochinchina, que uno no sabe muy bien ubicar en un mapa o si realmente existe?

Pues amigos, Samarcanda existe y es uzbeka de toda la vida. No sólo eso, sino que también fue un eje clave en el comercio que durante siglos tuvo lugar en la mítica Ruta de la Seda. No vamos a extendernos en explicaros en detalle en qué consiste esta Ruta. Para eso está Wikipedia. Baste decir que conformaba una importante red comercial de caminos que llegó a conectar el lejano Oriente con el antiguo Imperio Romano y cuya importancia se prolongó hasta entrado el s. XVI.

En torno a la Ruta de la Seda se crearon imperios que, si bien muchas veces breves en el tiempo, dejaron construcciones como la plaza del Registán, en la propia Samarcanda:

O la ciudad de Khiva, un cruce de caminos donde los camelleros se dedicaban al tradicional y lucrativo tráfico de esclavos. Hoy, Khiva se conserva como ciudad-museo y atrae a numerosos turistas locales, que hacen el guiri tanto o más que nosotros. Si obviamos a los vendedores de chorraditas diversas, hasta es agradable darse un paseo por sus calles:

Khiva tiene también el que probablemente sea el minarete más curioso de Asia Central: abombado, rechoncho y recubierto de azulejos que brillan a la luz del sol. Dicen que esta inacabado y que la idea era que fuese mucho más alto, pero a nosotros nos gusta así:

En Khiva nos alojamos en una pensión donde nos propusieron hacernos la colada por un módico precio. Ante la perspectiva de seguir oliendo a choto y no tener excusa suficiente para ello, aceptamos. A la mañana siguiente nos encontramos con este panorama en el salón:

Otra de las ciudades que vistamos fue Bujara, la hermana pequeña de Samarcanda, menos famosa que ésta última y aún más monumental.

Lamentablemente, Samarcanda y Bujara también son equiparables en cuanto a nivel de muermez. Es la parte mala de ver ciudades raras en plena temporada baja. Al principio dices:

-¡Qué bien, ni un turista! ¡Los vendedores no nos dan la brasa! Todos los monumentos para nosotros solos…

Pero, tras unos días de sopor, más bien exclamas:

-Por favor, ¡¡que pase algo!! ¡Que alguien me intente vender un imán de nevera! ¡Que un poli me detenga!! ¡Algo!

Y claro, al caer la noche (las 5 p.m., no os creáis), las ciudades se morían y no se veía un alma en las calles. Además, caminar por la noche en una ciudad sin farolas da yuyu, aunque como somos muy machotes, un día nos dimos un paseo. No os creáis que Uzbekistán es peligroso (no lo es en absoluto), lo cierto es que nos da miedo la oscuridad…

Tratamos de pasar el rato viendo el Barça – Madrid, aunque tras el 2º gol no tardamos en arrepentirnos del pifostio que habíamos montado para sincronizar el partido, con los dueños del hotel metidos en el ajo y todo:

Creo que fue un baño antológico del Barça. Menos mal que la retransmisión era estilo Canal + sin descodificar…

En Tashkent, la capital, intentamos ir a la ópera (ya se sabe, rollo ex – comunista, esta gente debe de bailar bien, la lounli planet dice que cuesta 3 euros y que hay funciones todos los días…). Chasco total. Por no haber no había taquillero que te informara… Y además nevaba.

En fin, tuvimos que conformarnos con el señor del hotel que, una tarde, se nos coló en la habitación con su extraña guitarra uzbeka. Sin mayores prolegómenos dijo -“Music?”-, y, sin esperar a nuestra respuesta, empezó a tocar y a cantarnos hits uzbecos de ayer y de hoy:

Si alguna vez vais a Tashkent, os recomendamos quedaros en su pensión (turkturizm o algo similar, podéis buscarlo en Google). El tipo no sólo te canta, sino que también desayuna contigo, te cuenta su vida, te enseña fotos de la boda de su hija… Igual a vosotros os hace una tarta o algo.

En fin, como curiosidad final, mencionar que el billete de mayor valor de Uzbekistán es el de 1000 soms, equivalente a 40 céntimos de euro. Esto es lo que nos dieron por 50 $. Parecíamos Rockefeller, soltando billetes a diestro y siniestro…

Y, por supuesto, no puede faltar nuestro recorrido por Uzbekistán. Por algún extraño motivo, Google no nos deja poner en un solo mapa todo el recorrido, así que hemos optado por enseñaros dos mapas, uno con un resumen general del viaje hasta Uzbekistán y otro desde este país en adelante:

Próximamente, la cosa va del caos de país que es la India (pero qué divertida y qué bien se come…), de visitas a casas de amigos y de señores con turbantes y espadas…

Publicado 6 enero, 2011 por encualquierotraparte en Uzbekistán

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