Archivo para 1 diciembre, 2010

Alamut y la secta de los asesinos (Irán) 6-8/11/2010   6 comments


Imagina que cuentas con un ejército de fanáticos suicidas dispuestos a matar y a morir con una sola orden tuya.

Imagina que nadie puede atacarte porque vives en una fortaleza inexpugnable, construida en la cima de una abrupta montaña.

Imagina que eres, además, un hábil estratega que no duda en asesinar a cualquier rival político o religioso que se ponga en tu camino.

Te estás imaginando a Hasan Sabbah, un tipo que, hace alrededor de mil años, aterrorizó al Oriente Medio con su secta de iluminados. Y todo ello, desde la seguridad de su castillo-refugio en el recóndito valle de Alamut, del que no salió desde que se hizo con él hasta que murió, muchos años después.

Pues bien, como pillaba cerca de Tabriz (a donde llegamos tras un ruidoso tren nocturno desde Turquía, poblado por una curiosa banda de contrabandistas de detergente otomano*), allí nos dirigimos en un viaje de 3 horas montaña arriba y abajo en un renqueante “Paikan” made in Iran:


Del pasado glorioso de la zona queda más bien poco. Apenas un pueblo de 70 habitantes y 6 mulas, donde conseguimos encontrar unos duros pero dignos camastros y un poco de comida (subrayamos la palabra “poco”).


Aunque las vistas al salir de la habitación no estaban nada mal:
Nada más salir del Paikan, ya estábamos subiendo a la fortaleza. En estas escaleras montamos los campamentos base 2, 3 y 4, aunque finalmente pudimos llegar a la cumbre sin la ayuda de sherpas:

Cuenta la leyenda que la palabra “asesino” viene de aquí. Según dicen, el amigo Hasan Sabbah dopaba a sus sectarios a base de cantidades ingentes de hachís. De ahí que se les atribuyera el sobrenombre de “hashashin” o “assassins”.
Una vez cocidos, les enseñaba un jardín lleno de exuberantes macizas y les decía que aquello era el paraíso. Sin embargo, para poder llegar a él, debían obedecer “ciegamente” sus órdenes (atentados suicidas, asesinatos públicos de políticos, bungee jumping sin cuerda desde lo alto de la fortaleza y otras lindezas por el estilo).
En cualquier caso, parece que esta novelesca historia no es más que un bulo destinado a desacreditar a la secta de los ismaelíes, de la que Hasan Sabbah era el líder intelectual. Aunque también existen otras versiones que sustituyen el hachís por el opio y el paraíso por… la promesa de más opio. Es decir, que Hasan sería el jefe de una banda de yonquis con el mono.
Cierto o no, la fortaleza existe y se encuentra en lo alto de este risco:

En el momento en el que fuimos sólo estábamos nosotros y un tipo cuya única misión aparente consistía en impedir a los visitantes disfrutar de las vistas.
Ahora están restaurando la construcción, pero se pueden ver multitud de estancias excavadas en la roca y varios depósitos de agua utilizados para autoabastecerse.


Las vistas son aún mejores que las de nuestra habitación abajo en el pueblo:


Al día siguiente, nos despertamos pronto, desayunamos, vimos lo alta que era la montaña, volvimos a desayunar y, entonces sí, nos decidimos a hacer un trekking por los alrededores.

Impresionante. Aunque, como podéis suponer, casi nos despeñamos unas cuantas veces. Pero bueno, como sólo fue casi, pudimos seguir ruta hacia otros misteriosos y sorprendentes lugares…
Próximamente, la cosa va de mezquitas, bazares y ciudades míticas.
*Eso da para otra historia aparte, con compañeros de coche-cama bloqueando la entrada del compartimento y lanzando sospechosos fardos por la ventanilla, mientras el tren traqueteaba rumbo a Tabriz, ya pasada la frontera, y la policía iraní inspeccionaba el tren con sus linternas…

Publicado 1 diciembre, 2010 por encualquierotraparte en Irán

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